1.662 – Valentina

daniel sanchez bonet Se acostó por primera vez con ella en su nuevo piso. Él dice que fue un flechazo, una obra del destino. Ella, que nada más verlo supo que él era el hombre de su vida. Una vez dentro, él explicó que todo sucedió cómo si se hubieran conocido de siempre. Ella, que nunca le había pasado nada igual. Ya en la cama, entre las sábanas, él sintió que ella era la cosa más bonita que jamás había visto en su vida. Ella, que fue como una primera vez.
Al día siguiente, él conoció a Valentina.
Se acostó por primera vez con ella en su nuevo piso. Él dice que…

Daniel Sánchez Bonet

http://microrrelatoapeso.wordpress.com/2012/02/18/valentina/

1.655 – Tardes de estío

agustin martinez valderrama2 Sucede en esas tardes afables, discretas. En esas tardes afables y discretas que tiene el estío, y que auspician que dos hombres se sienten en un mismo banco, bajo un fresno, un roble, o un sauce llorón, donde además canta diáfano el mirlo, la alondra, el petirrojo, no sabría decir.
Sucede, digo, que los dos hombres – pongamos Juan, pongamos Luis – se sientan; y al sol conversan acerca de sus cosas, de sus vidas, a saber. Así hasta que las nubes tiznan el cielo, y a lo lejos esplende un relámpago azul.
Sucede, insisto, que ni éste desvela a Juan y a Luis – o como quiera que se llamen – que no suelen advertir que en una de esas murieron. Así, ambos volverán a encontrarse mañana en otra tarde afable, discreta, de esas que tiene el estío, y que suelen ser siempre distintas, efímeras, luminosas.

Agustín Martínez Valderrama

http://acusmartvald.blogspot.com.es/search?updated-min=2013-06-01T00:00:00%2B01:00&updated-max=2013-07-01T00:00:00%2B01:00&max-results=1

1.648 – Un suicida risueño

andres-neuman2 Ocurre siempre igual. Cargo el arma. La alzo. La contemplo un momento de frente, como si tuviera algo que decirme. La dirijo a mi sien izquierda (soy zurdo, ¿por?). Respiro hondo. Aprieto los párpados. Arrugo el gesto. Acaricio el gatillo. Me noto húmedo el dedo índice. Descargo la fuerza poco a poco, muy cautelosamente, como si dentro de mí hubiese un escape de gas. Junto los dientes. Casi. El dedo se me dobla. Ya. Y entonces, lo de siempre: un ataque de risa. Una risa instantánea, brutal y sin razones que estremece mis músculos, me hace soltar el arma, me derriba del asiento, me impide disparar.
No sé de qué demonios se reirá mi boca. Es algo inexplicable. Por muy apesadumbrado que me encuentre, por muy lamentable que parezca el día, por convencido que esté de que el mundo sería más agradable sin mi molesta presencia, hay algo en la situación, en el tacto metálico del mango, en la solemnidad del silencio, en mi sudor cayendo en forma de grageas, yo qué sé, hay alguna cosa indefinida que, a mi pesar, me resulta espantosamente cómica. Un milímetro antes de que el gatillo ceda, de que la bala viaje a la semilla del descanso, mis carcajadas invaden la habitación, rebotan contra los cristales, corretean entre los muebles, desordenan toda la casa. Me temo que también las escuchan mis vecinos, que para colmo deducen que soy un hombre feliz.
Dedícate al humor, me sugirió un amigo cuando le conté mi tragedia. Pero a mí las bromas, excepto al suicidarme, no me hacen ninguna gracia.
Este problema mío, el de la risa, va a acabar con mi paciencia. Me avergüenza la euforia ridícula que me recorre el estómago mientras el arma cae al suelo. Cada vez que este contratiempo se repite, y aunque siempre he sido un hombre de palabra, me concedo una pequeña prórroga. Una semana. Dos. Un mes, exagerando mucho. Y mientras tanto, claro, procuro divertirme.

Andres Neuman

Hacerse el muerto. Páginas de espuma. 2011

1.641 – Los nombres de las calles

aranoa_4  Dicen que el general Ubaldo Lucas Agustí y el coronel Óscar Manuel Pérez-Puig nunca se llevaron bien. El uno desaprobaba las maneras del otro, discutía sus tácticas, ponía sus estrategias en duda, y al revés. Hoy, las calles que llevan sus nombres se cruzan en el centro de la ciudad que les vio nacer. Y en la esquina que forman se suceden terribles accidentes de circulación, disputas vecinales y asaltos de una crueldad insospechada.
En la esquina que forman las calles del Amor y la Amistad, los accidentes también son frecuentes. Los enamorados riñen, pierden sus carteras los paseantes, y perros que nunca antes mordieron a nadie atacan a los niños sin motivo.
En la esquina que forman el bulevar del Progreso y la calle del Bienestar duerme cada noche, entre los mismos cartones, un mendigo distinto.
Las calles que llevan tu nombre y el mío se cruzan en una plaza tranquila, de tierra, en la que los enamorados que fuimos se aguardan todavía sin paciencia.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

1.620 – Dolor

alonso-Ibarrola2 ¿Cuál es el límite humano ante el dolor? Hay personas que soportan la muerte de un ser querido, de dos seres queridos, de tres seres queridos al mismo tiempo, y en cambio se hunden en el colmo de la desesperación cuando les roban el coche.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.613 – No es por mala puntería

martin gardella Una multitud camina por las calles de la gran ciudad. Hombres y mujeres avanzan con pasos veloces, de manera desordenada, tratando de no chocarse entre sí, esquivando con audacia los baches y los vehículos que pasan en rojo.
Mientras tanto, desde la terraza de un rascacielos, alguien observa la escena con un arma entre sus manos. Examina individualmente a los caminantes, intentando adivinar a qué se dedican, cuáles son sus gustos y necesidades, si tendrán familia. Busca con dedicación a cada una de sus futuras víctimas escondidas entre la muchedumbre. Por costumbre, prefiere a los sujetos que muestran mayor infelicidad. Nunca elije niños y, salvo escasas excepciones, tampoco ancianos.
Cuando los tiene en la mira, dispara el arma repetidamente. Dos personas se detienen como consecuencia del impacto, pero por error una de ellas no coincide con las elegidas. Una vez más, no hay marcha atrás, el daño está hecho. Pero no le importa. Sabe que, de todos modos, da lo mismo.
Es imposible acertar todos los tiros si el blanco se mueve con tanta prisa, se justifica Cupido, mientras prepara otra flecha.

Martín Gardella

http://www.livingsintiempo.blogspot.com.es/2012/05/no-es-por-mala-punteria.html

1.606 – Principios de siglo

miguel angel flores El abuelo siempre hablaba de aquellos años, donde el futuro era color de rata, decía. Me contaba que por entonces los jóvenes tenían que emigrar para asegurarse un futuro, y que lo de estudiar era sólo casi para señoritos. Que los ricos eran muy ricos y que muchos de los que no lo eran, vivían de beneficencia; o de la caridad de los primeros, a los que les encantaba jactarse de ello. Que los que trabajaban no podían permitirse lujos, pero eran muy afortunados por tener con qué mantener a su familia, y a alguna más. Que continuamente la vida se encarecía al tiempo que los salarios menguaban. Que uno pagaba hasta para ir al médico. Que lo de tener casa propia era un sueño, al alcance de pocos, que podía acabar en pesadilla para muchos. Que los políticos hacían como que hacían para cambiar las cosas, para así no tener que hacer nada por cambiarlas. Que las leyes casi siempre beneficiaban al poder, no a los justos.
Mi abuelo hablaba con indignación de aquella época plagada de injusticias que le tocó vivir, en la que el pueblo apenas tenía derechos, mientras el rey apuntaba para otro lado. Cierto es que a lo mejor chocheaba un poco, pero quizá era verdad que a principios del siglo veintiuno las cosas eran así.

Miguel Ángel Flores

http://www.eternidadesypegos.blogspot.com.es/