1.137 – Al punto

 Mientras el señor de la mesa cuatro elige su menú, ignora que en la cocina Everardo acaba de matar a Roco, el gerente en turno, sospechoso de ser el objeto de los excesos clandestinos de Lupita, la camarera. Por las noches, su mujer.El cliente de la tal mesa se decide por una ensalada y un lomo al punto, tras un breve intercambio de sugerencias con la mujer que le acompaña:
-¡Pero, María! ¿Cómo es que piensas pedir pescado? Date cuenta que estamos en la parrilla de las mejores carnes de la ciudad. No sé cómo o qué les echarán, pero ya me gustaría a mí saber su secreto, porque mejores no he comido…
Él ignora que Lupita, la recién ascendida al cargo de «gerente emergente en funciones», está ordenando, en ese momento, que metan a Roco a la cámara frigorífica. Que limpien la sangre del suelo y que atiendan la última comanda. La de la mesa cuatro.
Everardo, el pinche convertido en inesperado cocinero en jefe, apenas y se atreve a mostrar a su nueva jefa la hoja de existencias. Con la cabeza gacha, extiende una temblorosa mano que sostiene el papel en el que, precisamente, se indica que lomo de buey es lo que no hay. Lupita, impasible, deja caer su mano sobre la tabla de picar, justo sobre el arma del delito.
¡Supremo!, declara el cliente, satisfecho al ver su kilo de carne en el centro de la mesa. Al tiempo que se deleita con una buena tajada, insiste a su compañera de mesa:
– ¿Lo ves, hermosa?… Mira si la carne es fresca en este lugar… Fíjate en las manchas de sangre que lleva la chica en el delantal… ¡Hasta parece que acaban de matar al buey!…

Alejandra Díaz-Ortiz
http://alejandradiazortiz.wordpress.com/2012/04/09/al-punto/

1.136 – Alicia

 Ingresó al país de las maravillas sin percatarse de que portaba microbios y virus extraños a los organismos vivos de ese lugar, para los cuales estos no poseían defensas.
Los primeros en sucumbir fueron los conejos y las flores. Luego, la pandemia se propagó al resto de los habitantes, hasta no dejar criatura con vida.
Atormentada por la devastación, Alicia escapó corriendo a su mundo.
Lo que no sabía era que acarreaba nuevos microbios y virus, extraños a los seres vivos del planeta.
Los primeros en sucumbir fueron los conejos y las flores.

Sergio Cossa
http://www.cuentosymas.com.ar/blog/?p=9755
http://sergiocossa.blogspot.com.es/

1.135 – Once del once del dos mil once

 Algunas personas dijeron haber sentido un ligero temblor interno, más un escalofrío que un desplazamiento direccional, pero la mayoría ni lo notamos y solo poco a poco fuimos siendo cabalmente conscientes de que el día del fin del mundo, esta vez sí, había llegado realmente. Como ejemplo, expondré brevemente el caso de mi familia, de mi madre, para ser más concreto. Ella había preparado una cena especial. De nada sirvió que, tanto mi hermano como yo, le recordáramos que no era la noche del fin de año sino del mundo y que bien podía excusar los langostinos. A los postres encendimos el televisor para ver el programa especial que nos habían estado anunciando durante toda la semana que se emitiría ese día en directo desde el Japón. Pero no había más señal que una carta de ajuste y el himno nacional –el nuestro, no el nipón. “¡Al final, siempre acaban echando lo mismo!”, dijo mi cuñada mientras servía el café. Mi madre asintió. “Bueno hijos, pues parece que, después de todo…”. Entonces sonó el timbre de la puerta. Era mi padre, que había regresado desde el reino de los muertos “para el juicio final”, dijo. Y empezamos a atar cabos. Pero hasta que se presentó la bisabuela, mi madre no quedó del todo convencida.

Janial
http://janialidades.blogspot.com.es/2011/11/once-del-once-del-dos-mil-once.html

1.133 – Convencimiento

 A eso de la medianoche mi corazón dejó de pertenecerte. La fatalidad propicia que siga enamorada de ti, pero ya no soy tuya. He conocido a otro, a otros. Y en el doloroso vacío de mi interior me siento escindida, a la deriva. Debes saber que tampoco eres ahora el dueño de mis ojos, riñones, hígado o intestinos. Ni siquiera yo lo soy. A decir verdad, inexplicablemente, le he perdido la pista a la mayoría de mis órganos internos.

Ángel Olgoso
La máquina de languidecer, Ed. Páginas de espuma,2009

1.131 – Mirando enfermedades

 En el Diccionario de Agronomía y Veterinaria había ilustraciones y muchas fotos. Una extraña tumoración nudosa deformaba la articulación de una rama.
-¿Esto qué es? -preguntaba yo, la niña.
-Es una enfermedad de los árboles -me decía papá.
-¿Esto qué es? -preguntaba yo, señalando, en la foto, el sexo de un toro.
-Es una enfermedad de las vacas -me decía papá.
Era lindo mirar enfermedades con mi papá. Como sabía que me estaba mintiendo, observaba con asombro y regocijo los desmesurados genitales que crecían deformes en los árboles machos.

Ana María Shua

1.129 – La prudencia en la mujer

 Requerida de amores al mismo tiempo por un pastor y por el rey Salomón, la Sulamita no duda. Alguna tonta, borracha de romanticismo, elegiría al pastor, con lo que, al cabo de la luna de miel, empezaría a soñar con las riquezas y los palacios del rey Salomón y ese sueño le estropearía su vida junto al pastor. La Sulamita opta por Salomón y después, cuando sueñe con el pastor, sus sueños de contigo pan y cebolla la enaltecerán ante sus propios ojos.

Marco Denevi

1.128 – La mujer elefante

 Se enamoró de mi oreja izquierda. Al principio no advertí nada extraño, singular. Sí, es cierto; alguna vez le sorprendí mirándola, absorto, pero nunca le di excesiva importancia. Fue más tarde cuando descubrí su inusitado fervor por ese apéndice aéreo y cartilaginoso de mi anatomía. Sólo ante ella – orejita mía le decía – exhibía su porte casual, su estilo desenfadado, su verbo gentil. Ella, ufana, se dejaba querer. Ajena a mí, y a cualquier admonición. Incluso, por las noches, esperaba que yo me durmiera para acurrucarse desnuda junto a su boca. Ayer me la corté. La derecha, claro.

Agustín Martinez Valderrama
http://acusmartvald.blogspot.com/2012/02/la-mujer-elefante.html