1.913 – Celos

federico fuertes guzman4  El caballo empuja y empuja a la de su misma especie que tiene debajo, pero mira y mira a la de especie diferente que, con su sombrilla y su vestido blanco, observa con tristeza el acto caballar desde la barrera de madera. Los dos sueñan con un lejano país en el que los centauros sean el producto natural del amor surgido entre jóvenes a los que sus diferentes líneas evolutivas han condenado al bestialismo amoroso. El marido, por concluir la historia dando una tercera visión, tiene renombrado prestigio como jinete y como celoso.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes.E.D.A.libros.2008

1.912 – Apalabrados

latinpost-2013-05-psicologo  Como de costumbre el doctor colmó sus expectativas con esa profusa atención que testimoniaba su fruncido entrecejo, su camisa escrupulosamente abotonada, el impecable nudo de la corbata y ese nervioso garabatear con el que había tomado notas mientras él hablaba.
–Los sueños son como los bailes de máscaras –empezó diciendo –.Nadie es quien aparenta ser.
Lucas compuso una media sonrisa de incomprensión.
–Le pondré un ejemplo –continuó –. El abad asesinado que aparecía en su sueño nos señala su rechazo inconsciente a la boda en ciernes con… ¿María se llama su futura esposa?
Asintió con la cabeza.
–El pulpo representa los obstáculos que ha encontrado durante los preparativos. El tiburón volador en realidad es alguien por quien se siente amenazado; probablemente el exnovio de María.
–¿Y el buitre? –preguntó.
El psicólogo se llevó la punta del lápiz a la barbilla y se quedó pensativo durante unos segundos.
–No lo sé –contestó al fin –.Esa máscara era realmente buena.
Luego volvió al crucigrama que disimulaba dentro de su libreta. Incauto, que se deja estafar fácilmente. Ocho letras : «pardillo».
–Si pasa al mostrador María le cobrará, señor Lucas.
Como siempre, al despedirlo, desplegó sus brazos para darle un afectuoso achuchón.

Juan Antonio Vázquez
http://estanochetecuento.com/78-apalabrados/

Ilustración: Charles M. Schulz

1.911 – Ruptura

jose_antonio_ayala  -¡Sinvergüenza! -me dijo.
Era un gran avance. Mi futuro suegro nunca me había dirigido la palabra hasta ese momento. Pero cuando entró en el salón de su casa y vio a su hija con la falda remangada casi por completo y con los dos pechos al aire, pensó lo peor y me lanzó el insulto antedicho. Yo, la verdad, no sabía lo que hacer ni lo que decir. No se me ocurría ninguna excusa, como que estaba revisándole un hematoma o algo parecido. Entonces dije lo primero que se me vino a la cabeza. Dije: «quiero a su hija y deseo casarme con ella y que sea mía».
Yo, en realidad, ni la quería ni la dejaba de querer, pero pensaba que le debía esta reparación aunque, al hacerla, hipotecara mi vida. Mi futura suegra, que entró en ese momento en la estancia, aprovechó la coyuntura y me dijo que contaba con su bendición si era formal y responsable con su hija. Pero, mi futuro suegro seguía sin apearse del burro. -¿Este formal y responsable? .dijo-. Éste lo que es es un indeseable.
Hubiera podido convencerlo; soy bastante persuasivo y la hija no tenía tantos pretendientes. Pero pensé en qué era lo que podía causarle más daño y creí que serían las recriminaciones de la madre y de la hija (no sé por cuanto tiempo) por no haberme cogido la palabra. Se imponía, pues, una ruptura sin paliativos.
-Es usted un hijo de puta que ha truncado mi futuro -dije-. Y salí orgullosamente de la casa para no volver más.

Jose Antonio Ayala
Chispas. Editora Regional. Murcia.2005

1.910 – Ángel de luz

angel-guarda255  “Mamá está en mi cuarto”, le dije a mi hermana. “Dice que quiere hablar contigo, que vayas.”
Mi hermana me miró con lástima, aunque también con reproche. “No puede ser”, me contestó. “Mamá está muerta”. “Ya lo sé, pero ahí está. Ven a ver”.
“Bueno, está bien. Vamos”.
Y atravesamos la pared cogidos de la mano.

Agustín Monsreal

1.908 – Estampa antigua

julio torri  No cantaré tus costados, pálidos y divinos que descubres con elegancia; ni ese seno que en los azares del amor se liberta de los velos tenues; ni los ojos, grises o zarcos, que entornas, púdicos; sino el enlazar tu brazo al mío, por la calle, cuando los astros en el barrio nos miran con picardía, a ti, linda ramera, y a mí, viejo libertino.

Julio Torri
De mil amores. Antología de microrrelatos amorosos. Thule ediciones.2005

1.907 – Las dos ranas

DinoSegre  Dos ranas que iban de paso cayeron en un recipiente lleno de leche. Después de llevar a cabo algunas tentativas para salir, una de ellas dijo:
—Las paredes son demasiado lisas; tienen una inclinación de 45 grados; la fuerza de propulsión de mis patas forman un paralelogramo en el cual A más B, multiplicado por C… dividiendo luego el producto por el logaritmo de… Sin contar con que Arquímedes ha dicho: Dos moi pu sto, kai kino ten ghen* y no tenemos punto de apoyo en esta materia fluida…
Como su compañera no daba muestras de creer en sus palabras, sacó la regla de cálculo y realizó operaciones complicadísimas, que demostraban que toda tentativa de salir estaba matemáticamente destinada al fracaso. Después se metió en el bolsillo la regla de cálculo y, con la pasividad de un estoico, se dejó morir.
La otra rana no escuchó sus explicaciones científicas y eruditas e hizo los movimientos más absurdos, más irracionales, violando todo lo que la matemática, la física y la mecánica han establecido. A fuerza de realizar toda suerte de movimientos desordenados, la leche se condensó bajo sus patas, y el animal se encontró apoyado sobre una pella de mantequilla, desde la cual fue fácil dar un salto.
La primer rana era una rana macho, la segunda una rana hembra.

Dino Segre (Pitigrilli)

*Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo

1.906 – El perro

alonso-Ibarrola32  Día tras día, año tras año, en la misma esquina. El ciego tocando un desafinado violín y su perro sosteniendo con sus dientes un sombrero, donde niños y mayores, conmovidos, arrojaban algunas monedas al pasar. Cuando sonaban siete campanadas se retiraban a su casa. El perro le guiaba por calles y plazas hasta llegar a la mísera vivienda donde transcurría su vida en solitario. Un día el ciego murió. Se percató del hecho una piadosa vecina, al no verles salir por la mañana como era habitual; luego el perro que ladraba y ladraba… Se llevaron el cadáver al cementerio y el perro fue conducido a la perrera, en espera de poder confiárselo a otro invidente necesitado de asistencia. Días más tarde se descubrió -hecho, por desgracia, bastante frecuente- que el difunto ciego guardaba en su colchón miles de billetes. Mayor fue la sorpresa al saberse que el perro, por su parte, ocultaba en su madriguera, bajo unos mugrientos cojines, que despedían un hedor infame, varios cientos de monedas, que se supone sustraía furtivamente del sombrero de su difunto propietario. Es por ello que fue eliminado en una cámara de gas especial para animales.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.905 – Poo de Llanes *

alejandra-diazortiz23  No, no pensaba en él.
Le pareció algo impúdico pero, perdida en aquella playa donde cualquier sentido se extraviaba, en lo único que podía pensar era en las manos de Francisco, el cocinero que tanto placer le daba hasta tres veces al día.
Por el aroma sabía que en ese momento estaba en la cocina del pequeño hotel Rocamar, lavando las fabes que la noche anterior había dejado remojando en agua fría. Casi alcanzó a oír el ruido de las legumbres al caer dentro de la tartera en las que serían cocidas con otro tanto de agua, ajo, cebolla picada, azafrán tostado y un generoso chorro de aceite de oliva.
No, no pensaba en él.
Pensaba en las almejas bien frescas, que tras un hervorín serían, junto con un sofrito de ajo, cebolla y pimentón, esmengadas con las fabes. Mientras tanto, la espera la mojaba con el vino que, amable, le acercaba Patricio, el hombre de la sonrisa franca.
A lo lejos, entre el mar y la saudade, atisbaba a Eva y Ana pintando las mesas de azul. Aquello le anunciaba el momento de la entrega. Su estómago dio un respingo.
Entonces sí, pensó en él.
Lamentó su prematura huida. De haber detenido el mar un poco más, se habría quedado, como ella -y con ella-, embrujado, tras relamerse las heridas con ese mágico manjar convertido en fabes con almejas…

Alejandra Díaz-Ortiz

* Al placer de Carlos…

1.904 – Utilidad de los aeropuertos

DAVID LAGMANOVICH  Los aeropuertos son grandes lugares de encuentro. Se topan allí el psicoanalista con el ex paciente que sostiene la innata estupidez de Freud, el torturador con la hija de una de sus víctimas y, sobre todo, la divorciada con su ex marido y la nueva pareja de él. No se sabe si van juntos a alguna parte, pero no cabe duda de que se encuentran y sonríen. Los asesinatos pueden esperar.

David Lagmanovich
Los cuatro elementos. Ed Menoscuarto. 2007