Después de sesenta años de matrimonio le cambiaron a su mujer. Por una mucho más joven y bella, de pómulos marcados y desafiantes pechos bajo la ligera camisa de seda negra.
Anselmo pensó que la luz cenital de la cabina siete del tanatorio municipal favorecía a aquella señorita que, como por arte de magia, había aparecido rodeada de flores al levantarse la persiana, al otro lado de la mampara de metacrilato.
Y al instante se dio cuenta de que habían estado hechos el uno para el otro. Sonriente pese a las circunstancias, se adivinaba en ella a una persona bondadosa, amable; una de esas mujeres que pueden hacer de la vida un lugar.
Lejos de molestarse o reclamar, Anselmo rompió a llorar al verla. Como si no se hubiera dado cuenta del error, o quizá porque se había dado cuenta.
A buenas horas, alcanzó a decir en voz baja.
Y siguió llorando buena parte de la noche, desconsolado por lo que la vida, prestidigitadora cruel, le mostraba fugazmente para después negárselo: un recuerdo equivocado, un deseo concedido a otro.
Uno de esos goles fuera de tiempo, que suceden cuando ya te has ido del estadio.
Categoría: Fernando León de Aranoa
1.980 – Gestos
Sus gestos no coincidían con sus circunstancias. Bostezaba cuando se enamoraba, si se sentía cansada se sonrojaba, y se rascaba la espalda de puro contento. Cuando tenía frío sacaba la lengua, bajaba la voz para gritar y encogía los hombros cuando estaba furiosa.
Esta particularidad le ocasionaba graves inconvenientes.
Incapaces de interpretarla, los doctores equivocaban sus diagnósticos, sus amigas la evitaban y los hombres se aproximaban a ella como se aproxima uno a un enigma, y después se distanciaban, confundidos.
Nadie era capaz de descifrarla. Por eso ella se entristecía, pero reía sin parar.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.964 – Temores
Hay un lugar en el mar, donde se cruzan los meridianos, en el que el demonio se bañó un día. Allí se hunden los barcos sin remedio.
Dicen que se puede caminar por la superficie del agua sobre los restos de sus naufragios. Han formado una isla, que adornan las banderas de mil barcos quebrados.
Temen los marineros rozar ese lugar con su quilla un día. Lo señaliza la muerte, pero miente a menudo.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.953 – La vanidad de los dioses
En la trasera de Alameda, casi esquina con Hidalgo, frente a la tapia larga del Taller de autos Galarza, donde garantizado te cambian la luna del parabrisas en sólo una hora, hay una tabernita que frecuentan los dioses. En ella se disputan la autoría de los animales, la noche y el viento, se prestan con vuelta sus libros sagrados, y se agarran a trompadas, ya borrachos.
Subidos a las mesas, alardean de su obra y comparan sus paraísos terrenales. Truenan vociferantes quién tiene más fieles y quién más ministros, a la gloria de cuál se levantan los templos más altos, pero también de quién abjuran los viejos con más frecuencia.
¡A mí me pintó Miguel Ángel!, grita uno de ellos haciendo callar a los otros, pero luego necesita ayuda para salir del retrete, ese cuyo pestillo nunca ha terminado de funcionar bien.
Hacen entonces milagros, multiplican los panes y la ensaladilla, y convierten el vino en vino mejor. Luego cantan abrazados y salvan con dificultad los dos escalones que llevan a la calle. A menudo prolongan la discusión en la puerta de la tabernita molestando a los vecinos, que les arrojan agua desde sus balcones para,ahuyentarlos. Y así, empapados pero satisfechos, regresan a sus casas por las calles desiertas de la ciudad, rodeados de la más terrible soledad.
Los dioses caminan en tales ocasiones sin prisa, porque saben que nadie les aguarda en ellas.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.939 – Oro
Gold Treasure Endeavors and Co., empresa norteamericana con base en Miami especializada en el rescate de antiguos galeones hundidos, reclamó la propiedad del oro hallado entre los restos del naufragio de La Hispaniola, a 170 metros de profundidad frente a la costa de Cádiz, 36n 7w. Uno de sus barcos lo había encontrado, así que a ellos pertenecía.
El Gobierno español hizo pública una queja formal. El galeón en el que el oro había sido hallado tenía pabellón español. Había sido fletado por su majestad el rey Felipe IV en 1631, así que cuanto había en él pertenecía en justicia a la corona española.
El Estado peruano alzó también su voz. El barco será español, pero el oro que transportaba es peruano, producto del saqueo sistemático al que los españoles sometieron a sus colonias tras la Conquista.
Los indígenas peruanos, descendientes de los legítimos propietarios del oro sustraído, no alcanzaron a leer la noticia.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.926 – Las siete tumbas del Sr. Barea
En el cementerio de Calonge, cerca del municipio foral de Etienne, en la Provenza francesa, hay siete tumbas con el mismo nombre. En ellas están enterrados los siete hombres que fue el señor Barea: educado los domingos, pusilánime en los hospitales, capaz ante sus empleados, tierno con ella a solas, iracundo sin motivo, obstinado en el error y, frente a los débiles, débil.
Su viuda le llora indistintamente ante ellas, dependiendo de a cuál de los siete hombres que fue su marido añore más.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.856 – Ignacio Cremón
Es el patrón de los narcotraficantes, y ante él hincan rodilla como beata matones, sicarios y escuadroneros. Asesinos confesos procedentes de los más remotos lugares del país recorren enormes distancias para presentarse ante él y obtener sus favores. Los criminales le piden consejo para los golpes que vendrán, y ruegan su mediación para que triunfe un asalto, un degollamiento, o la matanza colectiva que planean en un suburbio de la ciudad.
Los votos que se le ofrecen a cambio son malas acciones, y las ofrendas sólo pueden haber sido obtenidas mediando delito: sustraídas, producto de extorsión o de chantaje o, en su defecto, adquiridas en el mercado negro.
Sus protegidos le envían un mariachi cada vez que un cargamento cruza sin problemas la frontera y corona su objetivo al otro lado. Algunas noches se pueden encontrar ante su santuario hasta doce formaciones completas tocando desconcertadas, interrumpiendo el tráfico.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.834 – Tu nombre y el mío
Las calles que llevan tu nombre y el mío se cruzan en una plaza hermosa, con farolas y bancos, en la que juegan los niños que nunca tuvimos y los ancianos recuerdan momentos, inolvidables sucesos que no sucedieron.
Las calles que llevan tu nombre y el mío se cruzan en una plaza hermosa, con una fuente de agua salada a la que llegan las gaviotas, confundidas, desde el mar.
Aquí el sol sale tres veces al día. No hay odio ni dolor en la plaza que forman las calles que llevan tu nombre y el mío.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.809 – Las casas
Éste y no otro es el secreto que mejor guardan los agentes inmobiliarios.
Hay casas en las que, sin que se sepa por qué, se cometen extraordinarios crímenes, con independencia de la ocupación de sus inquilinos y de la renta que pagan por habitarlas. En el interior izquierda del segundo piso del portal 14, en la calle Lucas Romaní, por ejemplo, han muerto a lo largo de los últimos años y en circunstancias muy diversas al menos quince personas. El alquiler es, por tanto, muy bajo.
Hay casas donde el amor florece, tienen los techos altos para que quepan los sueños y muchas habitaciones para los hijos varones que vendrán. Hay, por el contrario, casas propicias para el odio y la infelicidad: los tabiques son por lo general estrechos, y en ellas las rupturas son frecuentes.
Hay casas indicadas para poetas y escritores. Se sabe de buena tinta que la inspiración las visita con más frecuencia. Sus precios son prohibitivos, y las habitan sin excepción agentes de banca y propietarios de aseguradoras.Hay casas en las que se duerme mal y casas en las que la gimnasia es más productiva; casas en las que se cocina mejor, y otras en las que el sexo es más frecuente, sin que se haya llegado a establecer una relación causal con su orientación, el número de cuartos de baño o las calidades empleadas en su construcción.
Hay, por último, casas en las que lo habitual es el olvido. No cabe en ellas rastro de afrentas pasadas o viejos rencores. El contador está siempre a cero y el cuaderno de notas de la memoria se abre cada vez por la primera página; la vida comienza aquí a diario y todo es posible aún, nada es rutina. No hay pasado en ellas ni melancolía, pero nadie que las haya habitado alguna vez las recuerda.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.791 – La jugada
Héctor Gamboa era el locutor más popular de Radio Sucre. Las narraciones que hacía de los partidos eran famosas, los golazos se veían mejor cuando él los contaba que cuando los daban luego en la televisión. Nadie dudaba de su criterio. Si Gamboa dijo que el penal no fue, no fue.
Sus pronósticos se confirmaban, sus oyentes consumían religiosamente las marcas de soda que él publicitaba y los jugadores, más de una vez, ejecutaban paso por paso la jugada: que, con unos segundos de antelación, Gamboa primorosamente dictaba.