¿Encontraría a la e-Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo desde Google, a la página de contactos, y apenas si las luces ceniza y olivo del banner que flota sobre la pantalla me dejaban distinguir las formas, ya su silueta delgada aparecía en el interior de la webcam, a veces andando de un lado para otro, a veces detenida, sentada en uno de sus confortables sillones. Y era tan natural sentarme en el escritorio, esperar a que se despertara y acercarme a la e-Maga, que sonreía sin sorpresa, convencida de que un encuentro entre internautas era lo menos casual de nuestras vidas y que la gente que se da citas precisas a través del Messenger es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
Etiqueta: Miércoles
1.863 – El hijo pródigo
‘Ahora vuelvo», dijo cierto día a sus padres y en diez años no supieron nada más de él. (Al día siguiente de su marcha descubrieron que se había llevado todo el dinero del arcón). Su novia guardaba la ausencia y esperaba vanamente una carta que jamás llegaría. Su padre, por el contrario, se sentaba todos los días, al atardecer, bajo la gran cruz del calvario, a la salida del pueblo y observaba con impaciencia y ansia el horizonte. Estaba firmemente convencido de que un día regresaría… Y así fue. Su silueta inconfundible comenzó a perfilarse y el padre no pudo por menos que exclamar: «¡Es él!». Acto seguido cogió una piedra del camino y se la arrojó con fuerza. El hijo, asombrado, se detuvo y logró esquivarla. Ante la segunda, que pasó rozando su cabeza, puso pies en polvorosa. «¡Sinvergüenza!», exclamó su padre, limpiándose con saliva las manos mientras observaba cómo se perdía de vista la figura de su hijo. La novia lloró cuando le contó lo sucedido. «No te preocupes, volverá…». Efectivamente volvió… diez años más tarde. Ya para entonces sus padres habían muerto y su novia se había casado y tenía cinco hijos.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
1.856 – Ignacio Cremón
Es el patrón de los narcotraficantes, y ante él hincan rodilla como beata matones, sicarios y escuadroneros. Asesinos confesos procedentes de los más remotos lugares del país recorren enormes distancias para presentarse ante él y obtener sus favores. Los criminales le piden consejo para los golpes que vendrán, y ruegan su mediación para que triunfe un asalto, un degollamiento, o la matanza colectiva que planean en un suburbio de la ciudad.
Los votos que se le ofrecen a cambio son malas acciones, y las ofrendas sólo pueden haber sido obtenidas mediando delito: sustraídas, producto de extorsión o de chantaje o, en su defecto, adquiridas en el mercado negro.
Sus protegidos le envían un mariachi cada vez que un cargamento cruza sin problemas la frontera y corona su objetivo al otro lado. Algunas noches se pueden encontrar ante su santuario hasta doce formaciones completas tocando desconcertadas, interrumpiendo el tráfico.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.849 – A grandes males, grandes remedios
Jana clavó sus ojos en los de Miguel. Aunque húmedos, no se permitió ni un sólo parpadeo. Le estaba pidiendo que se separaran por sexta vez en los cinco años que llevaban juntos. No se habían casado, pero su amarre era aún más estoico que la firma en un papel. Era tan inexorable el nudo que, a pesar de llevar tanto tiempo destruyéndolo, eran incapaces de estar separados. Y, cuando lo habían estado, apenas habían sido unos pocos días, cuando mucho un mes. Sabían que no debían estar cerca uno del otro por una cuestión ya no de salud emocional, sino de simple integridad fisica. Pero eran incapaces de sentirse en la misma vida y no juntar sus miserias.
Miguel le sonrió. Tomó su mano entre las suyas, la acarició cariñosamente. Pausadamente, como midiendo cada palabra, le dijo:
-Mira, la única razón que se me ocurre para dejarte es que aparezca otra mujer…
El fin de semana siguiente, Jana le presentó a Teresa.
Alejandra Díaz-Ortiz
Cuentos chinos.Trama Editorial 2009
Foto: Javier Fernandez
1.842 – No habría sido igual…
No habría sido igual sin la lluvia.
La tormenta se anunció como un redoble de truenos que hizo temblar los cristales del ómnibus. Luego el cielo ennegrecido se abrió de par en par y vomitó un aguacero apocalíptico. Los goterones cayeron con furia sobre el techo metálico, emulando el fragor de la tronera, tapando los agónicos esfuerzos del motor. En pocos instantes el mundo quedó oculto tras un velo empapado y gris.
Entrando en el pueblo el chaparrón perdió fuerza. A través de la ventanilla empañada Tina observó a la gente buscando refugio, a los niños jugando en los charcos, a un hombre en bicicleta con la cabeza cubierta con una bolsa de plástico. Ya en la estación vislumbró la borrosa figura de su amante bajo un paraguas rojo, y el cuerpo se le estremeció.
No, recuerda hoy Tina con añoranza, no habría sido igual sin la lluvia.
Rubén Abella
Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos. Ed. Cuadernos del vigía.2010
1.835 – Vasos comunicantes
A poco de ingresar en la cárcel para cumplir una larga condena, empecé a cavar un túnel desde el suelo de mi celda. Al principio actué movido por un impulso de rebeldía y careciendo de las habilidades necesarias para conseguir mi objetivo, cegado por la idea de burlar a mis carceleros. Pero pronto descubrí un extraño placer al dar forma a un proyecto de superación personal, que acabó por convertirme en un experto en la materia.
Calculo que estaba a pocas jornadas de atravesar los muros que me separaban del exterior, cuando llegó el indulto que me puso de patitas en la calle. Y confieso que, al margen del alivio que supuso prescindir de la rutina carcelaria, abandoné el penal con menos euforia de la que habría experimentado si -en lugar de salir por la puerta principal- hubiera huído a través de mi modesta pero eficaz obra de ingeniería. Así que no me sorprendí en absoluto, recién estrenada mi nueva etapa como hombre libre, cavando al otro lado de las altas torres coronadas de alambradas, con la intención de conectar el tramo restante. No es que quisiera volver a mi oscura celda solitaria. Nada de eso. Lo hice para que mi prestigio alcanzara conmigo la libertad.
Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2013/10/vasos-comunicantes.html
1.828 – Amores perifrásticos
— Subraye las perífrasis del texto, indique si son de obligación o devoción y adivine, por último, quién llama.
Me estoy enamorando de una mujer que no es la mía, pero no he de enamorarme, porque tengo que atender a mi propia esposa, a la que debo permanecer fiel, como así tengo jurado desde hace tantos años. No puedo evitar pensar en la otra y a veces creo que estoy a punto de cometer adulterio, pero voy a dejarme de tonterías y a empezar a cumplir con mi deber. Seguiré estando felizmente casado hasta que termine de vivir, como así vengo haciendo, como así acostumbro a hacer y como asimismo tengo pensando seguir haciendo siempre. Suele pasarme esto de enamorarme a destiempo —lo que viene a decir que me ocurre más a menudo de lo que debiera suceder—, pero siempre que comienzo a enamorarme de otra, la mía, que no acaba de acostumbrarse a ello, rompe a llorar y se pone a echarme en cara mis devaneos sin dejar de lamentarse, por lo que yo vuelvo a reconducir mi matrimonio una y otra vez. Así lo estoy llevando, peor o mejor, desde que me casé hace muchos años, porque así lo tengo decidido, como tantas veces he dejado dicho. Me lo ando repitiendo todo el día a mí mismo: «He de hacer lo que hay que hacer. No puedo enamorarme y punto». Y ahora debo interrumpir este relato porque lleva sonando sin cesar el teléfono desde su comienzo. Debe de ser ella. Ay.
Carmela Greciet
http://www.revistaclarin.com/505/carmela-greciet/#sthash.OQ1Nsocr.dpuf
1.821 – Cierta luz
Quise reconciliarme con Marga haciéndole el amor en la bañera, donde, como tantas veces, ella se había refugiado. La amé con dulzura y saña entre la bruma hasta que apagué mi furia y entonces reparé en la terrible quemazón del agua. Quise apoyarme en Marga para incorporarme, pero mis manos chapotearon en un líquido hirviente y denso sin conseguir encontrarla. Salí de la bañera de un salto, muy asustado, y empecé a llamarla, mientras, de rodillas, seguía tanteando, pero de nuevo mis dedos se hundieron en aquel caldo. Aún hubo de despejarse el vaho para que pudiera ver con claridad qué le había pasado: Marga se había deshecho, se había licuado en una sopa viscosa y algo rojiza en la que aún podían distinguirse los promontorios de sus senos y de sus rodillas y su largo pelo negro flotando a la deriva. Las órbitas de sus ojos, ya muy separadas, me miraron suplicantes y quise ayudarla. Sin embargo, cuando ya solo se distinguía de Marga nada más que su rostro descabalado, me pareció ver en él cierta luz, una semisonrisa triunfal, aunque distorsionada, que quizá tan solo fuera espejismo, pero que reavivó mi rabia, así que tiré del tapón y aquel líquido espeso que era Marga mezclada con mi semen se fue por la tubería girando trabajosamente en remolino. Marga.
Carmela Greciet
1.814 – Ajuste de cuento
Se presentó en casa de la amante de su marido pistola en mano. Iba a humillarla obligándola a quitarse la ropa, a bailar por la casa supliendo a aquel con una almohada, a exigirle que le mostrase las técnicas amatorias con que lo tenía encandilado…
Cuando, al final del día, él, orondo y repeinado, abrió con su propia llave la casa de su amante, las encontró dormidas en el sofá, desnudas y abrazadas.
(N. de la A.- En el momento de cerrar este relato ya se habían despertado y le estaban apuntando a cuatro manos.)
Carmela Greciet
1.807 – La repetición
Mi existencia es muy curiosa: todo hecho vuelve a sucederme, no importa su relevancia. Condenado a la repetición, espero otra vez los buenos momentos y temo el retorno de aquellas desgracias que he debido soportar. De mi vida, existe un solo hecho que no se ha repetido: mi nacimiento; aunque me parece recordar otro parto y otro vientre que no es el de mi madre. Pocas veces aguardé en vano que un episodio volviera a ocurrirme. En tales casos, si algo no consigue repetirse, de inmediato descubro mi obtusa confusión: aquel acontecimiento que yo suponía primero renueva, en verdad, algún hecho olvidado. Este texto, por ejemplo, a veces pienso que volveré a escribirlo, otras veces creo que es la copia de otro.