A una viuda que lloraba en la tumba de su marido se acercó un atractivo Caballero, el cual le aseguró, respetuosamente, que hacía largo tiempo que albergaba por ella los más tiernos sentimientos. -¡Sinvergüenza! -exclamó la viuda-. ¡Márchese ahora mismo! ¿Le parece el momento de hablarme de amor?
-Le aseguro, señora, que no era mi intención desvelarle mi afecto -se excusó humildemente el Atractivo Caballero-, pero la fuerza de su belleza ha vencido mi discreción.
-Debería verme cuando no estoy llorando –dijo la viuda.
Ambrose Bierce
😉