Seré un montículo de cenizas y desearé quedarme detenida en tus labios, cautiva en tu lengua, prisionera en tu garganta. Querré ser condenada a permanecer en ti, cuando despojada de cuerpo, se levante la brisa y me haga volar hasta tu boca, obligándote a engullirme.
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3.025 – Votos
Lo pasaban chancho. Se apareaban como conejos, jugaban como tortolitos, dormían como lirones, hacían perro muerto en los boliches. Todo aquello en lo próspero. Pero llegó lo adverso. Y criaron cuervos, se aburrieron como ostras, pasaron gato por liebre y olvidaron ser felices como lombrices en salud o enfermedad. Ahora, cada oveja busca otra pareja, preguntándose si el amor es más que una cuestión animal.
Mariela Fu Rodríguez
3.018 – Belerofonte y Quimera
Una vez en cada función, en ocasiones dos veces por día, Belerofonte, montado en Pegaso, mata a Quimera.
Belerofonte es atractivo y usa prendas que dejan al descubierto sus músculos de héroe griego. La parte trasera del cuerpo de Quimera es de serpiente, el torso y las patas delanteras son de león, su incongruente cabeza de cabra despide llamas.
Belerofonte coloca un trozo de plomo en la punta de su lanza. Las llamas que despide la boca de Quimera derriten el plomo, que se cuela líquido por su garganta y la mata.
La lucha, por supuesto, es fingida. Exiliados de su lugar y su tiempo, Belerofonte y Quimera tienen muchos recuerdos en común. Una y otra vez, la bestia finge morir ante los aplausos del público tonto, que tampoco cree que Pegaso sea capaz de volar, a pesar de verlo con sus propios ojos.
Ana Maria Shua
Después de Troya. Ed. Menoscuarto – 2015
3.011 – Soy maestro
Soy maestro. Hace diez años que soy maestro de la Escuela Primaria de Tenancingo, Zac. Han pasado muchos niños por los pupitres de mi escuela. Creo que soy un buen maestro. Lo creía hasta que salió aquel Panchito Contreras. No me hacía ningún caso, ni aprendía absolutamente nada: porque no quería. Ninguno de los castigos surtía efecto. Ni los morales, ni los corporales. Me miraba, insolente. Le rogué, le pegué. No hubo modo. Los demás niños empezaron a burlarse de mí. Perdí toda autoridad, el sueño, el apetito, hasta que un día ya no lo pude aguantar, y, para que sirviera de precedente, lo colgué del árbol del patio.
Max Aub
Antología del microrelato español (1906-2011)
Ed. Cátedra – 2012
3.004 – Aquí por siempre
Cae la tarde reclinándose en el horizonte y asomando levemente su mirada clara entre los velos rojos que ha dejado tras de sí el sol; se adormece en el vaivén del mar que orla de espuma la arena compacta y fría.
Una risa aviva mis pasos: es ella contestando al romper las olas. Ella que corre, brinca, desaparece entre el agua, vuelve a salir y ríe; ríe pulsando el arpa dormida de mis sueños. Voy hacia ella, nuestros ojos se encuentran y somos un mismo juego con el azul. Mis manos rozan sus cabellos que huyen entre las ondas acuosas. Cierro los ojos al escozor salobre. Tiendo los brazos y logro asir sus piernas. Siento la dureza joven de sus músculos, pero, quieren huir también, resbalan, se adelgazan y un frío extraño me sacude. Sin soltarla, grito para detenerla. Abro los ojos que se llenan de noche. Nuevamente estoy aquí convulso, asido fuertemente con ambas manos a los barrotes de mi celda.
Carolina Castro Padilla
2.997 – La verdad
Los periódicos dijeron que todo fue por una deuda atrasada, pero no es verdad. La verdad es que iban ya por el quinto aguardiente cuando Jonás mencionó que había estado en Las Rozas y que a la vuelta lo había cogido el atasco en Moncloa. Matías dejó el vaso vacío sobre la barra, hizo un gesto a Virgilio para que lo rellenara y dijo con sorna que a quién se le ocurría venir por ahí.
-¿Y por dónde quieres que venga? -replicó Jonás, irritado.
-Pues por la carretera de Castilla, que pareces bobo.
-Bobo lo parecerá tu madre, perdona.
-O la tuya, no te jode.
-No me busques, Matías, que me encuentras. Matías cogió el vaso lleno y dio un sorbo.
-¡Tonto del culo! -exclamó, y escupió en el suelo. Jonás se fue del bar con el rostro enrojecido. Regresó enseguida, blandiendo la escopeta de caza. A partir de ahí, lo que cuentan los periódicos es cierto.
Rubén Abella
Los ojos de los peces. Ed. Menoscuarto, 2010
2.990 – La Esfinge de Tebas
La otrora cruel Esfinge de Tebas, monstruo con cabeza de mujer, garras de león, cuerpo de perro y grandes alas de ave, se aburre y permanece casi silenciosa. Reposa así desde que Edipo la derrotó resolviendo el enigma que proponía a los viajeros, y que era el único de su repertorio.
Ahora, escasa de ingenio, y un tanto acomplejada, la Esfinge formula adivinanzas y acertijos que los niños resuelven fácilmente, entre risas y burlas, cuando el fin de semana van a visitarla.
René Avilés Fabila
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015
2.983 – La muñeca hinchable
Cuando Desideria, mi muñeca hinchable, me abandonó por otro hombre, comprendí que mi soledad ya no tenía remedio.
-Fue hermoso mientras duró -le confieso esta mañana a Jenaro, que es mi mejor amigo-. Nunca más volveré a encontrar a nadie como ella. En los diez años que duró nuestro amor, ni una sola recriminación, ni una sola palabra más alta que otra. Lo nuestro fue, sobre todo, un dulce monólogo.
-Dime -me pregunta Jenaro-, ¿quién fue, en ese monólogo, el único que hablaba?
-Ella -reconozco.
-Pues no me extraña que al final se fuese con otro -dice mi amigo-. El silencio de nuestra pareja nos acaba aburriendo mortalmente. Aburre incluso a las muñecas de silicona.
Javier Tomeo
2.976 – Crónica del 2080
Dio cuerda a diminutos murciélagos que revolotearon en la reducida cocina de su departamento en condominio, y los contempló arrobada. Cuando los animalillos cayeron al suelo, despertó del sueño. Introdujo la poción mágica en el horno de microondas, aventó al sofá su negro gato de peluche mientras maldecía el reglamento que prohibía los animales domésticos, se colocó la máscara antigases, y en su flamante aspiradora salió a dar su acostumbrado paseo por la ciudad, en esa hermosa noche de luna llena.
Queta Navagómez
2.969 – Toco tu boca…
Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.