2.801 – Yo no lo sé…

max_aub  Yo no lo sé. Allá ustedes. Quizá sean de una pasta distinta, pero yo soy así. ¡Qué le vamos a hacer! Asumo toda la responsabilidad. Lo único cierto es que aquel día yo estrenaba zapatos. Si fuésemos a analizar las cosas el verdadero responsable es el zapatero. Yo soy un hombre, nada menos que todo un hombre, como dijo el señor Hoyos. No lo aguanté. Esto está claro. Hay dolores que no se resisten. A mí me operaron una vez sin anestesia: porque me dio la gana. Ésa es otra historia que no tiene nada que ver con esto. La verdad es que yo no podía más. Esos dolores insidiosos, que ni siquiera son dolores; hipócritas. Y tomé el tranvía. La cosa empezó en seguida: me pisó. Sí, me pisó. Me pidió perdón, muy atentamente. Me aguanté y no pasó nada. Desde luego un desconocido que le pisa a uno es siempre un ser antipático. Un momento después -creo que fue en la parada siguiente, a la entrada de la calle Mayor- nos empujaron y aquel hombre me pisó por segunda vez. Esta vez no me pidió perdón. Pero no lo pude resistir. Lo zarandeé. Entonces me pisó por tercera vez. Lo demás lo saben ustedes. Tampoco tengo la culpa de ser representante de la mejor fábrica americana de navajas de rasurar, dejando aparte que soy muy hombre.

Max Aub
La otra mirada. Ed. Menoscuarto.2005

2.798 – Cambio climático

alejandra_d_o  Aquel año tuvo que llegar la primavera para que comenzara el invierno. La Mujer Dormida despertó. Las vacas ladraban y los perros trepaban por los árboles. La cosecha de conejos no fue buena y los rosales se tupieron de limones. Ese año los hombres se quedaron en casa. Las mujeres no parieron.
«Desde entonces, el pueblo no es el mismo», se lamentaba el abuelo, que tenía los años suficientes como para asegurar que antiguamente la primavera era primavera y el verano, verano.
La gente le llamaba chalao.

Alejandra Díaz-Ortiz
Cuentos Chinos. Trama Editorial – 2009

2.797 – Las metamorfosis

jose-emilio-pacheco  Pigmalión, gran escultor de Chipre, creó una estatua más bella que todas las mujeres y todas las obras de arte. La llamó Galatea. Apasionado, la besaba y acariciaba. Galatea no respondía a su creador. En su desesperación Pigmalión rogó a Venus que le diera vida a la estatua. Galatea al fin cedió a sus caricias. Durante unos meses todo fue pasión y placer. Luego empezó la discordia. Llegaron los celos, el egoísmo, los rencores. Pigmalión y Galatea acabaron por separarse. Ahora se odian y cuando se encuentran en algún lado no se dirigen la palabra.

José Emilio Pacheco
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

2.796 – El secundario

Manu Espada (1)  Al llegar a casa, le había brotado un actor secundario en el suelo de la cocina.
-Soy Steve Buscemi me conocerás por películas como El gran Lebowski Fargo cameos en las cintas de Adam Sandler soy el actor fetiche de los hermanos Coen y un icono del cine independiente aunque también he hecho teatro de bajo presupuesto y estoy situado en el puesto cincuenta y dos de la lista de las cien mejores estrellas de cine de todos los tiempos realizada por la revista Empire pero sobre todo te sonará mi cara porque hago de ti en Reservoir Dogs -le dijo del tirón, sin ni tan siquiera hacer una coma para coger aire. El personaje mira con horror a Buscemi, le palpa la comisura de los labios, le frota el pelo. Huele sus manos. Le apunta con la pistola a la cabeza. Dispara. En ese momento, la cara del señor Rosa desaparece. Se borran sus ojos saltones. Se transforman sus facciones.
-Nunca había visto a nadie morirse tan bien; ¡qué irse!, ¡qué apagarse! -sentencia el señor Rosa con el rostro de Luis Ciges.

Manu Espada
Personajes secundarios. Ed. Menoscuarto, 2015.

2.795 – Letras

jj millas2  Cada mañana, al abrir el ordenador portátil, varias hormigas se cuelan entre la G y la H en dirección al disco duro, donde al parecer han anidado para protegerse del invierno. Si permanezco inactivo más de diez minutos, víctima del desaliento o la pereza, salen en grupo de entre las teclas señaladas y parecen una hemorragia de letras. El primer día creí que el aparato se estaba desangrando y aplasté a tres o cuatro sin querer al taponar la llaga con el dedo. Recogen del teclado los restos de mi desayuno (migas de magdalena y virutas de fibra), dejándolo como la dentadura de un tiburón tras el paso de uno de esos peces que viven de los desperdicios adheridos a las muelas de los grandes animales. Tenemos una relación simbiótica, pues. Hasta ahí todo bien.
Pero, ayer mismo, un artículo de treinta líneas se desmoronó ante mis ojos cuando me disponía a repasarlo. Y es que no estaba hecho de letras, sino de hormigas que se asustaron por los movimientos del cursor. Creo que han llegado a un acuerdo con el abecedario y se hacen pasar por él cuando éste no quiere trabajar. El alfabeto, por su parte, ha adoptado una caligrafía formicular, de modo que a veces no sé si quienes salen a recoger los desperdicios son los insectos o las letras, que evidentemente viven igual que las hormigas: excavando túneles y construyendo galerías subterráneas en la conciencia de las personas y en el disco duro de las cosas.
No me importa reescribir los artículos; son cortos. Pero sería incapaz de rehacer una novela, aunque las he visto desmenuzarse con la misma facilidad con la que se vienen abajo treinta líneas, unas veces por culpa de la gramática y otras de la zoología.
Así se desmoronan las vidas, con frecuencia sin que lleguemos a saber si eran de carne o verbo, auténticas o escritas.

Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011

2.794 – Pegar a la mujer*

nasrudin  La hija de Nasrudín fue a su casa un día llorando y quejándose de que su marido le había pegado.
Nasrudín cogió el bastón y le pegó también, Entonces dijo: «Ahora ve a casa y di a tu marido que si pega a mi hija, yo pegaré a su mujer».

Cuentos de Nasrudín *

 

(*) Nasreddin, o Nasrudín, es un personaje mítico de la tradición popular sufí, una especie de antihéroe del islam, cuyas historias sirven para ilustrar o introducir las enseñanzas sufíes, se supone vivió en la Península Anatolia en una época indeterminada entre los siglos XIII y XV.

*Repetido otros 28 de diciembre