1.620 – Dolor

alonso-Ibarrola2 ¿Cuál es el límite humano ante el dolor? Hay personas que soportan la muerte de un ser querido, de dos seres queridos, de tres seres queridos al mismo tiempo, y en cambio se hunden en el colmo de la desesperación cuando les roban el coche.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
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1.612 – Regreso al hogar

alonso-Ibarrola2 Le ocurrió el hecho un día, al anochecer, de regreso a casa, tras haber cumplido su jornada laboral. Se había olvidado las llaves al salir de casa por la mañana y tocó el timbre. Al cabo de un rato abrió su mujer la puerta. «¿Qué desea usted?». Pensó que estaba de broma. Pero firme en la puerta, no le dejaba entrar. La pregunta volvió a formularla varias veces. Todo resultó inútil. La puerta se cerró con estruendo y rapidez. Rogó, suplicó, chilló, protestó, gritó… Los vecinos se asomaron para ver lo que ocurría en la escalera. Fue entonces, al ver sus rostros desconocidos, cuando se percató de que se había equivocado de portal… Y, por supuesto, de mujer.

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1.602 – Débil

alonso-Ibarrola32 Habían cometido un error imperdonable: asaltar una joyería enclavada en una demarcación que no era la suya. La «mafia» no perdona estas cosas. Lo sabían y es por ello que trataron de huir. En vano, los dos amigos fueron atrapados y conducidos a un sótano discreto. Primeramente se llevaron a uno de ellos. Se cruzaron una mirada de complicidad. No hablarían. Horas más tarde volvió… Resultaba casi irreconocible: un rostro tumefacto, una cuenca del ojo mostrando su horrible vaciedad, tres o cuatro dientes menos, pelo arrancado de cuajo en algunas partes de la cabeza, un hilo de sangre que le brotaba de la comisura izquierda de la boca, y también manchas de sangre en torno a la bragueta que hacían intuir estragos por la zona. Respiraba, jadeaba… «No he hablado», dijo con voz imperceptible. Su compañero, sin embargo, dijo todo lo que sabía, y dio todos los nombres al instante. Antes de volver junto a su desfigurado amigo se despeinó para disimular un poco y tratar de justificarse…

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1.592 – La fuga

alonso-Ibarrola32 Decidieron fugarse, al igual que lo habían hecho tantas parejas de enamorados a lo largo de los siglos. A su vuelta, ante el hecho consumado, los padres de la muchacha no tendrían más remedio que aceptar la situación. El plan salió a la perfección, pero se sintió molesto al regreso, ante la efusiva alegría de los padres de la muchacha, que en momento alguno tuvieron palabras de reprobación. Se casaron de inmediato y meses más tarde, tomando café en casa de sus suegros, pudo enterarse por ellos, gracias a una trivial conversación en torno al carácter fantasioso e infantil de su hija, de lo propensa que había sido su mujer a fugas y escapatorias. Lo achacaban a la lectura de novelas, a la televisión, al cine, a las malas compañías… «Desde luego, usted fue el único que se atrevió a presentarse con ella», afirmó la madre, mirándole con ojos agradecidos y tiernos.

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1.581 – Retirada

alonso-ibarrola2-300x200 La larga fila de soldados cruzaba la estepa rusa, totalmente cubierta de nieve. El frío era terrible y el viento azotaba sin piedad los rostros de millares y millares de soldados, que de dos en fondo, se batían en retirada. La fila se perdía en el infinito y caminaba lenta, muy lentamente. De vez en cuando, un desgraciado caía en redondo, junto a la fila, muerto de fatiga, de hambre, de frío. Nadie se inmutaba, nadie le socorría. La fila seguía inexorablemente su marcha. Un soldado, bajo de estatura, abandonó momentáneamente la fila y se arrodilló para apretarse las cintas de sus botas. Terminada la operación, quiso integrarse en la fila, pero los compañeros se lo impedían. «Atrás, te pones en la cola…!», le gritó uno. Tuvo que esperar catorce horas para agregarse a la cola de la larga fila. Ya para entonces se le habían congelado los dos pies.

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1.575 – En el coche

alonso ibarrola La pareja estaba fuertemente abrazada en el interior del coche, en una carretera secundaria, en la periferia de una gran ciudad. Tan ensimismados estaban que los individuos tuvieron que pegar con fuerza e insistencia en las ventanillas para que se percataran de su presencia. Brutalmente los sacaron de su interior. La muchacha se resistió propinando mordiscos y puntapiés. Al final, semi inconsciente, tuvo que ceder… El muchacho, cauto y temeroso, no ofreció resistencia y cedió ante el capricho de un fornido sujeto. Una hora más tarde, en casa de los padres de la muchacha, contaba la acordada y manipulada versión de los hechos. «El, pese a lo ocurrido a ella, estaba dispuesto a casarse». Los padres, compungidos, acariciaron con ternura a la muchacha y dieron gracias a la Providencia por aquel hombre que les tocaba en suerte. Su hija jamás contó lo sucedido enteramente aquella noche…

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1.563 – La píldora

alonso ibarrola La mujer recogió la mesa y ayudó a sus nueve hijos a la hora de acostarse. Rendida y fatigada se dirigió a la cama, en la que ya se encontraba su marido hacía rato leyendo una novela. Apagaron la luz y se abrazaron. De repente, el hombre, como picado por un escorpión, se incorporó y preguntó: «¿Te has acordado de tomar…?». Ella dudó, terminó respondiendo afirmativamente, pero él, receloso, se alzó, se dirigió a la cómoda, localizó la caja, contó el número de píldoras anticonceptivas, comprobó el día y más tranquilo, volvió al lecho matrimonial. Ya para entonces, su mujer se había dormido. Pero la despertó…

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1.550 – Primera Comunión

alonso-ibarrola2-300x200  Teresina se mostraba muy nerviosa y era natural. Todos los niños experimentan lo mismo, días antes, cuando van a hacer su Primera Comunión. Y llegó el día, y a la niña la vistieron de blanco, como si fuera una novia. Radiante estaba Teresina y su madre, y sus abuelos, y sus tíos y demás parientes por parte de madre. Todos juntos, en varios coches, se dirigieron a la iglesia parroquial. La ceremonia resultó muy emotiva, el fotógrafo hizo las fotos de rigor y luego se fueron todos a casa, para celebrar el hermoso día en torno a una copiosa mesa donde no faltó el espumoso. Casi todos los niños, al final de la jornada, suelen sentir una enorme pena cuando se desprenden del traje de su Primera Comunión. El día feliz ha terminado. Pero Teresina fue a la cama, feliz, rendida y contenta. Sabía que el domingo siguiente celebraría su Primera, mejor dicho, Segunda Comunión, con su padre, sus abuelos, sus tíos y demás parientes por parte de padre. En otra iglesia, con otro sacerdote, pero siempre con seres queridos. Y volvería a repetir el almuerzo en casa de su padre, con sus abuelos… Y volvería a recibir muchos regalos. Le preocupaba solamente una cosa: ¿Se repetirían los regalos? ¿Su padre y su madre se habrían puesto de acuerdo? ¿Sus abuelos habrían hablado antes? ¿Y los tíos? ¿Y los padrinos? La madrina era hermana de su madre y el padrino hermano de su padre. Desde cuando sus padres se habían separado, jamás supo si se hablaban entre ellos. La verdad es que tampoco le había importado mucho. Y llegó el día tan esperado. Y de nuevo volvió a comulgar, por vez segunda, con el mismo traje de la primera vez y sus zapatos blancos. Y de nuevo cortó en casa de su padre la tarta. Y todos aplaudieron. Cuando el lunes regresó al colegio y contó a sus compañeros y compañeras de clase lo de su segunda comunión, todos sintieron envidia de Teresina. Y muchos niños, al volver a casa de sus padres, se sintieron frustrados al verles juntos viendo la televisión, sin hablarse casi siempre… De todos modos, era lo mejor que podían hacer, porque cuando abrían boca era para iniciar una de sus habituales discusiones, interminables y desagradables. Y más de un amiguito de Teresina envidió a ésta y deseó fervientemente que sus padres se separaran de una vez por todas… Para algunos era la primera cosa que le pedían a Dios.

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1.479 – El falso Maestro

alonso-Ibarrola2 Dirigióse el falso Maestro, seguido de algunos incautos discípulos, al pueblo más próximo. Una vez en la panadería, el falso Maestro pidió una barrita de pan… » ¡ Paga!», ordenó perentorio al discípulo más próximo a él. Este pagó sin rechistar. Una vez en la calle, una turba comenzó a seguirles. «¡Maestro!» –exclamó con voz triunfante un paralítico de aspecto andrajoso y desnutrido—. » iUna palabra, una sola palabra y..!». El falso Maestro no pronunció palabra alguna y apartó hacia un lado al inoportuno. La turba se sintió defraudada y empezó a lanzar piedras y guijarros al falso Maestro y sus discípulos, que con las túnicas levantadas hasta las rodillas corrieron cuesta abajo, alejándose del pueblo… Jadeantes y sedientos llegaron hasta un pozo donde una campesina de sano aspecto y atractivo rostro llenaba su cántaro de agua fresca… «¡Dame de beber!» –exclamó el falso Maestro–. Como quiera que la campesina se resistiera, el falso Maestro le arrebató el cántaro por la fuerza al mismo tiempo que ordenaba: «¡Ultrajadla, violadla!». Una vez cumplida su misión, el falso Maestro y los discípulos llegaron a orillas de un lago. Propinaron una tremenda paliza a un pescador que se negó a prestarles su embarcación y montaron en ella. Una vez mar adentro se desató una terrible tormenta. «¡Maestro, sálvanos, que perecemos!», gritaron los discípulos ante las encrespadas olas, los vaivenes y bandazos de la embarcación… «iY quién os ha dicho que yo sea el Maestro?», gritó el individuo con voz de trueno. Minutos más tarde zozobró la embarcación y perecieron todos sus ocupantes ahogados. Uno de los discípulos tuvo fuerzas, ánimo y valor, antes de ahogarse, para exclamar: «¡Ánimo, Maestro, unos pasitos…!».

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1.465 – El alba

alonso ibarrola Me resulta difícil conciliar el sueño. Me pongo a pensar en la hora de mi muerte y llega el alba. Un día más, me digo con gran satisfacción. No quiero que la muerte me sorprenda durmiendo. Quiero saber realmente cómo llega.

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