Tenía tantas ganas de que le pasara algo, que dejó pasar a Albino.
Se quedó a cenar.
Y a dormir.
Y, por la mañana, quiso desayunar.
Albino se quedó a vivir.
Al cabo de los años, el vino se agrió.
Una tarde de invierno, cerró la puerta y echó a andar.
Tenía tantas ganas de que le pasara algo…