2.138 – Un caso de vocación frustrada

ama m shua  Un joven tenía vocación de árbol, pero su familia no le permitió desarrollar sus visibles aptitudes para ramificar y aun lo casaron contra su voluntad. Toda una vida de frustración resultó en una vejez horrible: se endureció, adelgazó, se volvió rígido y seco hasta el extremo de convertirse en antena de televisión. Esta leyenda explica entre nosotros el origen de las antenas de televisión, pero no su proliferación desmesurada.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

2.137 – La medalla

alonso-Ibarrola32  Se alarmó al leer en la prensa varios casos de compañeros que habían descubierto que sus medallas de oro, concedidas por sus «méritos laborales» el día de su jubilación, eran falsas. Su mujer, una paciente esclava del hogar, de sus caprichos y manías de viejo, para tranquilizarlo y ante sus insistentes ruegos, mostró la susodicha «medalla» a un experto para que verificara su autenticidad. La pobre señora, no se atrevió, al volver a casa, tras la consulta, a contarle la verdad. «Tranquilo. Es auténtica», dijo. El anciano emitió un suspiro de alivio y siguió leyendo apaciblemente su periódico. Un año más tarde enfermó y su dolencia acentuó el trabajo de su mujer, que noche y día se veía, obligada a atenderlo. La fatiga se reflejaba en su rostro. Estaba harta, irritada y no veía el final de aquella insostenible situación. Su marido, en un momento de serenidad y lucidez, le regaló la «medalla de oro» y ella no pudo contenerse. «¡Es falsa, imbécil!». Una frase que luego, viuda, le remordería hasta la tumba…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.136 – El mar espera

 Gabriel Bevilaqua2  Pese a que el trasatlántico se halla a más de tres mil metros de profundidad, ni una sola gota de agua moja el interior del camarote 115. Y no se trata de que esté herméticamente cerrado, ya que sir Malcolm Whitaker, como todas las mañanas desde que zarparon de Southampton, lo abandona para tomar, por así decirlo, un poco de agua fresca sobre cubierta. El caso es que al abrir la puerta del camarote, el mar, tímido y respetuoso, permanece afuera.
Cuando el hombre regresa, la señora Whitaker le pregunta si ha vuelto a charlar con el capitán, si ha visto delfines escoltando a la embarcación, o si se ha dignado a pedirles a los pequeños que corretean por los pasillos que la visiten. Sir Malcom Whitaker la besa tiernamente y satisface todas sus inquietudes, salvo la última. Pero esta mañana algo ha cambiado. El hombre, aún junto a la puerta, insta a los chiquillos a que entren; años se ha demorado en persuadirlos de que aquella mujer inmaculada es buena. Entonces la señora Whitaker adivina con sus manos las caritas de los niños muertos, y moja con sus lágrimas el piso del camarote.
El mar lentamente la acompaña.

Gabriel Bevilaqua
El elefante funambulista, 2014
http://elefantefunambulista.blogspot.com.es/

2.135 – Crac

ricardoAlamo  Alguien me grita que me ponga en la cola como todo el mundo. Sin rechistar, doy vuelta y me coloco el último. Hay hombres y mujeres, casi todos ejecutivos de mi misma edad. Por mi reloj faltan tres minutos para las ocho y las puertas del edificio aún permanecen cerradas, aunque dentro ya se ve luz. Llevo puesto mi mejor traje. Cuando por fin se abren, la cola se pone en marcha y un bedel nos conduce hasta el ascensor. Subimos en silencio. En el ático, el primero en saltar es el tipo que me gritó. Cae a plomo, sin hacer un solo tirabuzón en el aire.

Ricardo Álamo
Desahuciados. Crónicas de la crisis, Ed. Vagamundos, libros ilustrados, 2013.

2.134 – Sobre vuelos

miguel angel flores  El día que el vendaval se llevó a Germán, la vida empezó a ser otra. Mamá se varó en el lamento de haberlo subido con ella a tender a la azotea. Y allí se quedó. Papá, que había salido a buscarlo, volvió con una grulla, dos palomas, una cometa y un racimo de globos descoloridos. Pero no era lo mismo. Germán había dejado un vacío muy grande difícil de llenar. A veces, asomados a la ventana, lo veíamos pasar volando. Lo llamábamos a gritos y él saludaba como si fuera en autocar.
Una tarde otoñal el viento lo dejó en la puerta. Lo abrazamos todos. Menos papá, que se había ido de nuevo a buscar cosas que volaran. Germán había crecido un palmo y estaba despeinado. Nos contó cómo era el mundo, pero desde arriba. Altanero. Mamá seguía lamentándose de lo de la azotea. De nada servía que Germán diera saltos ante ella diciéndole que había aterrizado. No volvió a ser la misma. Él tampoco, se creía muy volátil. Y alardeaba de ello. Pero el que más cambió fue nuestro padre, que nunca regresó y nos conformamos con un señor que vivía enfrente. Y no se parecía en nada.

Miguelángel Flores
De lo que quise sin querer. Ed. Talentura, 2014

2.131 – LII

miguel a zapata  Mido un metro y ochenta y cinco centímetros. Un chicarrón alto, fuerte, saludable, norteño. Pero en este planeta al que he sido destinado, vaya usted a saber por qué inescrutable y tocapelotas designio más o menos cósmico, todo aquello que añada orgullosos centímetros por encima del metro cincuenta queda suprimido, borrado, desaparecido, invisible, sometido a la nada.
Ante la perspectiva terrible de no volver a verme y andar por la vida como un errante decapitado procurador de sustos y pavores, ando encogido yo, encorvado y deforme como un anciano, casi vencido ya por la artritis y una escoliosis galopante, recibiendo de estos soberbios pigmeos miradas conmiserativas, limosnas al tullido que vino del espacio exterior.

Miguel Ángel Zapata
Revelaciones y magias. Ediciones Traspiés. 2009