En un circo pobre cada artista tiene que cumplir varias funciones. Si nos fijamos bien, sin dejamos engañar por el cambio de traje y maquillaje, veremos que muchos tratan de aprovechar sus habilidades en varias suertes. Por ejemplo, la equilibrista es la ecuyere, los acróbatas son contorsionistas, el director del circo es el boletero y también el mago (ante el público, ante los acreedores). Algunos son más difíciles de descubrir, porque eligen papeles muy distintos entre sí, como la trapecista que hace de mono amaestrado (o al revés), los elefantes que trabajan de acomodadores, los payasos convertidos en aro de fuego. Pero la prueba más difícil es la del domador, que es también el tigre, cuando tiene que meter la cabeza adentro de su propia boca.
Autor: carlos
1.433 – Computadora
1.432 – El destino y yo
Mi vida se desarrollaba a treinta pasos por minuto. A esta velocidad no conseguía demasiadas cosas: llegaba a los bares dos segundos después de que una pareja ocupara la última mesa libre, veía a un señor que pagaba en caja el último abrigo de color negro que quedaba de mi talla y me conformaba con oler el croissant que una respetable dama compraba en la pastelería antes de que retirasen la bandeja hasta la siguiente hornada.
Desde que entró la primavera aceleré mi velocidad hasta cuarenta pasos por minuto. Llego siempre a tiempo y son otros los que quedan frustrados pero no puedo dejar de mirar atrás pensando en los zarpazos o las caricias que mi destino, el de un hombre de treinta pasos por minuto, me tenía reservados. La distancia se agranda día a día y voy perdiendo su rastro a una velocidad de diez pasos por minuto.
Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. libros,2008
1.431 – Amnesia
Soy incapaz de reconocer al hombre que me mira desde el espejo, ni tampoco al hombre más joven en las fotos que esa mujer me muestra. En algunas aparezco junto a ella, siempre abrazados. La observo de reojo calibrando las formas bajo el vestido, sigue siendo atractiva. La mujer me besa, parece conocerme bien. Sin embargo, cuando hacemos el amor y aprieto su cuello delicado, sus ojos me miran como si fuera un extraño.
Rosana Alonso
Los otros mundos. Edit. Talentura, 2012
1.430 – Al punto
Mientras el señor de la mesa cuatro elige su menú, ignora que en la cocina Everardo acaba de matar a Roco, el gerente en turno, sospechoso de ser el objeto de los excesos clandestinos de Lupita, la camarera. Por las noches, su mujer.
El cliente de la tal mesa se decide por una ensalada y un lomo al punto, tras un breve intercambio de sugerencias con la mujer que le acompaña:? ¡Pero, María! ¿Cómo es que piensas pedir pescado? Date cuenta que estamos en la parrilla de las mejores carnes de la ciudad. No sé cómo o qué les echarán, pero ya me gustaría a mí saber su secreto, porque mejores no he comido…
Él ignora que Lupita, la recién ascendida al cargo de «gerente emergente en funciones», está ordenando, en ese momento, que metan a Roco a la cámara frigorífica. Que limpien la sangre del suelo y que atiendan la última comanda. La de la mesa cuatro.
Everardo, el pinche convertido en inesperado cocinero en jefe, apenas y se atreve a mostrar a su nueva jefa la hoja de existencias. Con la cabeza gacha, extiende una temblorosa mano que sostiene el papel en el que, precisamente, se indica que lomo de buey es lo que no hay. Lupita, impasible, deja caer su mano sobre la tabla de picar, justo sobre el arma del delito.
¡Supremo!, declara el cliente, satisfecho al ver su kilo de carne en el centro de la mesa. Al tiempo que se deleita con una buena tajada, insiste a su compañera de mesa:
— ¿Lo ves, hermosa?… Mira si la carne es fresca en este lugar… Fíjate en las manchas de sangre que lleva la chica en el delantal… ¡Hasta parece que acaban de matar al buey!…
Alejandra Díaz Ortiz
http://alejandradiazortiz.wordpress.com/category/cuentos-del-terror/
1.429 – Costurera de medianoche
—Con cuidado para que no se les caigan los alfileres. Una vez hecho el hilván se sacan, pero sin olvidar ninguno. No queremos que la señora se pinche, ¿no?
La señora era un alma caritativa que recogía a abandonados del destino, como ella, y les daba trabajo, techo y comida, sin pedir nada a cambio. ¿Que no pagaba tampoco? Sí, es cierto, pero una tenía colchón y un plato caliente. ¿Que el plato era de restos y el colchón, viejo? Sí, puede ser, pero era algo. ¿Que la jornada empezaba a las seis y pasaba de medianoche? Y bueno, no tenía otra cosa que hacer.
—No, claro que no queremos.
Karina Echevarría
Relatos en Cadena. Cadena SER. Ganador del 13/12/12
1.428 – Grandes ideas
1.427 – Pandemia
Los médicos aseguran que es una nueva enfermedad. Es como un virus: está en todas partes, lo inunda todo y no se ve. Por eso, aunque aún no ha llegado la primavera, la gente se echa a la calle y las parejas se aman en cualquier rincón; los niños corren y lanzan sus risas al aire helado de enero; los operarios en las fábricas silban canciones que habían olvidado. Los gobernantes observan lo que ocurre e imponen el toque de queda y el uso de mascarilla, pero es inútil. La confianza ha espantado las sombras que mantenían a la población acongojada y, de repente, todo es posible.



