1.423 – Descubriendo a Newton

Miguel Pereira Rodrigo Hasta chocarse con una pila de maderos, sobrevolar el muro en un eterno predecir dolores y colisionar de forma brusca sobre un suelo de tierra árida, Bruno no entendió la «Ley de la Inercia» postulada por Newton. No obstante resultó más hiriente comprobar como la gravedad atrajo a la bicicleta, que suspendida en el aire, cayó sobre su frente con esa exactitud tan característica de la ciencia.

Miguel Pereira Rodrigo
Cadena SER. Ganador del 27/09/2012

1.422 – El circo de los recuerdos

xavier blanco 1 El circo emergía cuando el verano angostaba. Aparecía sin música ni elefantes. No había magia, tampoco equilibristas. El público acarreaba sus propias sillas hasta la plaza y, como no tenía carpa ni pista que montar, la función se representaba en la calle. Los vecinos participaban facilitando los animales: una cabra, un conejo y un par de gallinas. Tío Anselmo, el gaitero, se soltaba con alguna salmodia, y Marcial, el alguacilillo, relataba historias tristes de otros tiempos. Nadie oficiaba de maestro de ceremonias y nunca se escucharon risas ni ovaciones. Decían que el mejor número era uno protagonizado por fantasmas, pero ningún ser humano pudo verlo. Las campanas tañían a muerto y, finalizada la función, la compañía se evaporaba. Sin música, sin aplausos, sin nada, y marchaban por el mismo camino por el que nunca vinieron.

Xavier Blanco
http://xavierblanco.blogspot.com.es/

1.421 – Mary tenía un corderito

alejandra d o2 Supo que lo suyo estaba sentenciado cuando él se fue a dormir al cuarto de invitados.
No le hacían falta las palabras, pero él insistió en justificar su decisión: «Es que tengo que descansar. Vienen días muy duros…»
Mientras trataba de conciliar al sueño con su desasosiego, a modo de ovejas, contó cada una de las noches de los últimos años.
Noches en las que se había acostado a su lado en esa misma cama, ahora medio llena, mientras hacía esfuerzos imposibles por mantenerse en vela, hasta conseguir un insomnio crónico.
Todas esas noches en las que él se apretaba fuerte contra su cuerpo, dejándole caer el brazo sobre la cintura, al tiempo que le musitaba al oído:
— Róncame más, mi amor…
Y ella, afinando el resoplo hasta el amanecer, sin atreverse a dormir, temiendo no roncar lo suficiente…

Alejandra Díaz Ortiz

 

http://alejandradiazortiz.wordpress.com/2012/10/20/mary-tenia-un-corderito/

1.420 – Tila

federico fuertes guzman5 Mojo mi magdalena en la tila una y otra vez. Los recuerdos de mi infancia aparecen con claridad. Soy el mejor del equipo del colegio, del instituto, de la universidad. Varias veces elegido mejor jugador. Llega por fin el gran contrato, el gran equipo, los titulares y las damas de compañía. Llega la selección nacional y los himnos. Llegan partidos intensos, llega la final del campeonato del mundo, llega el último segundo, el empate, el penalti que nos hará reyes o villanos…
Aquí termina el efecto de la tila. Por más que mojo y remojo nuevas magdalenas no consigo recordar si soy el lanzador que anota el tanto definitivo o el portero que detiene el balón.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. libros,2008

1.416 – La explicación

cientifico Con esa exactitud tan característica de la ciencia, lo que no flota, se hunde sin remedio; lo que no vuela, cae al suelo. La energía, pura o no, nunca se destruye, pero sí se transforma. Y mucho. Y se convierte en otra cosa. Y aunque la recta tiene una dirección, no olvidemos que también posee dos sentidos. De ida, y de vuelta. Todo lo que sube, baja; lo que entra, sale. Y lo infinito sólo está en el cielo. Sólo. Por inercia, todo se mueve o reposa. Y la inercia, créeme, es lo peor. Vamos, para que me entiendas, que he dejado de quererte. De corazón y científicamente.

Miguel Ángel Flores Martínez
Relatos en Cadena. Cadena SER.  Ganador del mes . Octubre 2012

http://www.eternidadesypegos.blogspot.com

 

 

Ilustración: http://harotecno.wordpress.com/2012/10/24/webquest-ciencia-y-tecnologia/

1.415 – Adorada cortesana

juan jose flores La joven amante aguarda al rey con impaciencia. Un mes dura ya la separación, desde que él partiera de improviso, para alejarse de la corte y vivir como un eremita, maldiciendo su destino. La distancia no ha hecho sino encumbrar el recuerdo, acrecentar el amor. «Si sabes complacerle, te cubrirá de oro, pero no sueñes con que te convierta en su nueva reina», le habían advertido otras cortesanas, antes de que ella le conociera y se enamorara. ¡Cómo ha echado de menos las caricias de la primera noche! Sin embargo, corren extraños rumores sobre el rey. Dicen que ha enloquecido por culpa de un dios, que no quiere ver a nadie, que se ha vuelto huraño y rehúye por igual a los sirvientes y a los consejeros más leales. Nadie consigue acercarse a él. No obstante, parece que le han convencido para que vuelva, para que de nuevo ocupe el trono que había aborrecido. Hoy ha regresado por fin a palacio y la cortesana se ha ocultado en la alcoba real para esperarle. Se lanzará a sus brazos sin que él pueda impedirlo, le entregará su cuerpo dorado para rescatarle de su nefasta locura. Ya se oyen sus pasos, ya se entreabre la puerta, que de pronto resplandece ante los ojos de la muchacha, como tocada por la magia. » ¡Oh Midas! –exclama la joven– ¡Mi amado rey Midas! No anhelo tu trono ni tu oro, sino tu amor. Abrázame y hazme sentir eterna.»

Juan José Flores

 

http://www.juanjoseflores.net/