1.505 – Munición

ana maria shua El creador del truco o disciplina del hombre-bala fue un militar italiano de apellido Farini. En realidad, los hombres-bala no son impulsados por una explosión de pólvora, sino por un resorte que activa un mecanismo de fuerza hidráulica o de aire comprimido. La pólvora se usa en el circo para provocar efectos auditivos, olfativos y visuales. El primer hombre-bala fue una jovencita de catorce años, disparada en 1877.
A diferencia de las balas comunes, los hombres-bala no son descartables y pueden usarse una y otra vez. Por eso, aunque necesiten mantenimiento, se los recomienda con frecuencia como munición.

Ana María Shua
Fenómenos de circo. Ed. Páginas de espuma. 2011

1.503 – Palomeras de San Roque

julia otxoa_2 «Palomeras de San Roque» es uno de esos lugares estratégicos de montaña donde los cazadores, escondidos en casetas camufladas, cazan a red la paloma torcaz que ~ en el otoño hacia África.
Pervive en el lugar todavía, un rito de matanza ancestral, un impresionante espectáculo que mueve cada año miles de curiosos. El acto consiste en que los cazadores, una vez que tienen a los cientos de palomas atontadas bajo la red, las van sacando una a una, degollándolas con certeros mordiscos.
Una vez terminada dicha ceremonia de muerte, el rito continúa y esos cazadores, con los labios aún chorreando sangre, besan en la boca a las mozas que quieren buscar novio. Ya que dice la leyenda que los besos mojados en sangre de paloma son los mejores aliados del amor.
No obstante, también se cuenta que durante las noches de luna llena, los cazadores incendiados de pasión amorosa, desenfrenadamente, acarician con los dientes el cuello de sus amedrentadas esposas.

Julia Otxoa
La otra mirada.Antología del microrelato hispánico. Ed. Menoscuarto.2005

1.502 – Los acróbatas

ana maria shua 8 Como la pornografía o el patinaje sobre hielo, las pruebas de acrobacia repiten siempre las mismas figuras en distintas combinaciones. Buscando con cierta desesperación la originalidad, el sindicato de acróbatas organiza un concurso para premiar aquel número que sea realmente nuevo.
La mayor parte de los competidores ofrece variantes menores, que se diferencian de las pruebas habituales por la altura a la que llegan los saltos o la cantidad de acróbatas que participan. Un grupo de cinco millones cuatrocientos mil artistas chinos propone saltos simultáneos y coordinados. Gran espectáculo, sin duda, opinan los jurados, pero menos original que caro.
El ganador es un delicado artista húngaro, de cabellos rubios y escasos, que sorprende al tribunal con un salto mortal fuera de la realidad, pero no consigue volver para recibir el premio.

Ana María Shua
Fenómenos de circo. Ed. Páginas de espuma. 2011

1.500 – Un individuo humilde, modesto.

Armando José Sequera He decidido dejar de ser pedante y engreído. A partir de ahora, seré un individuo humilde, modesto, ya verán: seré el hombre más humilde y modesto del mundo, triunfaré en los principales torneos internacionales de modestia y humildad, accederé a los más altos estrados para exhibir mi nueva condición y nadie, pero nadie, será más humilde y modesto que yo: lo juro.

Armando José Sequera
Por favor, sea breve 2. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2009

1.499 – Las cuentas claras conservan la amistad

carlos vitale Dos escritores se conocen en la presentación de sus respectivos libros. Dado que simpatizan de inmediato y ambos ignoran la obra del otro, acuerdan no leerla para prevenir que un eventual juicio desfavorable enturbie su naciente amistad. Los dos cumplen su promesa y, por ello, su estima mutua se afianza cada vez más hasta el final de sus días.

Carlos Vitale
Por favor, sea breve 2. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2009

1.496 – La seducción

Antonio_Di_Benedetto_1 El hombre logra en sueños lo que no logró despierto: seducir a una mujer carnal, perfumada y esquiva.
Lo despierta un golpe en las costillas: la esposa, que duerme con él, le ha hundido el codo en el costado.
Ha soñado que el marido se ha dejado seducir por una mujer carnal, perfumada y esquiva, a quien ella no conoce.

Antonio Di Benedetto
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Ed. Menoscuarto. 2005

1.495 – Mujer que dice chau

eduardo-galeano-ii Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos Republicana y una revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras dicen cosas cómicas. También llevo una hoja de acacia recogida en la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un aguperito como una ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ése fue el día en que empezó la suerte.
Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas, decíamos, todas las cosas cada vez mejores, que nos van a pasar.)
No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido.

Eduardo Galeano
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Ed. Menoscuarto. 2005

1.494 – De funerales

julio torri Hoy asistí al entierro de un amigo mío. Me divertí poco, pues el panegirista estuvo muy torpe. Hasta parecía emocionado. Es inquietante el rumbo que lleva la oratoria fúnebre. En nuestros días se adereza un panegírico con lugares comunes sobre la muerte y ¡cosa increíble y absurda! con alabanzas para el difunto. El orador es casi siempre el mejor amigo del muerto, es decir, un sujeto compungido y tembloroso que nos mueve a risa con sus expresiones sinceras y sus afectos incomprensibles. Lo menos importante en un funeral es el pobre hombre que va en el ataúd. Y mientras las gentes no acepten estas ideas, continuaremos yendo a los entierros con tan pocas probabilidades de divertirnos como a un teatro.

Julio Torri
Por favor, sea breve. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2001

1.493 – Un pequeño error de cálculo

_JU16223  Regresa el Cazador de su jornada de caza, magullado y exhausto, y arroja el cadáver del tigre a los pies de la Recolectora, que está sentada en la boca de la caverna separando las bayas comestibles de las venenosas. La mujer contempla cómo el hombre muestra su trofeo con ufanía, pero sin perder esa vaga actitud de respeto con que siempre la trata; frente al poder de la muerte del Cazador, la Recolectora posee un poder de vida que a él le sobrecoge. El rostro del Cazador está atirantado por la fatiga y orlado por una espuma de sangre seca; mirándole, la Recolectora recuerda al hijo que parió en la pasada luna, también todo él sangre y esfuerzo. Se enternece la mujer, acaricia los ásperos cabellos del hombre y decide hacerle un pequeño regalo: durante el resto del día, piensa ella, y hasta que el sol se oculte por los montes, le dejará creer que es el amo del mundo.

Rosa Montero
Por favor, sea breve. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2001