1.906 – El perro

alonso-Ibarrola32  Día tras día, año tras año, en la misma esquina. El ciego tocando un desafinado violín y su perro sosteniendo con sus dientes un sombrero, donde niños y mayores, conmovidos, arrojaban algunas monedas al pasar. Cuando sonaban siete campanadas se retiraban a su casa. El perro le guiaba por calles y plazas hasta llegar a la mísera vivienda donde transcurría su vida en solitario. Un día el ciego murió. Se percató del hecho una piadosa vecina, al no verles salir por la mañana como era habitual; luego el perro que ladraba y ladraba… Se llevaron el cadáver al cementerio y el perro fue conducido a la perrera, en espera de poder confiárselo a otro invidente necesitado de asistencia. Días más tarde se descubrió -hecho, por desgracia, bastante frecuente- que el difunto ciego guardaba en su colchón miles de billetes. Mayor fue la sorpresa al saberse que el perro, por su parte, ocultaba en su madriguera, bajo unos mugrientos cojines, que despedían un hedor infame, varios cientos de monedas, que se supone sustraía furtivamente del sombrero de su difunto propietario. Es por ello que fue eliminado en una cámara de gas especial para animales.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.905 – Poo de Llanes *

alejandra-diazortiz23  No, no pensaba en él.
Le pareció algo impúdico pero, perdida en aquella playa donde cualquier sentido se extraviaba, en lo único que podía pensar era en las manos de Francisco, el cocinero que tanto placer le daba hasta tres veces al día.
Por el aroma sabía que en ese momento estaba en la cocina del pequeño hotel Rocamar, lavando las fabes que la noche anterior había dejado remojando en agua fría. Casi alcanzó a oír el ruido de las legumbres al caer dentro de la tartera en las que serían cocidas con otro tanto de agua, ajo, cebolla picada, azafrán tostado y un generoso chorro de aceite de oliva.
No, no pensaba en él.
Pensaba en las almejas bien frescas, que tras un hervorín serían, junto con un sofrito de ajo, cebolla y pimentón, esmengadas con las fabes. Mientras tanto, la espera la mojaba con el vino que, amable, le acercaba Patricio, el hombre de la sonrisa franca.
A lo lejos, entre el mar y la saudade, atisbaba a Eva y Ana pintando las mesas de azul. Aquello le anunciaba el momento de la entrega. Su estómago dio un respingo.
Entonces sí, pensó en él.
Lamentó su prematura huida. De haber detenido el mar un poco más, se habría quedado, como ella -y con ella-, embrujado, tras relamerse las heridas con ese mágico manjar convertido en fabes con almejas…

Alejandra Díaz-Ortiz

* Al placer de Carlos…

1.904 – Utilidad de los aeropuertos

DAVID LAGMANOVICH  Los aeropuertos son grandes lugares de encuentro. Se topan allí el psicoanalista con el ex paciente que sostiene la innata estupidez de Freud, el torturador con la hija de una de sus víctimas y, sobre todo, la divorciada con su ex marido y la nueva pareja de él. No se sabe si van juntos a alguna parte, pero no cabe duda de que se encuentran y sonríen. Los asesinatos pueden esperar.

David Lagmanovich
Los cuatro elementos. Ed Menoscuarto. 2007

1.903 – Pleno municipal

PedroHerrero  La propuesta del señor alcalde, de declarar laborable la festividad del santo patrón que da nombre al municipio, provoca el rechazo frontal del principal partido de la oposición, defensor de la tradición secular de pasear su imagen por las calles del pueblo, desde la ermita hasta la iglesia parroquial, como argumento de la importancia de dicha efeméride. El alcalde quiere trasladar ese acto al día de la fiesta nacional, con el fin de optimizar el calendario de fiestas locales. Pero esa iniciativa tampoco es del agrado del tercer grupo del consistorio -cuyos votos son esenciales para cerrar cualquier acuerdo de gobierno- que expresa su temor de que los fastos religiosos adquieran demasiado protagonismo, frente a la proclama reivindicativa que ese día tiene lugar desde el balcón del ayuntamiento. Cada año, en estas mismas fechas, se convoca un pleno extraordinario que siempre mantiene en vilo a la mayor parte de la población, pendiente de saber si el día en cuestión será festivo, para coger el coche, salir al campo y disfrutar de un merecido día de vacaciones.

Pedro Herrero

http://www.humormio.blogspot.com.es/2014/03/pleno-municipal.html

1.900 – Un cuento

millas23  Estaba comenzando a amanecer cuando me despertó el ruido de una moto en la calle, pasó por debajo .de la ventana y giró a la derecha para coger la avenida. El ruido se convirtió en un zumbido y desapareció a la altura del mercado. Yo la seguí imaginariamente y la vi estrellarse de – forma imaginaria contra la esquina del ambulatorio. Después me dormí hasta que sonó el despertador. Por la mañana, había una moto destrozada y una mancha de sangre en la pared del ambulatorio. Un grupo de gente comentaba que se había matado al amanecer un motorista.
Como llegaba un poco retrasado a la oficina, deseé que mi jefe estuviera muerto para no tener que pelearme con él, era un imbécil. Además, le gustaban las motos, de manera que imaginé que el motorista muerto era él. Así que estaba metiendo mi ficha en el reloj, cuando vi salir a mis compañeros con cara de circunstancia: se dirigían al tanatorio para dar el pésame a la familia de mi jefe. Fui con ellos y nos encontramos al director general; deseé que se acercara a mí y me invitara a regresar a la oficina en su coche. Sucedió. Le expliqué que el departamento estaba hecho un desastre, critiqué los métodos del fallecido, y le sugerí que me concediera- una entrevista para ponerle al día. Lejos de citarme, mandó al chófer que se detuviera y me invitó a bajar, aunque aún-no habíamos llegado. Perdí de vista el coche cuando giró por el edificio de la Audiencia, pero 1Q seguí imaginariamente unos metros más y al poco hice que se estrellara imaginariamente contra : el monolito de la Libertad. Corrí en esa dirección para ver los cadáveres, pero no había ningún coche estrellado. Comprendí que había entrado en una mala racha y deseé que me cayera encima una cornisa, pero la buena suerte se había terminado, así que llegué vivo a la oficina y aquí estoy, haciendo las tonterías de siempre.

Juan José Millás
Cuerpo y prótesis. Ed El País. 2001

1.899 – En Cejunta y Gamud, 8

antonio fernandez molina  En Gamud, cuando se da una fiesta en honor de la hija de la casa, la madre se escapa con el invitado más viejo y repulsivo. Aunque es una costumbre admitida que nadie trata de impedir, lo hace de una manera secreta o simulando cualquier pretexto.
La hija, en cuanto nota la falta de la madre, pregunta afectando un aire de inocencia:
-¿Dónde está mamá?
A esta pregunta, que repite varias veces, invariablemente le contestan:
-¿Tu mamá? Está haciendo el amor.
El que así habla recibe un beso de la joven y él le entrega una moneda.
Algunas muchachas consiguen besar de una manera turbadora y si son previsoras y hermosas llegan a reunir una fortuna.

Antonio Fernández Molina
De mil amores. Antología de microrrelatos amorosos. Thule ediciones.2005

1.898 – El café con leche

jose_antonio_ayala  No sé bien si lo soñé o lo viví realmente: estaba tan tranquilo tomando un café con leche, cuando, según la expresión popular, se me fue por lo vedado. Me quedé sin respiración. Gruesas lágrimas resbalaban por mis mejillas. El sabor del café por un lado, de la leche por otro, me resultaban odiosos. El agua que conseguía tragar no aminoraba el regusto del café con leche. Pero, sobre todo, el enfisema que me aquejaba desde hacía tiempo me impedía expulsar el aire con fuerza, respirar siquiera un poco. Me asfixiaba. Me asfixié, frustrando así toda una carrera literaria que se me presentaba prometedora. Y todo por el maldito café con leche que ni me apetecía.

Jose Antonio Ayala
Chispas. Editora Regional. Murcia.2005

1.897 – La zorra y las uvas

Guillermo Cabrera Infante  Una zorra tenía hambre y, como era extrañamente vegetariana (no hay nada que no haga una zorra por estar a la moda), le echó el ojo a unas uvas que estaban allí cerca pero arriba. Saltó una y otra vez y otra vez y otra vez más, sin alcanzarlas. Miró la zorra a las uvas por última vez y al verlas bien (es asombroso lo bien que ve uno las cosas cuando las mira por última vez) exclamó: “no importa: no las quiero: están verdes”.
Un cuervo que andaba por allí, de paso hacia otra fábula, miró a la zorra, miró a las uvas y se dijo: “no es extraño: esas uvas están verdes porque son uvas verdes”. La zorra no respondió tal vez porque no había oído, tal vez porque era orgullosa, pero seguramente porque las zorras no pueden conversar con los cuervos.
Moraleja: La zorra es un animal que no tiene don de lenguas pero sí puede padecer de daltonismo.

Guillermo Cabrera Infante
Exorcismos de esti(l)o. Barcelona: Seix Barral, 1976.

1.896 – La libertad

Italo_Svevo2  La puerta de la jaula había quedado abierta. El pajarito se plantó, con un ligero salto, en la entrada y desde allí miró el vasto mundo, primero con un ojo y después con el otro. Por su pequeño cuerpo pasó el estremecimiento del deseo de los espacios vastos, para los cuales estaban hechas sus alas, pero después pensó: «Si salgo, podrían cerrar la jaula y yo quedaría preso fuera». Volvió a entrar y poco después vio, con satisfacción, cerrarse la puertecita que sellaba su libertad.

Italo Svevo
 Fábulas. Madrid: Gadir, 2008.
http://e-kuoreo.blogspot.com.es/2011/09/