La profesora, en su casa, se dispuso a corregir los ejercicios de redacción. El tema impuesto era: «Un día cualquiera» y las alumnas quinceañeras en su totalidad, narraban con desesperada y monótona vulgaridad los actos cotidianos que configuraban su inocua e idéntica personalidad. Uno tras otro, la profesora, mecánicamente, corregía los ejercicios. Todas más o menos narraban lo mismo. Eso sí, el hecho no tenía importancia, porque se trataba de pulir el estilo y cuidar la sintaxis. Pero un ejercicio, de repente, le llamó poderosamente la atención. Aquel texto que estaba leyendo delataba, en su ingenuidad, una relación inconfesable. Aterrorizada, volvió a leer el ejercicio. No daba crédito a lo que leía. Apenas pudo dormir. Al día siguiente, aparentando naturalidad, rogó a la autora del ejercicio en cuestión que viniera su padre a verla. Cuando lo tuvo delante le mostró el ejercicio. Turbado y asombrado, negó lo escrito y lo achacó todo a la imaginación de su hija. La profesora, dudosa, dictó otro ejercicio al día siguiente bajo el tema: «Por qué amo a mi padre».
Etiqueta: prep
1.447 – Apenas
Inspirada por tu recuerdo, decidí olvidarme de lo físico y entregarme al pensamiento y la poesía: até mi cabello con un hilo de tu voz, puse tus palabras en agua para que no se me marchitaran y las llevé conmigo a la biblioteca. Justo antes de empezar, encendí una lamparita con el brillo de tus ojos y la puse en el escritorio.
El agua comienza a anegarse; mi cabello, rizado y, como recordarás, bastante rebelde, se esparce al viento ajeno a mi voluntad, no he pagado la luz y el tenue brillo de la lámpara no logra vencer mi añejo problema de astigmatismo. Debo también la renta y otros gastos del mes. Apenas me quedan algunas de tus valiosas aportaciones al pensamiento actual —no tenías ojos de esmeralda ni perlas en la sonrisa: tu posmodernidad no lo permitía.
Adriana Azucena Rodríguez
http://ficcionminima.blogspot.com.es/2013/01/minificciones-de-azucena-rodriguez.html
1.446 – Urgencia
1.445 – Ayer en la clase de física
1.444 – La partida
Ordené sacar mi caballo del establo. El criado no me comprendió. Fui yo mismo al establo, ensillé el caballo y monté. A lo lejos oí el sonido de una trompeta, le pregunté lo que aquello significaba. Él no sabía nada , no había oído nada. En el portón me detuvo para preguntarme :
— ¿ Hacia donde cabalga el señor?
— No lo sé- respondí— . Sólo quiero irme de aquí , solamente irme de aquí. Partir para siempre, salir de aquí. sólo así puedo alcanzar mi meta.
— ¿Conoce, pues, su meta? — preguntó él.
— Sí — contesté yo—. Lo he dicho ya. Salir de aquí, ésa es mi meta.
Franz Kafka
1.443 – El plinto
Cojeando, me esforcé por alcanzar la fila de niños que regresaban del recreo. Andrea fue colando a todos para retrasarse hasta quedar cerca de mí.
-Yo sé que no te duele –dijo sin mirarme- .Te he visto correr antes. Muchos te han visto. Lo que pasa es que hoy el profe nos enseña a saltar al plinto y a ti te da miedo, que lo sé.
-No es por eso- dije sin convicción.
-A mí también me da. Más que a ti- continuó, sin llegar a escucharme.
Y diciendo esto se puso a cojear a mi par. Cuando vi que lo hacía mucho mejor que yo, me entró de verdad el pánico.
Miguelángel Flores
http://www.eternidadesypegos.blogspot.com.es/
1.442 – Suma de vectores
1.441 – Escrituras
La línea levantó la cabeza y me mordió la mano con que la escribía. Comprendí que mi obsesión con el microrrelato era excesiva y me puse a escribir un cuento de extensión convencional. Un párrafo se enroscó y saltó hacia mí, hiriéndome en el calcañar con su cola ponzoñosa. Entonces me instalé en el territorio más conocido de la novela. Algunos capítulos suscitan mi desconfianza. Vivo inquieto, maquinando estrategias para proteger la yugular.
David Lagmanovich
1.440 – Extramuros
Acostumbrada a ocultar también sus sentimientos, la joven del burka se resignó a mantener en secreto su loco amor por el nazareno.



