Él, que una vez, apretando el puño, juró comprimir el carbón para fabricarle diamantes. Él, este día de sesenta años más tarde, se yergue apenas dentro del autobús en marcha. Una mano asida a la barra vertical, la otra apoyada en el respaldo y cuando el vehículo frena en López de Hoyos con Cartagena, soltar ambas como lanzarse desde un trapecio. Es decir, saber, pero nunca saber del todo, que ella lo recogerá y alcanzarán la salida. Ella, que jamás le pidió un diamante por no humillar su puño.
Mes: febrero 2014
1.805 – Morir en un abrazo
Observad esta fotografía con atención.
Es de noche en Ciudad Juárez. Dos jóvenes se abrazan en un coche. Ella está embarazada y va a dar a luz en unas pocas semanas.
Están muertos.
El asesino disparó desde el costado izquierdo del coche. Una sola bala atravesó sus cabezas.
¿El sicario aprovechó la distracción para cometer el crimen? ¿O se abrazaron al saber que su final había llegado?
La vida de cualquier ser humano contiene dos certezas: que estamos vivos y que vamos a morir. Ojalá tarde mucho en alcanzarnos, pero la bala que terminará con nuestras vidas ya ha sido disparada.
Los abrazos y caricias que gocemos mientras tanto es lo único que importa.
Alberto Sicilia (Principia Marsupia)
http://www.principiamarsupia.com/2012/04/13/morir-en-un-abrazo/
Fotografía: Dominic Bracco.
1.804 – Las sirenas…
Las sirenas saben bien que si pegas la oreja a un ahogado, se oye el ruido de los carros, los claxons, las obras de la ciudad.
Capicúa
https://twitter.com/viviguu
1.803 – Economía sumergida
1.802 – Anécdota
Su mujer y su hija se van de compras y no acaban de irse nunca. Ya en el coche, le piden el móvil, que siempre olvidan en cualquier parte. Y la hija sale del coche para ir por última vez al baño. Y la mujer entra en casa y vuelve a salir, tras cambiar de idea sobre el calzado que más la favorece. Y aún antes de poner el motor en marcha, quieren que les traiga el paraguas por si empieza a llover. Y cuando se van de una vez por todas, el hombre se queda en la calle, sin llaves para entrar en su hogar. Entonces se sienta en un banco del parque, dispuesto a no dar la menor importancia a un suceso anecdótico. Y se percata de que en su vida todo es anecdótico y sin la menor importancia. Salvo cuando eleva esta clase de pequeñeces a la categoría de problemas. O cuando es incapaz de doblar la cintura ante situaciones que solo requieren un poco de agilidad. O de arrimar el hombro de manera altruista, no como un esfuerzo excepcional sino como una simple declaración de principios. También se da cuenta de que admitir sus debilidades es el primer paso para superarlas. Y de que él tampoco recuerda dónde demonios ha dejado el móvil. Y de que el calzado que lleva puesto no le favorece en absoluto. Y de que tiene ganas de ir al baño. Y de que empieza a llover.
Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2013/08/anecdota.html
1.801 – Epílogo de las Iliadas
Desde el alcázar del palacio lo vio llegar a Ítaca de regreso de la guerra de Troya. Habían pasado treinta años desde su partida. Estaba irreconocible, pero ella lo reconoció.
-Tú -le dice a una muchacha-, siéntate en mi silla e hila en mi rueca. Y ustedes -añade dirigiéndose a los jóvenes-, finjan ser los pretendientes. Y cuando él cruce el lapídeo umbral y blandiendo sus armas quiera castigarlos, simulen caer al suelo entre gritos de dolor o escapen como del propio Áyax.
Y la provecta Penélope de cabellos blancos, oculta detrás de una columna, sonreía con desdentada sonrisa y se restregaba las manos sarmentosas.
Marco Denevi
Falsificaciones. Thule ediciones S.L. – 2006
1.800 – Chat
1.799 – Historia de un valiente
Hoy se va de vacaciones. Con Sara. Es su primer viaje desde que viven juntos y él se pregunta si encontrará el momento de confesarle lo que siente. Juntos esperan hasta que aparece Paula, la amiga de Sara, con su Golf azul. A él le toca el asiento de atrás, el volante no es lo suyo. Durante el primer tramo conduce Sara y horas más tarde las chicas cambian de sitio. Sara abre la puerta trasera y se tumba a su lado. Mientras va quedándose dormida, él siente un amor tan profundo, tan devastador, tan animal, que no puede evitar arriesgarse. Salta hasta el extremo del asiento, donde descansa la cabeza de Sara, y la besa suavemente en los labios. Luego se desliza hasta la curva de su cuello. Empieza a costarle respirar, pero no se preocupa, dónde va a estar mejor que allí, con Sara… Lo último que piensa es que ha valido la pena salir de la pecera.
Loli Rivas
Mar de pirañas. Nuevas voces del microrelato español.
Edición de Fernando Valls. Ed. Menoscuarto-2012
1.798 – Deudas
Apurada por las deudas, mi madre vendió al vecino de al lado los 25 m2 de nuestro salón.
El día que vinieron a poner el tabique, mi hermana y yo, hipnotizadas por las obras de albañilería, nos quedamos de este lado y ahora vivimos con un señor muy raro que no nos habla, pero nos deja ver todo el rato la televisión.
A ella nos la cruzamos a veces en el descansillo. Parece más contenta y viste mucho mejor.

