No sé si vendrás. Habíamos quedado en tomar una copa en este café, donde tantas veces lo hicimos antes, pero aun así dudo de tu llegada. Me hubiera gustado ver otra vez contigo la plaza del Mercado desde estos ventanales del piso superior, en el momento preciso -ahora inminente- en que comience a desplomarse la lluvia sobre el empedrado. Nada de eso será posible, porque te has quedado inmóvil en un rincón de tu propia morada, pensando en la lluvia, en los cristales que nos separaban de la plaza del Mercado, en el sobresalto que en aquel tiempo te causaba el venir hacia mí.David Lagmanovich