1.467 – Metamorfosis

angel guache2 Cuando despertó aquella mañana, descubrió al resto de los humanos transformados en cucarachas, y él, Gregorio Samsa, representante de calcetines y de jamones de pata negra, recientemente instalado en España, se encontró, de la noche a la mañana, desprovisto de clientes; arruinado su negocio.
Después de darle muchas vueltas al asunto, hizo acopio de valor, y de una considerable cantidad de insecticidas.

Ángel Guache
Sopa nocturna, Pre-textos-1994

1.460 – El milagro

Eduardo Berti 2 Según mi amigo L., Cristo vivió siete días antes de Cristo porque nació el 24 de diciembre y el primer año cristiano no comenzó hasta el 1º de enero siguiente a su nacimiento. Mi amigo, que es ateo, no cree en ningún milagro de Jesús, excepto en este de haber vivido antes de sí mismo.

Eduardo Berti
Por favor sea breve 2
Ed. Páginas de espuma 2009

1.453 – Ecosistema

jose maria merino 3 El día de mi cumpleaños, mi sobrina me regaló un bonsái y un libro de instrucciones para cuidarlo. Coloqué el bonsái en la galería, con los demás tiestos, y conseguí que floreciese. En otoño aparecieron entre la tierra unos diminutos insectos blancos, pero no parecían perjudicar al bonsái. En primavera, una mañana, a la hora de regar, me pareció vislumbrar algo que revoloteaba entre las hojitas. Con paciencia y una lupa, acabé descubriendo que se trataba de un pájaro minúsculo. En poco tiempo el bonsái se llenó de pájaros, que se alimentaban de los insectos. A finales de verano, escondida entre las raíces del bonsái, encontré una mujercita desnuda. Espián­dola con sigilo, supe que comía los huevos de los nidos. Ahora ­vivo con ella, y hemos ideado el modo de cazar a los pájaros­. Al parecer, nadie en casa sabe dónde estoy. Mi sobrina, muy triste por mi ausencia, cuida mis plantas como un homenaje ­al desaparecido. En uno de los otros tiestos, a lo lejos, me ha parecido ver la figura de un mamut.

José María Merino
Días imaginarios, Seix Barral, Barcelona, 2002

1.432 – El destino y yo

federico fuertes guzman5 Mi vida se desarrollaba a treinta pasos por minuto. A esta velocidad no conseguía demasiadas cosas: llegaba a los bares dos segundos después de que una pareja ocupara la última mesa libre, veía a un señor que pagaba en caja el último abrigo de color negro que quedaba de mi talla y me conformaba con oler el croissant que una respetable dama compraba en la pastelería antes de que retirasen la bandeja hasta la siguiente hornada.
Desde que entró la primavera aceleré mi velocidad hasta cuarenta pasos por minuto. Llego siempre a tiempo y son otros los que quedan frustrados pero no puedo dejar de mirar atrás pensando en los zarpazos o las caricias que mi destino, el de un hombre de treinta pasos por minuto, me tenía reservados. La distancia se agranda día a día y voy perdiendo su rastro a una velocidad de diez pasos por minuto.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. libros,2008

1.404 – Lo que tiene la lluvia

ROCIO Cuando llueve ceniza, papá se comporta de un modo extraño. Sonríe como los bobos y se sobresalta por nada. Sale a la terraza, comprueba si ha parado. A menudo recoge un pellizquito de polvo gris, lo olisquea entre los dedos, inspirando profundamente, y lo esconde en el bolsillo del chaquetón.
A mamá, en cambio, le encanta la lluvia de pétalos. Cuando era pequeño cualquier ocasión era buena para cubrir las aceras. Si tenía un nuevo amigo, si me comía toda la fruta, nos asomábamos juntos por mi ventana y dejábamos caer aquella tormenta suave de colores. Ahora sólo baja los sábados de mayo a llorar a las novias desde el primer banco del parque. “Te llueven los ojos” le digo, y ella sonríe un poco.
Algo tendrá la lluvia. Mi favorita es la que moja, la lluvia de invierno que barre las calles, la que azota, la que me limpia la cara mientras miro hacia arriba con la boca abierta, la que revive las flores, la que consigue apagar esos fuegos que enciende papá.

Rocío Romero
http://rromeropeinado.blogspot.com.es/2012/10/lo-que-tiene-la-lluvia.html