Esta es la historia de dos hermanos siameses, irremediablemente unidos por el costado. Diestro, el hermano bueno, ocupa la parte derecha del cuerpo doble. Siniestro, de perversa índole moral, la parte izquierda. Movido siempre por impulsos malévolos, Siniestro cometió desde niño múltiples fechorías, llegando a convertirse con el tiempo en un delincuente de renombre. Por su parte, Diestro no tuvo otro remedio que hacerse abogado, a fin de atenuar los problemas de su pérfido hermano con la justicia y garantizarle en todo momento una defensa consistente. La destreza como letrado que Diestro desplegaba ante los tribunales pronto le otorgó fama mundial. Por difícil que fuera el caso, todo delito fraterno quedaba finalmente impune. Hasta que un mal día, Siniestro intentó estrangular a Diestro con su único brazo, movido por la envidia. “Síndrome de estrés agudo”, alegó Diestro en el juicio.
De nada sirvió. Actualmente comparten celda.
Mes: marzo 2012
1.107 – En la cárcel
He sido conducido al locutorio porque tengo una visita sorpresa, según me ha adelantado el funcionario. A través del cristal, observo un bello rostro adornado con una sonrisa. Es una muchacha joven, esbelta, con unos ojos claros… «¡Hija mía!», musito. Hace quince años que no la veía, que no quería verme. Y ahora está aquí. En unos segundos acuden a mi mente bellos recuerdos en tropel. Cuando la tenía amorosamente en brazos y me pedía la Luna, y yo le daba la Luna. El día que la llevé a la escuela por vez primera, con su batita blanca, su lazo y su pelo rubio recogido en una graciosa coleta. Lloraba tanto ante la puerta que nos volvimos a casa. Mi mujer se indignó conmigo y tuve que llevarla de nuevo. De repente, unos leves toques del funcionario en la espalda me hacen volverme. Me indica que no estoy en el locutorio adecuado y que esa muchacha no es mi hija. La que ahora tengo enfrente, con gafas y gesto fruncido, no me aviva recuerdo alguno.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
1.106 – Ars poetica
Le salió una rima preciosa, de esas que pueden salvar un poema. Pero había nacido viuda, abandonada de pareja que la justificara, y se quedó sola al final de la raya, sin que ninguna ley métrica acudiera a su socorro. Si no se encuentra remedio, cosas así nos amargarán la vida.
Pere Calders
1.105 – Igual…
Igual que el vivo teme ser enterrado vivo, el muerto siente horror a resucitar muerto.
Rafael Pérez Estrada
1.104 – Descielados
Los que se mueren en accidentes aéreos no quieren ir al cielo.
Cristina Villanueva
http://www.cuentosymas.com.ar/blog/?p=7885
1.103 – El porqué de las cosas
En medio de un claro, el caballero ve el cuerpo de la muchacha, que duerme sobre una litera hecha con ramas de roble y rodeada de flores de todos los colores. Desmonta rápidamente y se arrodilla a su lado. Le coge una mano. Está fría. Tiene el rostro blanco como el de una muerta. Y los labios finos y amoratados. Consciente de su papel en la historia, el caballero la besa con dulzura. De inmediato la muchacha abre los ojos, unos ojos grandes, almendrados y oscuros, y lo mira: con una mirada de sorpresa que enseguida (una vez ha meditado quién es y dónde está y por qué está allí y quién será ese hombre que tiene al lado y que, supone, acaba de besarla) se tiñe de ternura. Los labios van perdiendo el tono morado y, una vez recobrado el rojo de la vida, se abren en una sonrisa. Tiene unos dientes bellísimos. El caballero no lamenta nada tener que casarse con ella, como estipula la tradición. Es más: ya se ve casado, siempre junto a ella, compartiéndolo todo, teniendo un primer hijo, luego una nena y por fin otro niño. Vivirán una vida feliz y envejecerán juntos.
Las mejillas de la muchacha han perdido la blancura de la muerte y ya son rosadas, sensuales, para morderlas. Él se incorpora y le alarga las manos, las dos, para que se coja a ellas y pueda levantarse. Y entonces, mientras (sin dejar de mirarlo a los ojos, enamorado) la muchacha (débil por todo el tiempo que ha pasado acostada) se incorpora gracias a la fuerza de los brazos masculinos, el caballero se da cuenta de que (unos 20 o 30 metros más allá, antes de que el claro dé paso al bosque) hay otra muchacha dormida, tan bella como la que acaba de despertar, igualmente acostada en una litera de ramas de roble y rodeada de flores de todos los colores.
Quim Monzó
http://www.monzo.info/
1.102 – Elemental
Mientras Watson se acuclilla junto al cadáver, Holmes, envuelto en la nube de humo que sale de su pipa, examina la habitación en que se encuentran. Mientras Watson observa el puñal que la víctima tiene clavado entre los dos omoplatos, Holmes repasa las paredes desnudas, sin una sola puerta o ventana, estudia el cubo perfecto de muros lisos que los rodea. Mientras Watson, seguro de que el hombre ha sido asesinado, se pregunta cómo el asesino ha podido salir de aquella trampa sin escapatoria, Holmes, confundida su silueta con el humo del tabaco, se pregunta intrigado cómo han podido, Watson y él, llegar a aquel lugar.
Jesús Esnaola
http://frankensteinsupongo.blogspot.com/
1.101 – El teléfono II
Le hizo su primera llamada, le envió su primer sms y provocó su primera vibración. Con la tarifa plana, por desgracia, llegó la rutina.
Daniel Sánchez Bonet
http://microrrelatoapeso.wordpress.com/
1.100 – Estrés
Con el sabor del desayuno en el paladar y el despacho de abogados en la cabeza, apenas había empezado a dejar atrás y a medio cerrar la puerta de casa cuando se precipitó por el borde del microcuento, sin haber acabado siquiera de anudarse la corbata.
Sergio Sanchez
http://www.clubcultura.com/clubliteratura/faroni_selec/faronis6.htm
1.099 – Se preocupó…
Se preocupó por primera vez cuando su boca se desprendía de la mandíbula por alguna de las comisuras y se mantenía colgando hasta que con dedos apurados lograba colocarla en su lugar. En poco tiempo la boca se soltó de su cara y la perdió. Si no hablo voy a estar más tranquilo, se dijo sin voz. Y los médicos van encontrar una solución para alimentarme, se dijo sin hambre. La verdadera frustración se presentó cuando se enamoró y sintió el deseo de besarla, sin boca.