Los héroes deben permanecer solteros

marco_deneviTerrible. Terrible ha de ser para Teseo encontrarse diariamente con la mirada de su mujer Ariadna. Con esa mirada que le pregunta: ¿Y? ¿Cuándo volverás a matar otro Minotauro? ¿Ya se te acabó la cuerda? ¿Me casé con un héroe o con quién? ¿Así que esto era el matrimonio?
Cómo hacerle entender que los Minotauros no abundan y que, en todo caso, uno no está dispuesto a matar todos los días un monstruo.

Marco Denevi

Carrusel aereo

jose maria merino¿De modo que también han retrasado su vuelo? Pues entonces tenemos tiempo de sobra. Ya le dije que yo he sufrido muchas de estas huelgas. Había pasado varias cuando en una de ellas, esperando la oportunidad de la salida en el aeropuerto de Pamplona, conocí a Judith, una barcelonesa que trabaja en asuntos parecidos a los míos. Nos caímos bien y fuimos intimando, nos hicimos lo que se pudiera llamar novios, y el puente aéreo nos unía los fines de semana. Después de un tiempo, cuando parecía claro que estábamos hechos el uno para el otro, una de estas huelgas retrasó nuestra cita durante más de un día. Tuve que pasar demasiadas horas solo en el aeropuerto, pero allí estaba Milagros, una malagueña profesora de francés. Simpatizamos, y conocerla me hizo reflexionar sobre mi proyectado matrimonio con Judith. Después del verano, ya salía con Milagros. También nos veíamos sólo de vez en cuando, pero esos amores tienen siempre mucho incentivo para vivirlos. La cosa había cuajado entre nosotros, y yo preparaba mi viaje para conocer a su familia, cuando otra huelga me retuvo en Barajas. Entonces conocí a Alma, una jovencísima bióloga sueca. ¿Usted ha oído hablar del flechazo? Fue eso, exactamente. Me encontraba con Alma mucho menos de lo que lo había hecho con las otras, pero lo nuestro sí que era pasión, sobre todo en vacaciones. Precisamente unas vacaciones interrumpió mi encuentro con Alma una de estas dichosas huelgas, y ella debió de conocer a alguien más interesante que yo mientras esperaba, el caso es que cuando nos vimos me dijo que lo nuestro quedaba cancelado. Estuve sin novia una temporada, pero otra huelga me hizo pasar unas cuantas horas en el bar con una gallega de nombre Margariña. Mi corazón se enamoró otra vez, qué quiere que le diga, y mi viaje de hoy es para buscar piso, porque estoy pensando trasladarme a Pontevedra y casarme con ella. Antes eran los dioses, hoy son esos pilotos. Cambia la cara, pero siguen siendo las manos del destino. Menos mal que la espera se hace muy agradable, y hasta se agradece, cuando uno tiene la suerte de conocer a una mujer tan guapa y tan simpática como usted.

José María Merino

Un justo acuerdo

jacobs_barbaraPor diferentes delitos, la condenaron a cadena perpetua más noventa y seis años de estricta prisión.
Como era joven, los primeros cincuenta los pasó viva. Al principio no faltó quien la visitara; en varias ocasiones concedió ser entrevistada, hasta que dejó de ser noticia. Su rutina sólo se vio interrumpida cuando, durante los últimos años y a pesar de que las autoridades la consideraron siempre una mujer sensata, fue confinada al pabellón de psiquiatría. Ahí aprendió cómo entretenerse sin necesidad de leer ni escribir; acaso ni de pensar. Para entonces ya había prescindido del habla, y no tardó en acostumbrarse a la inmovilidad. Al final parecía dominar el arte de no sentir.
Cuando murió la llevaron, en un ataúd sencillo, a una celda iluminada y con bastante ventilación, donde cumplió buena parte de su condena: a lo largo de este período, el celador en turno rara vez olvidó de llevarle flores, aunque marchitas, obedeciendo la orden, transmitida de sexenio en sexenio, de mantenerla aislada, si bien no por completo.
Hace poco, debido a razones de espacio, las autoridades decidieron enterrarla; pero, con el fin de no transgredir la ley y de no conceder a esa reo ningún privilegio, acordaron que el tiempo que le faltaba purgar fuera distribuido entre dos o tres presas desconocidas que todavía tenian muchos años por vivir.

Bárbara Jacobs

La ruptura

david_lagmanovich_jmv-Vengo a decirte que me he dado cuenta de que he dejado de quererte -dijo Viviana apenas entró en la oficina, después de cerrar delicadamente la puerta tras sí.
Luis apartó los ojos de la pantalla del ordenador, los posó en Viviana, y de inmediato desplazó la mirada hacia la ventana, por la cual se alcanzaba a ver un trozo de cielo plomizo y un fragmento de jacarandá en flor.
-¿No me has oído, Ricardo? Ya no te quiero -insistió Viviana.
-Es que no soy Ricardo -respondió Luis con aire cansado.
-¿Qué importa? Te suplico que no conviertas esto en una discusión sobre nombres. Se acabó mi amor por ti, y basta.
-Está bien, está bien, Nelly –dijo Luis-. No quiero convertir nada en una cuestión de nombres. Es más: no quiero tener ninguna discusión contigo. En la oficina de al lado está Vicente: ve a comunicarle que dice Paco que ya no lo quiere, y en paz.

David Lagmanovich

La reina virgen

marco deneviHe sabido que Isabel I de Inglaterra fue un hombre disfrazado de mujer. El travestismo se lo impuso la madre, Ana Bolena, para salvar a su vástago del odio de los otros hijos de Enrique VIII y de las maquinaciones de los políticos. Después ya fue demasiado tarde y demasiado peligroso para descubrir la superchería. Exaltado el trono, cubierto de sedas y de collares, no pudo ocultar su fealdad, su calvicie, su inteligencia y su neurosis. Si fingía amores con Leicester, con Essex, y con sir Walter Raleigh, aunque sin trasponer nunca los límites de un casto flirteo, era para disimular.Y rechazaba con obstinación y sin aparente motivo las exhortaciones de su fiel ministro Lord Cecil para que contrajese matrimonio aduciendo que el pueblo era su consorte. En realidad estaba enamorado de María Estuardo. Como no podía hacerla suya recurrió al sucedáneo del amor: a la muerte. Mandó decapitarla, lo que para su pasión desgraciada habrá sido la única manera de poseerla.

Marco Denevi

Casa prestada

a_maria_shuaMe han prestado su casa y yo la he perdido, qué vergüenza, qué vergüenza,  cómo presentarme otra vez ante esta gente, me van a querer matar. Recorro  sin suerte las calles de la ciudad, veo que faltan varias casas que han sido  arrancadas de raíz, como si fueran muelas, quedan apenas pozos  sanguinolentos, encías devastadas. ¿Quién soy yo? Alguien que tiene miedo de  no despertar si lo matan en sueños. Casa, casa, dónde estás. Y la encuentro,  de pronto, toda ella alrededor de mí, muy cerca, por suerte, de la almohada.

Ana María Shua