La clase media es 80 % artificial y 20 % nylon. (En el mejor de los casos).
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2.195 – 8
Era muy hermosa, pero sólo le interesaban las flores. Harta de rechazar admiradores, se casó. Enviudó joven, y volvió a casarse. Cuando envejeció, casada por cuarta vez, descubrió unas arrugas y que ya no le acosaban los hombres. Entonces dejó de matarlos. El guano, al fin y al cabo, resultaba mejor abono.
Espido Freire
Cuentos malvados. Paginas de espuma. 2010
2.194 – Artificios
Todos los miércoles voy a una librería diferente y pido al azar un libro, inventando en el acto un título cualquiera que se me ocurre que un buen libro merecería. «Tiene Artificios? ¿Tiene El último sueño?», le disparo al vendedor que siempre parece un tanto dormido. Si me exigen otros datos -el autor o la editorial-, digo de forma sistemática que no lo sé. Raras veces el libro existe y lo compro. Raras veces ocurre que lo leo y es tal como había supuesto.
Eduardo Berti
La vida imposible. Páginas de Espuma, Madrid, 2014.
2.193 – Estética
Existe cierto dilema entre arrojar a un niño o a un viejo desde un séptimo piso. Dejando a un lado meras consideraciones éticas (que si uno tiene toda la vida por delante, que si otro por detrás…) la duda reside en la estética del vuelo. El niño, por naturaleza, se precipitará con gracia, cierta ingenuidad y hasta incluso alegría, ejecutando durante la vertical multitud de figuras y acrobacias de indescriptible belleza. Asimismo, el viejo, prescindiendo de florituras, realizará un ejercicio impecable, sobrio: un clavado sin tirabuzón. Sin duda, ambos recibirán los vítores de más estrépito, las puntuaciones más altas. Todo lo contrario —aquí no hay dilema alguno— que el individuo de mediana edad. Y su caer triste, atolondrado, de aspavientos y hormigas muertas.
Agustín Martínez Valderrama
Sentido sin Alguno, Talentura 2012
2.192 – Legítima defensa
Supongan que van a un hotel, y que el recepcionista les asigna la habitación 201. Entra dentro de lo normal. El hotel tiene 20 habitaciones, así que tienen el 5% de probabilidades de que así sea. Ahora supongan que hay un asesino que sólo mata a inquilinos de la habitación 201. En España hay unas 15.000 habitaciones 201, así que tienen el 0.0006666666% de probabilidades que entre en la suya.
Pero ahora supongan que siempre que van a un hotel les dan la habitación 201. Las probabilidades de que esto suceda son cada vez más bajas.
0.0025%
0.000125%
0.00000625%
Pero, a la vez, las probabilidades de que se encuentren con el asesino son más altas:
0.000133333%
0.000266666%
Ahora supongan que es de noche. Los truenos les impiden dormir. Están acostados en la 201 a oscuras y en silencio. Y alguien entra en la habitación. Tienen miedo. Los relámpagos iluminan al intruso fugazmente. Tiene algo en la mano. Según sus cálculos, en ese momento hay un 0.0625% de probabilidades de que sea el asesino. Son ínfimas pero, señores, ¿no es ese 0.0625% suficiente motivo para sacar el revólver y disparar varias veces contra la camarera?
Saúl R. Deus
Habitación 201, Ediciones Altazor, 2013.
2.191 – Ni el tiro del final
Cinco segundos. Ni uno más, ni uno menos. A eso llegaba la clarividencia de Joaquín Torres García: ver el futuro, sí, pero el futuro que estaba ahí nomás, esos segundos que median entre pregunta y respuesta, el tiempo justo antes de pisar un charco. Sin poder hacer nada, sentía las catástrofes, viéndolas antes que el resto del mundo: una señora que caía de una escalera, el premio de la lotería perdido por una cifra, un choque de autos, el no en los labios de la mujer amada. Lo que alguna vez pensó como un don se le fue haciendo una carga a Joaquín. Él trataba de cerrar los sentidos a lo que sucediera en el mundo, pero el futuro estaba dentro suyo y era imposible escapar. El tiempo se le metía en la casa, en el espejo, en la pantalla de televisión. Decidió acabar con el futuro: cerró los ojos, y antes de apretar el gatillo supo que la bala le pasaría junto a la oreja izquierda. Eso sí: muy cerca.
Diego Golombek
http://revistamicrorrelatos.blogspot.com.es/2014/08/ni-el-tiro-del-final.html
2.190 – El guardia
Encontró a dos individuos charlando apaciblemente pero apoyándose en el capó de su coche, aparcado junto a la acera de una calle poco concurrida. Les invitó con corteses palabras a que se apartaran del coche y le dejaran entrar en el mismo. No le prestaron la más mínima atención. Se fue en busca de un guardia. Volvió al cabo de unos minutos acompañado de uno. Llevado por su celo profesional, el agente municipal, ante todo, le extendió una multa por «aparcamiento indebido». Luego les conminó a los dos individuos a que despejaran el lugar y desapareció. Los individuos siguieron charlando y el dueño del coche, confuso, se dirigió a la parada más próxima del autobús que le conduciría hasta su casa. El guardia le había hecho un descuento por pagar en el acto.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
2.189 – Soledades
A veces, coge el teléfono y marca su número. Cuando salta el contestador, deja grabadas todas esas cosas que nunca se atrevió a decir. Otras, en cambio, cuando no puede más, llama directamente al buzón de voz y escucha todo eso que le hubiese gustado que le dijesen.
Ernesto Ortega Garrido
http://www.latoalladelboxeador.blogspot.com.es/2014/05/71-asalto-soledades-seleccionado-en-la.html
2.188 – Aura impecable
Él mismo se considera un alma pura, un ser transparente, el problema es que nadie lo ve.
Eduardo Mancilla
http://casimicrocuentos.blogspot.com.ar/eduardo mancilla
2.187 – Juicio final
A poco de haber muerto, recibí una encuesta en la que se me invitaba a expresar mi opinión sobre mi reciente experiencia como ser humano. Ya en vida, solía hacer caso omiso de ese tipo de reclamos, que siempre llegaban después de haber contratado noches de hotel o viajes de vacaciones. De manera que, una vez fallecido, con mi cuerpo en avanzado estado de descomposición, aún me apetecía menos. La encuesta (muy completa, como cabía esperar) solicitaba mi grado de satisfacción -del cero al cinco- sobre aspectos relacionados con mi salud, la edad que había logrado alcanzar, las metas conseguidas. Y añadía un apartado de extensión libre para que comentara todo aquello que pudiera mejorarse en el futuro. Tampoco faltaba la pregunta final sobre si recomendaba esa experiencia a mis amigos. Como digo, yo ya no estaba en situación de atender esas cuestiones, ni siquiera a cambio de los premios suculentos que prometía cierto sorteo. Pero aunque lo intenté con todas mis fuerzas, no supe hallar la manera de darme de baja. Así que ahora, años más tarde, cuando de mí ya no queda ni el polvo, sigo estando al corriente de las últimas promociones.