3.148 – Cuento memorable

alejandra-pizarnik1   —Esa de negro que sonríe desde la pequeña ventana del tranvía se asemeja a Mme. Lamort —dijo—.
—No es posible, pues en París no hay tranvías. Además, esa de negro del tranvía en nada se asemeja a Mme. Lamort. Todo lo contrario: es Mme. Lamort quien se asemeja a esa de negro. Resumiendo: no sólo no hay tranvías en París, sino que nunca en mi vida he visto a Mme. Lamort, ni siquiera en retrato.
—Usted coincide conmigo —dijo—, porque tampoco yo conozco a Mme. Lamort.
—¿Quién es usted? Deberíamos presentarnos.
—Mme. Lamort —dijo—. ¿Y usted?
—Mme. Lamort.
—Su nombre no deja de recordarme algo —dijo.
—Trate de recordar antes de que llegue el tranvía.
—Pero si acaba de decir que no hay tranvías en París —dijo.
—No los había cuando lo dije, pero nunca se sabe qué va a pasar.
—Entonces esperémoslo puesto que lo estamos esperando.

Alejandra Pizarnik

3.147 – Crónica de la desesperanza

rafael perez estrada Al amanecer, acogidos a la bruma del amanecer, bajaban en fila desde la vieja casa de los locos, una loma cercada de tedio y gaviotas. A nadie miraban. Sólo la obsesión del mar dirigía sus pasos. Ya en la playa, impresionaba verlos como canes rabiosos lamer la espuma de las olas. Allí permanecían hasta que eran apartados brutalmente del mar.
Nada dije. Sabía que el Niño Explicativo me daría la razón de todo aquello. En la distancia lo reconocí. Parecía indiferente a la escena y a sus propias palabras: Sólo el agua de mar -dijo- los mantiene locos y azules, más allá incluso de la muerte.

Rafael Pérez Estrada

3.145 – Existen

baudelaire  Un hombre de genio melancólico, misántropo y deseoso de vengarse de la injusticia de su siglo, arrojó un día al fuego todas sus obras manuscritas. Y como le vituperasen por este espantoso sacrificio de todas sus esperanzas, respondió:
—¿Qué más da? Lo importante era que estas cosas fuesen creadas; han sido creadas, luego existen.

Charles Baudelaire

3.144 – Justo castigo

ADOLFOBIOYCASARES300  Los demonios me contaron que hay un infierno para todos los sentimentales y los pedantes. Ahí los abandonan en un interminable palacio, más vacío que lleno, y sin ventanas. Los condenados lo recorren como si buscaran algo y, ya se sabe, al rato empiezan a decir que el mayor tormento consiste en no participar de la visión de Dios, que el dolor moral es más vivo que el físico, etcétera. Entonces los demonios los echan al mar de fuego, de donde nadie los sacará nunca.

Adolfo Bioy Casares

3.141 – Interdicción de crecimiento

g_mannerheim_1918   “Mi cicerone me condujo enseguida hacia una grieta de la cual se afirmaba que era el famoso “foso de los leones” del profeta Daniel; en el borde de la grieta me señaló también su tumba. Estaba construida, según la tradición mahometana con adobe y tenía la forma de un ataúd de aproximadamente ocho metros de longitud. A mi pregunta porqué el ataúd era tan enorme, me contestó el guía con toda seriedad que Daniel había crecido en su tumba y que había sido necesario alargarla de tiempo en tiempo.
—¿Crece aún el profeta? —pregunté.
—¡No, eso lo han prohibido los rusos!.”

Gustavo Carlos Baron de Mannerheim
Memorias del Mariscal Mannerheim

3.140 – Tradiciones

donkey-pinata  Pachita y Ruperto confeccionaban piñatas. Tenían más de treinta años haciéndolo. Empezaron al casarse y ahora que sus cuatro hijos vivían lejos de ellos y estaban únicamente los dos, la costumbre y la monotonía empezó a fastidiarlos.
El negocio les dejaba buenas utilidades, sobre todo en diciembre, época de tradiciones, con sus posadas, sin embargo, el resto del año Pachita se aburría…
Ruperto era muy simpático, no feo, tenía canas en las sienes; y con dinero, buscó otras diversiones y empezó a serle infiel a su esposa.
El matrimonio dura mientras la mujer aguanta y ésta no aguantó.
Ruperto desapareció, nadie sabía de él, no dejó rastros, todos pensaron que se había ido a vivir con aquella señora divorciada y coqueta que llegó un día para comprar al Ratón Miguelito y Mimí.
Pachita lo lloró, estaba triste, no comía lo suficiente, tanto adelgazó que sus hijos temían perderla, en lo único que se entretenía era en elaborar sus piñatas, hacía personajes diferentes, de moda, como La Sirenita, Sebastián, Barney, Hércules… algunos eran tan perfectos que los conservaba no queriéndolos vender.
Poco a poco fue recuperándose de su pena, bromeaba y decía que hubiera preferido la muerte de Ruperto que no saber nada de él.
Transcurrió un año, él no aparecía. Nadie tocaba el tema de la divorciada.
Su nieta, la consentida de Ruperto, se encapricho con una de sus obras perfectas, llevándose a Barney en un descuido de la abuela, para romperla en su cumpleaños.
Así se enteraron que Pachita era viuda.

Zoila Camarena

3.139 – Doble jornada

roberto-perinelli   Enterado de que su llegada produce tristeza y melancolía entre las gentes, el Crepúsculo se disfrazó de Amanecer. La Noche, licenciada con el cambio, se tomó descanso en una playa caribeña, tostándose con los rayos de un Sol cada vez más exhausto y desconcertado.

Roberto Perinelli