Cuentan que no hace mucho un vecino de este pueblo quiso desmentir a Heráclito de Éfeso y bañarse dos veces en las mismas aguas del río. Entró seguro a su cauce y luego, bien empapado, tomó su bicicleta y pedaleó sudoroso un par de kilómetros corriente abajo. Allí esperó sumergido hasta el cuello el paso de aquellas primeras aguas.
Pero no pudo contar su hazaña, porque murió pocos días después, no se sabe si de bronquitis o contaminado.
Mes: agosto 2012
1.259 – Historia de los dos que soñaron
Cuentan los hombres dignos de fe (pero sólo Alá es omnisciente y poderoso y misericordioso y no duerme) que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió, menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan. Trabajó tanto que el sueño lo rindió debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño a un desconocido que le dijo:
-Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla.
A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros de los desiertos, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres. Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por el decreto de Dios Todopoderoso una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea. El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo y lo llevaron a la cárcel. El juez lo hizo comparecer y le dijo:
-¿Quién eres y cuál es tu patria?
El hombre declaró:
-Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Yacub El Magrebí.
El juez le preguntó:
-¿Qué te trajo a Persia?
El hombre optó por la verdad y le dijo:
-Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que la fortuna que me prometió ha de ser esta cárcel.
El juez echó a reír.
-Hombre desatinado -le dijo-, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín. Y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol, una higuera, y bajo la higuera un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, has errado de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no vuelva a verte en Isfaján. Toma estas monedas y vete.
El hombre las tomó y regresó a la patria. Debajo de la higuera de su casa (que era la del sueño del juez) desenterró el tesoro. Así Dios le dio bendición y lo recompensó y exaltó. Dios es el Generoso, el Oculto.
Gustavo Weil
1.258 – Un milagro
Le habían asegurado que la Sagrada Imagen retornaría el movimiento al brazo paralizado y la señora tenía mucha fe. ¡Lo que consigue la fe! La señora entró temblando en la misteriosa cueva y fue tan intensa su emoción que enmudeció para siempre. Del brazo no curó porque era incurable.
Llorenç Villalonga
1.257 – Viaje interior
Hace unos días dieron un documental de la BBC de un viaje al interior del cuerpo humano. Vi praderas, desiertos, acantilados, llanuras, cascadas, lagos. Vi las marismas del cerebro. Vi kilómetros y kilómetros de autopista intestinal. Vi el peaje de los riñones filtrando. Vi el aristocrático y sofisticado hígado. Vi paisajes pulmonares espectaculares. Células, nervios, músculos, arterias, ovarios…, corazones de infarto. Vi incluso ríos de glóbulos rojos. Pero en ningún momento vi el mar.
Amelia Almeda
http://www.escritores.cl/microcuentos/textos/viaje_interior.htm
1.256 – El drama del desencantado
…el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.
Gabriel García Márquez
1.255 – El loco
Dejó atrás todo, y ahora hace esculturas extrañas que vende a turistas despistados, y aprende trucos de magia que jamás muestra a nadie. Cree tener cosas que contar, reflexiones nunca dichas, nunca escritas, pero nadie quiere oírlo, ni a él le gusta hablar con gente. Antes, cuando era contable, cada día se parecía a otro día, y soñaba con vivir así, pero sin latas de comida y sin frío. Ahora es libre, o algo parecido, y no tiene que explicarse ante nadie, y come cuando quiere y hace lo que quiere. Pero, incluso ahora, cada día es igual al anterior.
Jordi Cebrián
http://www.materialesdelengua.org/LITERATURA/TEXTOS_LITERARIOS/CUENTOS/microcuentos.htm
1.254 – Tranvía
Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. «Amplia sonrisa, caderas anchas… una madre excelente para mis hijos», pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.
Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.
Dudó. Ella bajó.
Se sintió divorciado: «¿Y los niños, con quién van a quedarse?»
Andrea Bocconi
1.253 – Luz de gas
A mí este juego ya me cansa, pero papá me dice que si aguanto un poco más sin rechistar luego me llevará a París y me comprará una casa muy grande para mí sola. Fue fácil, solo tuve que hacerme la muertita, y lo hice tan bien que mamá gritaba y se tiraba de los pelos. Papá, como es médico, dijo que no había nada que hacer y preparó mi entierro de mentirijillas. Me bebí un jarabe para quedarme dormida un buen rato, al principio casi era como morirse de verdad, pero luego me desperté como si fuera un día de fiesta. Y ahora estoy aquí en un cuarto secreto en la buhardilla, viviendo al revés: por las noches salgo en camisón a ver a mamá, pero no tengo que hablarle, abro la puerta y la miro a los ojos. Ella me llama y entonces yo salgo corriendo y me escondo otra vez. Algunos domingos papá me deja salir al jardín un rato, veo a mamá que asoma su cara flaca y pálida por la ventana. Ya no chilla, ni siquiera intenta atraparme, la verdad es que da algo de miedo. Espero que ya falte poco, me aburro y quisiera ir a París en primavera.
Rosana Alonso
Los otros mundos. Ed. Talentura. 2012
http://ralon0.wordpress.com
1.252 – Un celoso
Minutos antes de que iniciara su número circense sorprendió a su mujer abrazando a otro, tras el carromato en que vivían. No tuvo ocasión de decirle nada. Les requirieron y se presentaron en medio de la pista, en medio de una atronadora salva de aplausos. En medio de la general expectación y de un silencio impresionante, fue lanzando los cuchillos uno tras otro delineando claramente en la madera la silueta de su mujer, que soportó todos los lanzamientos impertérrita. Cuando hubieron terminado y mientras saludaban al público sonrientes, él, entre dientes, acertó a decir: «Espero que esta noche me des una explicación».
