Siempre me torcía el mismo pié -el izquierdo-, y me hubiese gustado alternar alguna vez y no cojear siempre del mismo pié.
Autor: carlos
1.872 – Un solo fallo
Mira un burro volando: miro, pero no veo nada.
Te vas a manchar con el helado: miro y una gota ha saltado sobre mi camisa.
Se va a caer el vaso: miro y mi hermano ha dado un manotazo que ha roto en mil añicos el último vaso de nuestra herencia.
Como sigas así vas a suspender: sigo así y suspendo. Todas las observaciones de mi madre se cumplen como las de un oráculo. ¿Por qué no la primera? ¿No será que mis ojos no llegaron a tiempo para ver el equino que, con las alas recién crecidas, surcaba el aire con ansias de libertad?
Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes.E.D.A.libros.2008
1.871 – Mirando al mar
Al echarle un vistazo al análisis, ha visto que tiene el colesterol por encima de doscientos setenta. Demasiado alto. Y eso a pesar de la medicación. Además, de un tiempo a esta parte ha subido de peso y ahora todavía se gusta menos cuando se mira en el espejo.
Arturo se prometió para este nuevo año que empezaría a hacer algo de deporte, que se compraría un perro y que por fin le diría algo a Marga. Marga vive en su mismo descansillo, es soltera, madre de un chiquillo que es un terremoto, y le tiene totalmente embobado, con su larga coleta y el vaivén de sus caderas. Pero a día de hoy, y ya ha pasado más de un mes desde sus nuevos propósitos, no ha hecho nada de nada.
Le encanta leer novela policíaca, hacer sus pinitos en la cocina y echarse la siesta los días que el trabajo se lo permite. Es oficinista en una gestoría. Solo sale los sábados, siempre con sus cuatro amigos de la infancia, y bebe ron con cola light. Es de masturbase una vez por día, sin excepción, aunque muchas veces lo hace sin ganas.
Ayer domingo se pasó un buen rato mirando fijamente el cuadro que su hermano Juan le regaló estas navidades pasadas. Supuestamente es la copia de una marina famosa. Expresionismo, le dijo Juan al desenvolverlo y entregárselo. Y no creas que me ha costado barato. Concluyó. En una de las pocas visitas que le hicieron Juan y su mujer el año pasado, su hermano, con el que de críos se llevaba mejor de lo que se lleva ahora, se fijó en las paredes vacías del salón y decidió comprarle un cuadro para vestirlas. Arturo supone que Juan vio soledad, en lugar de unas simples paredes vacías.
Raúl Ariza
La suave piel de la anaconda. Ed. Talentura. 2012
http://elalmadifusa.blogspot.com.es/
1.870 – rayuela.com
¿Encontraría a la e-Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo desde Google, a la página de contactos, y apenas si las luces ceniza y olivo del banner que flota sobre la pantalla me dejaban distinguir las formas, ya su silueta delgada aparecía en el interior de la webcam, a veces andando de un lado para otro, a veces detenida, sentada en uno de sus confortables sillones. Y era tan natural sentarme en el escritorio, esperar a que se despertara y acercarme a la e-Maga, que sonreía sin sorpresa, convencida de que un encuentro entre internautas era lo menos casual de nuestras vidas y que la gente que se da citas precisas a través del Messenger es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes.E.D.A.libros.2008
1.869 – Jus primae noctis
El señor feudal era un hombre alto, delgado y anguloso, de modales refinados. Los recién casados lo miraron azorados, con un pavor no exento de respeto.
-Vengo a reclamar mis derechos -dijo el señor suavemente-. La primera noche me pertenece.
Los aldeanos no se atrevieron a replicar. El blanco caballo sin jinete que se encontraba junto al del barón piafó. El soldado que lo sujetaba de las riendas le acarició el pescuezo para calmarlo. El señor feudal sonrió.
-Vas a venir conmigo al castillo, pichoncito -dijo-, verás que te va a gustar.
Acto seguido obligó a su corcel a dar la media vuelta y se alejó en dirección del fuerte señorial, no sin antes haber hecho una seña a sus guardias.
Los soldados sujetaron al novio y lo montaron en el caballo blanco. La novia se quedó llorando en la aldea.
Manuel R. Campos Castro
De mil amores. Antología de microrrelatos amorosos. Thule ediciones.2005
1.868 – La alienación/2
Creen los que mandan que mejor es quien mejor copia. La cultura oficial exalta las virtudes del mono y del papagayo. La alienación en América Latina: un espectáculo de circo. Importación, impostación: nuestras ciudades están llenas de arcos de triunfo, obeliscos y partenones. Bolivia no tiene mar, pero tiene almirantes disfrazados de lord Nelson. Lima no tiene lluvia, pero tiene techos a dos aguas y con canaletas. En Managua, una de las ciudades más calientes del mundo, condenada al hervor perpetuo, hay mansiones que ostentan soberbias estufas de leña, y en las fiestas de Somoza las damas de sociedad lucían estolas de zorro plateado.
Eduardo Galeano
El libro de los abrazos. Editorial Siglo XXI.2009
1.867 – El descanso eterno
Había llevado una vida bastante penosa, precaria, de trabajos serviles, de desgracias familiares. En su lecho de muerte su rostro reflejaba todas estas amarguras y, sobre todo, un infinito cansancio. Dejó dicho que en su tumba grabaran el siguiente epitafio: «Por favor, no me resuciten».
Jose Antonio Ayala
Chispas. Editora Regional. Murcia.2005
1.866 – Opus 8
—Júrenos que si despierta, no se la va a llevar -pedía de rodillas uno de los enanitos al príncipe, mientras éste contemplaba el hermoso cuerpo en el sarcófago de cristal-. Mire que, desde que se durmió, no tenemos quien nos lave la ropa, nos la planche, nos limpie la casa y nos cocine.
Armando José Sequera
1.865 – Mecánica de las novelas
Al abrirse la portada del libro sonó la alarma.
Todos los personajes tomaron posiciones mientras el prologuista entretenía al lector, que no tardó en doblar la esquina del primer capítulo. Allí apareció el héroe de la historia recolocándose todavía la vestimenta ante lo imprevisto de la lectura.
Una vez más, recitó de memoria su papel sin dejar de mirar de reojo el borde de la página, desconfiado de que el siguiente figurante estuviera preparado para hacer su entrada.
No hubo ningún problema. Nada más adentrarse en la próxima hoja apareció el villano exponiendo sus intereses, siempre antagónicos a los del que acababa de abandonar el escenario que componían aquellas dos páginas abiertas del libro.
Ante lo extenso y elaborado del discurso el resto de los intérpretes respiraron aliviados, teniendo tiempo de vestirse como era debido, repasar sus papeles e incluso fumarse algún que otro pitillo para aplacar los nervios.
En el momento en que el bellaco estaba a punto de abandonar el marco de la lectura, el autor ya había ordenado correctamente a todos los actores lanzándolos a escena como el que empuja paracaidistas desde un avión.
Uno tras otro, fueron desarrollando la historia que acabó otra vez con la muerte del rufián a manos del héroe.
Apenas cerrado el libro, cuando el elenco todavía estaba felicitándose por la enésima representación de la novela, el prologuista dio la voz de alerta. Alguien había abierto de nuevo la portada del libro.
Ginés S. Cutillas
Los microrrelatos de La nave de los locos. Ed. Cuadernos del vigía. 2010
1.864 – Instrucciones
Alba y Rafael habían estado casados muchos años. Llegados a la vejez, Rafael advirtió que, durante toda la vida en común, su mujer se había relacionado con él emitiendo constantes instrucciones. Las cosas que debía hacer, las que no había hecho y las que había cumplido sin satisfacer a su cónyuge se transformaban en instrucciones precisas y ásperas, recibidas por él como descargas eléctricas. «Haz esto», «No hagas aquello» y «No lo hagas así» eran las fórmulas básicas. Rafael no osaba decir nada por miedo a que Alba le respondiera con un conjunto de instrucciones para quejarse. Sólo una vez dejó traslucir sus sentimientos. En el desván encontraron su cadáver con un papel prendido en la solapa, en el que había escrito: «¿Está bien así?».