Cuando mi mujer le propuso a la vecina del quinto que ejerciera de hija a cambio de una paga semanal, no dije nada; últimamente tiene muy mal genio. Pero la vecina encontró trabajo y dejó de venir, así que puso carteles por todo el barrio solicitando gente para un puesto indefinido, y eso me pareció excesivo. Ahora tenemos una hija divorciada y madre de adolescente problemático, una nuera en rehabilitación y hasta una nieta nigeriana de dos años a la que llevo al parque. El caso es que a ratos me parece que los conozco de toda la vida, y juraría que ayer el chico me abrazó con auténtico cariño.
Mes: septiembre 2012
1.289 – Houdini el escapista
Fue ilusionista, atleta, contorsionista y cerrajero. Se hizo llamar Houdini, creó el número del escapismo y fue el mejor escapista de todos los tiempos. En pueblos y ciudades promocionaba su acto desafiando al jefe de policía o de la prisión local a mantenerlo encerrado. Escapó de cuerdas, cadenas, camisas de fuerza, todo tipo de esposas, barriles, cajas, baúles, bidones, bolsas, sacos, ataúdes, jaulas y habitaciones cerradas. Y sin embargo, yo conseguí atraparlo aquí, para siempre, para ustedes.
Ana María Shua
Fenomenos de Circo. Páginas de espuma 2011
1.288 – Cacería
Permanece estirado, boca arriba, sobre la estrecha cama de madera. Con los ojos apenas entreabiertos busca en las extrañas líneas del techo el comienzo de un camino que lo aleje de su perseguidor. Durante noches enteras ha soportado el acoso, atravesando praderas de hierbas venenosas, vadeando ríos de vidrio molido, cruzando puentes frágiles como galletas. Cuando el perseguidor está a punto de alcanzarlo, cuando lo siente tan cerca que su aliento le quema la nuca, se revuelca en la cama como un gallo que recibe un espuelazo en pleno corazón. Entonces el perseguidor se detiene y descansa recostado a un árbol, aguarda con paciencia que la víctima cierre los ojos para reanudar la cacería.
Ednodio Quintero
Por favor sea breve. Ed. Páginas de espuma, 2001
1.287 – Yo, mutilado capilar
Los peluqueros me humillan cobrándome la mitad. Hace unos veinte años, el espejo delató los primeros claros bajo la melena encubridora. Hoy me provoca estremecimientos de horror el luminoso reflejo de mi calva en vidrieras y ventanas y ventanillas.
Cada pelo que pierdo, cada uno de los últimos cabellos, es un compañero que cae, y que antes de caer ha tenido nombre, o por lo menos número.
Me consuelo recordando la frase de un amigo piadoso:
-Si el pelo fuera importante, estaría dentro de la cabeza, y no afuera.
También me consuelo comprobando que en todos estos años se me ha caído mucho pelo pero ninguna idea, lo que es una alegría si se compara con tanto arrepentido que anda por ahí.
Eduardo Galeano
El libro de los abrazos. Siglo XXI -1989
1.286 – Venimos del polvo
1.285 – La acampada (Paz y amor)
1.284 – Tuberías
Si uno fuera capaz de reunir los patios interiores a los que se ha asomado a lo largo de su vida, formaría con ellos un sistema endocrino tan complejo como el del aparato digestivo. Lo curioso es que son idénticos unos a otros, se hayan visto en Bruselas o en Nueva York, en Copenhague o en París, a los cuatro o a los cuarenta años. Llegas a un hotel de una ciudad desconocida, en donde ni tú mismo sabes todavía quién eres, abres por curiosidad la ventana del cuarto de baño y allí están las mismas tuberías de tu infancia atravesando idénticas paredes grises con manchas de humedad. No importa el número de estrellas del hotel, ni su situación, tanto como tu habilidad para detectar las aberturas tras las que se agazapan.
Otro día estás comiendo en un restaurante caro, donde vete a saber por qué medio has conseguido que te inviten unos anfitriones de lujo, cuando cometes el error de visitar el servicio, y también allí, inevitablemente, das con el ventanuco que te asoma a ese raro espacio que ya viste en Zamora o Murcia, en Valencia o Bilbao, en Buenos Aires o Berlín. Si en alguno de estos lugares alejados de tu geografía o tu bolsillo tienes problemas de identidad, basta con que busques el agujero atravesado por ese hilo conductor para averiguar de golpe quién eres y de dónde vienes. Hasta en las novelas hay patios interiores cuya suma compone un tubo digestivo que recorre la historia de la literatura. Algunos hombres, a medida que crecen, intentan separar este recurso arquitectónico de su existencia, lo que es tan difícil como vivir sin estómago. A través de los patios interiores hacemos una digestión de lo que somos, pero también de lo que queríamos ser cuando, asomados al de la adolescencia, fumábamos los primeros cigarrillos clandestinos soñando en un futuro con las tuberías empotradas.
Juan José Millás
Articuentos completos. Seix barral – 2011
1.283 – Imita a los grandes, le dijeron
Fuma para poder escribir unas memorias como Zeno, dentro de muchos años, cuando sea mayor y más deprimente; para tener algo que contar en esas edades; bebe como Arturo Bandini con la esperanza de que en cualquier momento, en cualquier biblioteca del mundo, un Bukowski lo descubra, alucinado; reza para sentarse en la estación de invierno del puerto más lejano de Crimea y morir como Tolstoi, decrépito y célebre. Y todo lo que ha conseguido es una rara enfermedad de los pulmones que ha inspirado la oscura ponencia de un médico en un congreso al que nadie quiere ir. «Quizá si escribiera algo», piensa mientras dispone la oreja derecha para cortársela con una tijera.
Juan Carlos Chirinos
http://ficcionminima.blogspot.com.es/2012/08/los-sordos-trilingues-juan-carlos.html
1.282 – Leones y domador
Un grupo de leones se ha puesto de acuerdo en comprar un domador, pero tienen poco dinero. Todo lo que consiguen es un anciano desdentado (aunque con su dentadura postiza) que fuera domador de potros en su juventud. Se llama Francisco Nicomedes Rojas y es de Sunchales. Los leones rugen como si fueran feroces, el viejo hace restallar el látigo, hay que admitir que se lo ve adecuadamente frágil y aun así el público se fastidia. Les iría mejor con una jovencita rubia, de aspecto tímido, pero son demasiado caras, están ahorrando.
Ana María Shua
Fenomenos de Circo. Páginas de espuma 2011
1.281 – Lágrimas negras
Si de llorar se trata, lo mejor es picar una cebolla mediana muy finita.
Luego, tres jitomates bien coloraditos que se deben mezclar con un manojo pequeño de cilantro.
Para terminar, tres aguacates maduros bien bañaditos en limón verde, a fin de que no se pongan negros. Como las lágrimas.
Se agrega un buen chorro de aceite y sal al gusto.
Con el mismo gusto que hay en maldecir a quien se fue.
Una vez bien llorada la pena, el guacamole se sirve con totopos o chicharrones crujientes, pero sin rencores. Dice mi abuela que el aguacate y la muina no se llevan bien.
Les recomiendo acompañarlo con buen tequila blanco o reposado, sin olvidar a José Alfredo cantando «Ando volando bajo»…
¡Ay, dolor, ya me volviste a dar!

