1.390 – El capitán

 ¡Al ataque!», gritó el capitán, sable en mano, saliendo de la trinchera, decidido, campo a través, contra el enemigo. Nadie se movió. Las balas silbaban por doquier… Al cabo de un rato, el capitán regresó, jadeante y fatigado. «No quiero cobardes en mi compañía. ¡Al que no me siga haré que lo fusilen!», y diciendo esto volvió a salir de la trinchera, gritando el habitual: » ¡Adelante!». Volvieron a silbar las balas y los soldados no se movieron. Esta vez el capitán, afortunadamente, no volvió.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010

1.369 – Carnaval

federico fuertes guzman5 El hombre disfrazado de regicida se acercó, sacó su pistola de plástico y dio un tiro al hombre disfrazado de rey. Los disfrazados de populacho aplaudieron pero los policías disfrazados abortaron cualquier intento de sublevación. Llevaron al hombre disfrazado de regicida a un inmenso decorado que representaba la corte suprema donde un grupo de hombres disfrazados con trajes militares (con sus galones y todo) lo encontraron culpable. La condena a muerte se ejecutaría de manera inmediata. El disfraz del pelotón era impecable, así como el del capitán que, sable en mano, dijo las tres conocidas palabras: preparados, apunten, fuego, esta última con algo más de ímpetu, si cabe. El regicida cayó al suelo y la sangre, bien disfrazada de sangre, manó de su pecho.
Es-to-es-car-na-val, o algo así, vino a decir el fusilado.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. libros,2008

1.348 – Artistas del trapecio

 No tengas miedo, volará, heredó nuestros genes, dice el artista del trapecio. Y desde el punto más alto lanza a su hija, un bebé todavía, por el aire, hacia los brazos de la madre aterrada e infiel. No debería temer: por las artes de su verdadero padre, el mago, la niña realmente vuela. O les hace creer que vuela.

Ana María Shua
Fenomenos de Circo. Páginas de espuma 2011

1.334 – Las insaciables madres de los neuróticos hijos en las podridas Dinamarcas

 Después de una agotadora noche de amor, Gertrudis le exigió a Claudio una nueva prueba de amor. Claudio no era ningún atleta sexual. Desesperado, salió y mató al marido de Gertrudis y padre de Hamlet.

Marco Denevi
Falsificaciones. Thule ediciones S.L. – 2006