1.957 – Naufragio

teresa servan2  Soy la rata que abandona tu cama en medio de la tormenta. Tú, mi capitán, observas cómo las olas arrastran nuestra historia, despedazándola contra el casco. Inmóvil, como el mástil de nuestro barco, intuyes que no volverás a verme. La tristeza en tus ojos pesa tanto que te arrastrará al fondo del océano para siempre.

Teresa Serván

1.950 – El viaje

DAVID LAGMANOVICH  Si el lugar al que vamos estuviera cerca, si supiéramos cuál es el destino del viaje, si algún vocero autorizado aclarase cuál es su motivo, si los compañeros de viaje pronunciaran aunque solo fuera una palabra, si hubiera por lo menos algunos bancos para sentarse en esta barca que hace el viaje en medio de la noche, si el batelero no fuera una figura sombría oculta en sus vestiduras talares, tal vez podríamos disfrutar de este viaje que no sabemos cómo empezó, este viaje cuyo final no nos animamos a sospechar.

David Lagmanovich
Los cuatro elementos, Menoscuarto, Palencia, 2007

1.943 – Desacuerdos

jose_antonio_ayala  Después del entierro de su mujer llamaron a la puerta. Se levantó perezosamente de su sillón y salió a abrir.
Allí estaba ella, que le espetó nada más verlo: -¿Puedo pasar?
-Pero ¿no te habías quedado en el cementerio? -respondió él.
-Sí, pero ya sabes, la catalepsia…
-¡Ah bueno! Lo siento.
-En vez de decir «lo siento» debías haber comprobado bien que no estaba muerta.
-¡Vaya! -pensó él-, de nuevo comenzaban los desacuerdos entre ambos.

José Antonio Ayala
Chispas. Editora Regional. Murcia.2005

1.936 – La luna en estío

  BARRAL-3  Ha llegado el estío. Los jóvenes se tienden a la sombra de los álamos y contemplan cómo las mujeres de la aldea descienden en hilera a través de las altas hierbas para lavar la ropa en las piedras blancas de la orilla del río. Una de ellas, acalorada, se suelta un poco las ropas y, entonces, en el afán de su tarea, uno de sus pequeños senos se hace visible. Y uno de los jóvenes, que está enamorado de ella en secreto, se siente poseído por la tristeza y piensa que acaba de contemplar, en mitad del día, la luna inalcanzable.

Andrés Ibáñez

Mar de Pirañas. Edición de Fernando Valls. Menoscuarto ediciones.2012

1.929 – El entrecano y las dos prostitutas

  EsopoUn hombre con canas tenía dos amantes, una joven y otra vieja. La de más edad, avergonzada de tener trato con uno más joven que ella, no dejaba, cuando venía a estar junto a sí, de arrancarle los pelos negros. La más joven, tratando de disimular que tenía un amante viejo, le arrancaba los blancos. Y así, depilado por turno a manos de una y otra, llegó a quedarse calvo.
De esta forma, lo que anda desacompasado es perjudicial.

Esopo

1.922 – La extraña

jose_antonio_ayala  Cuando se despertó, la vio a su lado, todavía dormida, y le pareció una extraña. Se levantó a beber un vaso de agua y miró de reojo los dos o tres retratos que había por encima de las mesas. Allí estaba ella, con él, más joven, más guapa. Distinta. Nada que ver con su acompañante actual. Se vistió, procurando no hacer ruido, y antes de marcharse le dejó algún dinero encima de la mesilla de noche.

Jose Antonio Ayala
Chispas. Editora Regional. Murcia.2005

1.915 – Sobre el racismo

perich2  En España no somos racistas. Si de un tío que trabaja desorbitadamente, decimos que «trabaja como un negro»; de un avaro, decimos que es «un judío»; de un hombre excesivamente celoso, decimos que es un «moro»; o de un individuo tonto, decimos que «le han engañado como a un chino», es porque somos un pueblo dicharachero y sin prejuicios.

Jaume Perich
Autopista. Ediciones Estela. Barcelona. 1970

1.908 – Estampa antigua

julio torri  No cantaré tus costados, pálidos y divinos que descubres con elegancia; ni ese seno que en los azares del amor se liberta de los velos tenues; ni los ojos, grises o zarcos, que entornas, púdicos; sino el enlazar tu brazo al mío, por la calle, cuando los astros en el barrio nos miran con picardía, a ti, linda ramera, y a mí, viejo libertino.

Julio Torri
De mil amores. Antología de microrrelatos amorosos. Thule ediciones.2005

1.894 – Cambio de identidad

fernando ainsa  Cuando A se despertó a media mañana en una cama en la que no se había acostado, junto al cuerpo desnudo de la esposa de B, su mejor amigo, llamó de inmediato a su propia casa. Se sorprendió ligeramente cuando B le respondió al teléfono y le dijo que no se preocupara por la tardanza: su mujer todavía estaba durmiendo.

Fernando Aínsa
De mil amores. Antología de microrrelatos amorosos. Thule ediciones.2005