Años perdidos

espejo No reconocí al hombre que tenía frente al espejo y eso me inquietaba. El reflejo era el de alguien mayor que yo, así que no podía tratarse de mí. Él, por su parte, parecía igual de contrariado porque me contemplaba con la misma expresión de extrañeza. ¿Acaso nos habíamos visto antes? Su rostro me resultaba terriblemente familiar pero no lograba ponerle un nombre o relacionarlo con un lugar. Quise preguntarle quién era, pero de pronto me dio miedo la respuesta. Lo mejor era ignorarle. Tenía otras cosas de las que preocuparme. Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata.

Marina de la Fuente Martín

Deja un comentario