—Juan, ¿te quedaste tú con la tarjeta de crédito de papá?
—No te entiendo, tío, ¿a qué te refieres?
—Sabes que siempre se lamentaba de que mamá se hubiera muerto sin conocer París, mira: «Banco del Espíritu Santo. Cargos por tarjeta. Restaurant Maxim’s. 2 servicios»
—¿Qué fecha tiene?
—La del día siguiente del entierro de papá.
—Eso quiere decir que ya están juntos.
2.123 – Los carteles
Lo dicen los carteles a manera de advertencia, de consejo de enemigo. A la entrada de las fincas, en las praderas que rodean palacios, haciendas, parcelas.
Lo dicen los carteles que cuelgan de las verjas, de las tapias de ladrillo; de los muros de cemento coronados de cristales y de espino.
Al pie de las vallas, de las torres y los fosos, de las altas alambradas: lo dicen los carteles.
Cuidado con el Pueblo.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
2.122 – Reencarnación del sábado noche
La fiesta era tan loca, el ponche suministrado tan sublime y efectivo, que llegada cierta hora, nadie consiguió recordar si era ángel o demonio. No hubo forma de distinguir entre querubines ataviados con cuernos de plástico y rabos de fieltro, y súcubos envueltos en lino blanco con encantadoras alas de vulgar algodón. El caso es que, al ritmo de una desquiciante música ultramoderna, una legión de criaturas sobrenaturales danzó poseída la última canción del baile de máscaras, celebrado en algún punto intermedio entre el cielo y el infierno. Después de la monumental juerga, tras abundantes plegarias diabólicas y no pocas cópulas celestiales, todos partieron, ebrios e indecisos, sin tener muy claro a qué bando pertenecían ni hacia dónde dirigir sus pasos. No obstante, de una forma u otra casi todos encontraron un cálido vientre materno donde alojarse y nacer al día siguiente, sin saber muy bien quiénes eran, con una horrible resaca, pero con el propósito firme de empezar de cero.
Jes Lavado
http://estanochetecuento.com/reencarnacion-del-sabado-noche/
2.121 – El encuentro
Dos puntos que se atraen, no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto. Pero hay quienes prefieren el infinito.
Las gentes caen unas en brazos de otras sin detallar la aventura. Cuando mucho, avanzan en zigzag. Pero una vez en la meta corrigen la desviación y se acoplan. Tan brusco amor es un choque, y los que así se afrontaron son devueltos al punto de partida por un efecto de culata. Demasiados proyectiles, su camino al revés los incrusta de nuevo, repasando el cañón, en un cartucho sin pólvora.
De vez en cuando, una pareja se aparta de esta regla invariable. Su propósito es francamente lineal, y no carece de rectitud. Misteriosamente, optan por el laberinto. No pueden vivir separados. Ésta es su única certeza, y van a perderla buscándose. Cuando uno de ellos comete un error y provoca un encuentro, el otro finge no darse cuenta y pasa sin saludar.
Juan José Arreola
Por favor sea breve. Ed. Páginas de espuma. 2001
2.120 – En ocasiones veo porno
En ocasiones veo porno.
Solo en ocasiones. Las peores semanas.
Lésbicos, maduras, orgías, tríos, pelirrojas, morenas… Las etiquetas no me importan. Unas semanas me dedico al sexo profesional y otras, navego por las páginas de parejas amateur, que normalmente no soporto (esas matas de pelo, las risas escondidas, los pliegues de la carne que conoció tiempos mejores… ).
Los lunes, antes de ir al trabajo, soy más de lesbianas, sobre todo si aparecen en duchas y jardines.
Los martes busco rubias, los miércoles, interraciales, y los jueves los dedico al sadomaso light, más bien tipo oficina, no mazmorras.
El viernes, como ya está cerca el fin de semana, rastreo tríos, el sábado, orgías, y el domingo por la noche, invariablemente triste, autosatisfacción con aparatos.
Lo que no cambia nunca es el procedimiento. Abro la etiqueta que se despliega en la página, y contemplo las imágenes, sin sonido, hasta que empiezan a dolerme los ojos. A veces, no siempre, una mano que parece ajena se desliza bajo los pantalones en busca de una piel que no me pertenece. La pantalla me devuelve el reflejo mudo de una cara de otro que ocupa el lugar donde debería estar la mía.
Entonces, cierro los ojos, y me acaricio con una desgana no exenta de ternura.
Luego, harto de otros cuerpos y hambriento aún del suyo, vuelvo a recuperar el mío, lo lavo un poco por encima y comienzo de nuevo la semana.
Pilar Galán
Tecleo en vano. Ed. De la Luna libros. Marzo 2014
2.119 – ¿Existe…?
2.118 – Mis amigos…
2.117 – Peligrosa senectud
Los viejos son muy peligrosos. Hace diez años se hundió el sistema financiero, y dejaron de cobrar sus pensiones y fueron expulsados de los asilos donde vivían, así que formaron bandas que desvalijan a los jóvenes y les agreden sin piedad con sus bastones. Cada vez hay más ancianos que asaltan tiendas o bancos, sabiendo que, con la edad que tienen, poca cárcel verán. Si ves en la calle viejecitos de apariencia apacible, formando un corro como si hablaran de sus cosas, no se te ocurra acercarte: cambia de acera y corre, pues eso sí, la mayoría de ellos cojea.
Jordi Cebrián
www.cienpalabras.com
2.116 – Flores para la memoria
Cuentan en los Montes que en la Navidad de 1948 —cuando los rencores iban bajo palio—, Olvido huía de los guardias civiles que el alcalde había mandado en su persecución por habérsela visto llevando leche y mazapanes para los guerrilleros. Quiso la Providencia que el parto se presentara en tales circunstancias, de modo que —con dolores silenciosos— la mujer parió una hermosa niña entre las retamas y la tuvo que dejar allí ante el cerco de los guardias. Se enternecieron los hombres y dejando la cacería llevaron la criatura a la casa del regidor. Como su mujer estaba seca de maternidad acordaron quedarse con ella.
Que la madre muriera fusilada en la cárcel de Talavera por ser del maquis o por intereses ajenos nunca se pudo demostrar.
Desde entonces —todos los 25 de diciembre—, el viento de la sierra tañe en las campanas de la iglesia los gritos del parto, y aquellas retamas maternales alumbran navideñas flores blancas. En el pueblo se las conoce como «Las flores de Olvido» y en sus pétalos se forma un rocío seroso, dorado y con sabor tan triste como difícil de olvidar.
Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2013/12/flores-para-la-memoria.html
2.115 – XLIV
Lanzarán mis cenizas al espacio, a la prisa del viento irán los restos calcinados de lo que dicen que fui, y con las primeras tormentas invernales una lluvia grisácea de memorias mojará a los míos en las calles de diciembre, y llegarán ellos empapados a casa, y al calor de la estufa, el café y las luces chillonas del árbol me recordarán, reirán mis mejores anécdotas, revivirán en sus palabras mis gestos y mi voz, en sus lágrimas mis consejos y mis errores y mis fracasos y mis triunfos, y se irá secando la lluvia en su pelo y en sus ropas, y alguien descorchará una botella de champaña, y poco a poco la nostalgia de mi recuerdo será borrada por la risa de la celebración, por el calor recobrado junto a la estufa, y la lluvia parda los mirará tras el cristal, guardando mi melancólico eco para el próximo diluvio, tal vez la próxima Navidad que vuelva a empapar de mí sus huesos.

