«Solo cuando se haya talado el último árbol, solo cuando se haya envenenado el último río, solo cuando se haya pescado el último pez, solo entonces descubrirá el hombre blanco que el dinero no es comestible.»
Autor: Carlos
1.091 – Nunca provoques a una bruja
El mozo de la Pizzería Los Insuperables murió esa madrugada con un intenso dolor en el pecho, como si alguien le atravesara el corazón con un puñal.
Es terrible lo que puede hacer una bruja enfurecida con un muñequito de trapo, un alfiler y un cabello de mozo que horas antes había ido a parar a una porción de su pizza.
Rubén Faustino Cabrera
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1.090 – Anoche…
Anoche no soñé con vos y me quedé preocupado. ¿Te pasó algo?
Juan Romagnoli
1.089 – Por más que…
Por más que intentara recordar, la palabra no le venía a la cabeza. Tanto intentó y se demoró que, cuando finalmente lo logró, ya no se acordaba que quería recordarla.
Wilson Gorj
http://www.cuentosymas.com.ar/blog/?p=9685
1.088 – 13
En esta curva me maté yo, dijo la voz, y el conductor se volvió, perdió el control y el coche se estrelló en llamas y muerte. Las voces aplaudieron, y, pese a lo conocido de la táctica, admitieron de buen grado a la voz jovencita entre ellas.
Espido Freire
Cuentos malvados. Ed. Páginas de espuma 2010
1.087 – Una prueba de fe
-Yo no robé nada. En la bolsa del mercader, las monedas de oro se han convertido en aire. Quien se atreva a insinuar que no es posible, estará contradiciendo la omnipotencia de Alá.
Así dice el ladrón para comprometer a la víctima y al juez y evitar el castigo.
-Te cortaremos la mano -ordena el cadí-. Pero no como castigo sino como prueba de fe. Alá, que todo lo puede, hará que te vuelva a crecer si eres inocente.
El ladrón es culpable. Pero Aquel que, en efecto, Todo lo Puede, hace crecer su mano de todos modos. ¿Por qué debería El Más Grande someterse a las pruebas de un cadí?
Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Páginas de espuma, 2009
1.086 – Uno arranca el…
Uno arranca el cuchillo y queda el suspenso de la carne que aún no sabe de la herida. Es el único instante de inocencia: el cuchillo ha sido clavado y retirado y la carne queda boquiabierta un segundo antes de empezar a sangrar y manifestarse.
Luisa Valenzuela
1.085 – El discurso
«Seré breve», dijo el homenajeado, levantándose de la mesa. Algunos bisbiseos trataron de acallar a los comensales, que ajenos a lo que sucedía charlaban animadamente. El homenajeado, en pie, esperó pacientemente. Las charlas continuaban. Molesto y cariacontecido se volvió a sentar y continuó comiendo su postre. Casi nadie se apercibió del hecho.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
1.084 – Obcecación
Entre ir al cielo o quedarse en casa, prefirió esto último, a pesar del poder de la propaganda en contra, y del hecho de que en su casa había goteras y muchas y muy variadas privaciones.
Pere Calders
1.083 – Despedida
Hasta la próxima, dijo él con ojos de recién enamorado.
Hasta el próximo, dijo ella sonriente con los billetes en la mano.