Necrofilia

marco deneviCuenta el mitólogo Patulio: «Al regreso de la guerra contra los mirmidones, Barión sorprendió a su mujer, Casiomea, en brazos de un mozalbete llamado Castor. Ahí mismo estranguló al intruso y luego arrojó el cadáver al mar. Noches después, estando Barión deleitándose con Casiomea, se le apareció en la alcoba Castor, pálido como lo que era, un muerto, y lo conminó a ir al templo de Plutón en Trézene y sacrificarle dos machos cabríos para expiar su crimen. Barión, aterrado y no menos pálido, obedeció. Mientras tanto el fantasma de Castor reanudaba sus amores con Casiomea, quien no se atrevió a negarle nada a un ser venido del otro mundo. Varias veces Barión debió ceder su lecho al cuerpo astral de Castor sin una protesta, porque el joven lo amenazaba, si se resistía, con llevarlo con él a la tenebrosa región del Infierno». El mitólogo Patulio agrega que Castor tenía un hermano gemelo, de nombre Pólux, pero de este Pólux nada dice.

Marco Denevi

Vecinos

velaNada más llegar, la primera noche, ella pasó a pedirme una vela. «Nuestro piso está a oscuras», me explicó.
Al día siguiente preguntó si podía dejarle un poco de sal, después aceite. Azúcar, especias, aspirinas y chinchetas faltaban también en aquella casa de carencias insospechables.
Una tarde, ella llamó con fuerza al timbre. Yo salí enojado y antes de que pudiera decir nada, sus labios rozaron los míos y me empujaron hacia mi cuarto. Sobre el lecho en penumbra nos amamos algunas tardes.
Anteanoche hubo una tormenta y la luz se apagó en el edificio. Escuché fuertes voces y algunos golpes en el piso de al lado. Creo que ella lloraba. Después esos golpes llegaron a mi puerta.
Abrí, y ante mí estaba él, su esposo. «¿Tienes una vela?», me preguntó, y se quedó mirándome, con la respiración agitada. Antes de que pudiera volver con la vela, me pidió sal y luego aceite.
Yo conocía esa secuencia…
Carlos Gracia Traín