1.499 – Las cuentas claras conservan la amistad

carlos vitale Dos escritores se conocen en la presentación de sus respectivos libros. Dado que simpatizan de inmediato y ambos ignoran la obra del otro, acuerdan no leerla para prevenir que un eventual juicio desfavorable enturbie su naciente amistad. Los dos cumplen su promesa y, por ello, su estima mutua se afianza cada vez más hasta el final de sus días.

Carlos Vitale
Por favor, sea breve 2. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2009

1.498 – Escribir a máquina

millas23 Hace años cultivé el método ciego de escritura a máquina, y aunque nunca logré teclear más de dos palabras seguidas sin cometer un error, conseguí llegar con los ojos cerrados hasta la cocina y regresar sin un solo tropiezo. No aprendí a escribir, pero practiqué la invidencia con resultados notables. En los hoteles, por las noches, no necesito encender la luz para llegar hasta el cuarto de baño, y por mi casa me muevo a oscuras sin problemas, lo que, siendo bueno para mi fotofobia, no resolvió mis problemas con la mecanografía. Quizá por eso durante mucho tiempo me manejé con bolígrafos de punta fina que se adaptaban perfectamente al ritmo de mi pensamiento. Los días en que amanecía torpe, la bola de tinta discurría a trompicones, como si fuera obligada a rodar por una superficie irregular. Pero cuando mi capacidad asociativa estaba a pleno rendimiento, la punta del bolígrafo se deslizaba a lo ancho de la cuartilla como un patinador de un extremo a otro de la pista de hielo.
Escribí así varias novelas que luego me pasaba a máquina un mecanógrafo profesional, de manera que no lamenté mi torpeza con las teclas hasta que empecé a trabajar para la prensa. Los periódicos son un medio rápido; no puedes escribir a mano para pasarlo luego a máquina si quieres entregar el artículo antes de que cierren la edición. Así que adquirí un ordenador, que me pareció un medio más caliente que la máquina, y comencé a practicar renunciando desde el principio al método ciego: si mirando las teclas tengo dificultad para acertar en el blanco, con los ojos cerrados el desastre está garantizado.
Poco a poco fui ganando velocidad, incluso ganándome la vida. Pero de vez en cuando regresaba al bolígrafo con el sentimiento de regresar a casa. Y no es sólo porque éste eyacule las palabras en lugar de escupirlas, lo que le da una connotación sexual muy querida a la escritura, sino porque la mano derecha, que es la que trabaja, se entera de todo, mientras que con el ordenador, al realizar la faena a medias con la izquierda, sólo se entera de la mitad. Escribe a ciegas, que no es lo mismo que hacerlo por el método ciego, y eso siempre desasosiega. O desasociega quizá; la cuestión es que cansa. Si no me entienden, otro día se lo explico a ustedes a bolígrafo.

Juan José Millás
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Ed. Menoscuarto. 2005

1.497 – De fácil acceso

jose maria merino 3 Estuvo trabajando quince días en Madrid, y a lo largo de sus investigaciones localizó en la Biblioteca Nacional tres asuntos que podían servirle para su tesis: una leyenda piadosa morisca, un cuento maravilloso sefardí y una historia simbólica gitana. En los tres era una mujer la protagonista, los tres hablaban de purificaciones y sacrificios propiciatorios. Regresó a los Estados Unidos, e intentaba encontrar el hilo conductor que le aclarase la verdadera naturaleza de los tres asuntos. Mágico, Memoria, Misterio, Mito, Mujer. También Multicultural. Habló de ello con la #adviser# de su tesis. Mas entre aquellas ficciones antiguas, la profesora, que era ferviente posmoderna, no veía otro hilo que la perpetuación de la violencia doméstica.

José María Merino
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Ed. Menoscuarto. 2005

1.496 – La seducción

Antonio_Di_Benedetto_1 El hombre logra en sueños lo que no logró despierto: seducir a una mujer carnal, perfumada y esquiva.
Lo despierta un golpe en las costillas: la esposa, que duerme con él, le ha hundido el codo en el costado.
Ha soñado que el marido se ha dejado seducir por una mujer carnal, perfumada y esquiva, a quien ella no conoce.

Antonio Di Benedetto
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Ed. Menoscuarto. 2005

1.495 – Mujer que dice chau

eduardo-galeano-ii Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos Republicana y una revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras dicen cosas cómicas. También llevo una hoja de acacia recogida en la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un aguperito como una ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ése fue el día en que empezó la suerte.
Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas, decíamos, todas las cosas cada vez mejores, que nos van a pasar.)
No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido.

Eduardo Galeano
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Ed. Menoscuarto. 2005

1.494 – De funerales

julio torri Hoy asistí al entierro de un amigo mío. Me divertí poco, pues el panegirista estuvo muy torpe. Hasta parecía emocionado. Es inquietante el rumbo que lleva la oratoria fúnebre. En nuestros días se adereza un panegírico con lugares comunes sobre la muerte y ¡cosa increíble y absurda! con alabanzas para el difunto. El orador es casi siempre el mejor amigo del muerto, es decir, un sujeto compungido y tembloroso que nos mueve a risa con sus expresiones sinceras y sus afectos incomprensibles. Lo menos importante en un funeral es el pobre hombre que va en el ataúd. Y mientras las gentes no acepten estas ideas, continuaremos yendo a los entierros con tan pocas probabilidades de divertirnos como a un teatro.

Julio Torri
Por favor, sea breve. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2001

1.493 – Un pequeño error de cálculo

_JU16223  Regresa el Cazador de su jornada de caza, magullado y exhausto, y arroja el cadáver del tigre a los pies de la Recolectora, que está sentada en la boca de la caverna separando las bayas comestibles de las venenosas. La mujer contempla cómo el hombre muestra su trofeo con ufanía, pero sin perder esa vaga actitud de respeto con que siempre la trata; frente al poder de la muerte del Cazador, la Recolectora posee un poder de vida que a él le sobrecoge. El rostro del Cazador está atirantado por la fatiga y orlado por una espuma de sangre seca; mirándole, la Recolectora recuerda al hijo que parió en la pasada luna, también todo él sangre y esfuerzo. Se enternece la mujer, acaricia los ásperos cabellos del hombre y decide hacerle un pequeño regalo: durante el resto del día, piensa ella, y hasta que el sol se oculte por los montes, le dejará creer que es el amo del mundo.

Rosa Montero
Por favor, sea breve. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2001

1.492 – Carpetas

JULIA OTXOA Cuando Elisa pidió a su esposo, el día del aniversario de su boda, la opinión sobre aquellos quince años pasados juntos, a Juan le fue totalmente imposible volver de aquel lejanísimo tiempo, en que preguntas como aquella hubieran podido tener algún sentido. De aquel lugar casi prehistórico de su memoria, en que constató y asumió como una calamidad más de su vida, que vivía, y que probablemente viviría por el resto de sus días, con una perfecta extraña. Elisa miraba a Juan volviéndose a medias desde el fregadero. Era obvio que esperaba su respuesta. Él, venciendo un súbito e intenso ataque de terror, se levantó precipitadamente de la mesa en que comía, alegando haberse olvidado unas carpetas dentro del coche. Cuando Juan volvió, Elisa ya no recordaba en absoluto que hace unos pocos minutos era una esposa junto a un fregadero, esperando una respuesta.

Julia Otxoa
Por favor, sea breve. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2001

1.491 – El dragón

ana maria shua El problema es que el dragón no sabe hacer nada. Está demasiado viejo para volar y logra apenas un patético revoloteo de gallina. Aunque un par de columnas de humo se elevan débilmente de sus narinas escamosas, ya no es capaz de expeler su fuego vengador. Es interesante, dice el director, muy interesante, pero más apropiado para un zoológico que para un circo. Embalsamado, en su momento, podrá vendérselo por una buena suma a cualquier museo.
Y el dueño; o tal vez el representante del dragón, se va del circo desalentado, arrastrando su troupe de especies aladas, un grifo de mirada cansina, una familia de vampiros vegetarianos, un exángel que exhibe torpemente los muñones de sus alas mutiladas.

Ana María Shua
Fenómenos de circo. Ed. Páginas de espuma. 2011

1.490 – Grandezas de la burocracia

MarcoDenevi34 Cuentan que Abderrahmán decidió fundar la ciudad más hermosa del mundo, para lo cual mandó llamar a una multitud de ingenieros, de arquitectos y de artistas a cuya cabeza estaba Kamaru-l-Akmar, el primero y el más sabio de los ingenieros árabes.
Kamaru-l-Akmar prometió que en un año la ciudad estaría edificada, con sus alcázares, sus mezquitas y jardines más bellos que los de Lusa y Ecbatana y aún que los de Bagdad. Pero solicitó al califa que le permitiera construirla con entera libertad y fantasía y según sus propias ideas, y que no se dignase a verla sino una vez que estuviese concluida. Abderrahmán, sonriendo, accedió.
Al cabo del primer año Kamaru-l-Akmar pidió otro año de prórroga, que el califa gustosamente le concedió. Esto se repitió varias veces. Así transcurrieron no menos de diez años. Hasta que Abderrahmán, encolerizado, decidió ir a investigar. Cuando llegó, una sonrisa le borró el ceño adusto.
-¡Es la más hermosa ciudad que han contemplado ojos mortales! -le dijo a Kamaru-l-Akmar-. ¿Por qué no me avisaste que estaba construida?
Kamaru-l-Akmar inclinó la frente y no se atrevió a confesar al califa que lo que estaba viendo eran los palacios y jardines que los ingenieros, arquitectos y demás artistas habían levantado para sí mismos mientras estudiaban los planes de la futura ciudad. Así fue construida Zahara, a orillas del Guadalquivir.

Marco Denevi
Falsificaciones. Thule ediciones S.L. – 2006