1.680 – Elipsis amiloidea

gabriel de biurrun  Tal vez fueran los                    , pero yo siempre pensé que eran las termitas. De noche, en aquel establo reformado, a los pies del Pirineo, se oían arañazos y                     en la madera de las vigas. Eso es exactamente lo que ahora oigo aquí arriba; con la diferencia de que esto no es el techo, sino mi cabeza, y lo que se deshace es mi cerebro. En el suelo quedarán, como serrín, los restos de lo que olvido; que ahora son solo palabras, pero que dentro de un tiempo -dicen- serán recuerdos, nombres, caras, funciones.
En resumen, me ha dicho el                     que dentro de un par de años, alguien, que yo no reconoceré como mi propia hija, llorará mientras me limpia el barro de la cara en un parque desconocido a varios                     de mi casa, seis o siete horas después de haberme extraviado; y yo sonreiré asustado.
Así que ahora, con permiso, cojo este                     , aprieto el                     y os dejo tranquilos. Muchas gracias.
Aloysius Marktbreit

Gabriel de Biurrun

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

1.679 – Carta a un editor

alejandra diaz ortiz2  Cariño, tranquilo, no te pongas esdrújulo.
Está claro que a nuestra relación le urge una separata. Desde hace tiempo que los cuerpos no se corresponden con los verbos. La caja se ha convertido en un complicado oxímoron. Los días se transforman en noches cursivas y el calor nos ahoga con su helada puntuación.
Ya no encontramos más puntos a seguir. Me cansan las interrogaciones y la letra capital. Nuestras rimas desentonan y tus acentos, música en antaño, ahora son un manojo de átonos reproches. Para ti, los adjetivos se han vuelto graves. En mí, ya no quedan sustantivos que agregar.
Aunque duela la verdad, esta prosa se acabó. Nuestras diéresis pudieron con la ficción de una crónica condenada a la errata: lo sabíamos a pie de página. ¿Recuerdas nuestro prólogo? Por aquel entonces, ya tuvimos dos llamadas de mala puntuación. Pero insistimos, abriendo las comillas. Es cierto, nos sobraba admiración, pero abusamos de los puntos y seguidos.
No extrañar tus besos ha sido la coma que ha vuelto imposible la lectura, lo sé. No hay cuadratín que valga para pedir disculpas. De hecho, te confieso, no encuentro nada más que restar. Firmemos, pues, un colofón de mutuo acuerdo y, luego, como amigos, abramos el paréntesis.
Vete ya. Seguro encontrarás una musa más dispuesta, esperándote al otro lado de un nuevo folio.
Por último, querido mío, te agradeceré que no subrayes más: ¡no me toques más los versos!
Afectuosamente,

Constanza de Lapsus Pertinaz

Alejandra Díaz-Ortiz

Pizca de sal. Trama editorial. 2012

1.677 – El descubrimiento

eduardo galeano34  En 1492, los nativos descubrieron que eran indios,
descubrieron que vivían en América,
descubrieron que estaban desnudos,
descubrieron que existía el pecado,
descubrieron que debían obediencia a un rey y una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo,
y que ese dios había inventado la culpa y el vestido
y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja.

Eduardo Galeano

Los hijos de los días, Siglo XXI de España, editores. 2012

1.676 – Los bárbaros

gines cutillas-¿Qué esperamos congregados en el foro?
 Es a los bárbaros que hoy llegan.
Constantino Cavafis

Ante la inminencia de su llegada, no dudamos en derrumbar las murallas de la ciudad para que no pensaran que osábamos mostrar resistencia y enojarlos aún más. pero también incendiamos las cosechas con el fin de desanimarles si venían con intención de quedarse. Dejamos de escribir las leyes, convencidos de que ellos las rescindirían y también olvidamos castigar a los malhechores, que pronto se adueñaron de la ciudad. A los niños los abandonamos a la deriva en barcos y a todas las mujeres en edad fértil, por no matarlas, les extirpamos los úteros para que ninguna criatura impía creciera en ellos. A los ancianos les dimos una muerte digna y los enterramos con todos los honores.
Más tarde, reunidos en el ágora, debatimos si matar al Rey, por aquello de adelantarles trabajo y quizá conseguir que nos mostraran clemencia. En medio de tanto caos, con la cabeza del monarca todavía rodando por el suelo llegó el oteador, exhausto, para comunicar que ni rastro de los bárbaros, que nadie los había visto en años y que incluso había quien aseguraba que ya no existían.

Ginés S. Cutillas

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

1.675 – Ganado

 Muñoz Rengel En las regiones del norte de la comarca, inesperadamente, una vaca había comenzado a hablar; dominaba todas las lenguas romances, tres lenguas caucásicas, cuatro lenguas muertas, el sánscrito, el japonés y el persa. En la zona más árida de la llanura, no tardó en aparecer otra vaca que había sido capaz de desarrollar la demostración de la conjetura de la distribución de los ceros de la hipótesis de Riemann. Más tarde, llegaron noticias de una tercera, en los valles de la aldea de Ivy, que tenía intención de publicar una teoría revisada y perfeccionada del materialismo dialéctico de Marx y Engels. En cuanto llegó a oídos del Gobernador que, desde que comenzaron a manifestarse estos fenómenos, las vacas habían dejado de dar leche, ordenó su inmediato sacrificio.

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

1.674 – Juicio

angel olgoso 2  Aquel ciudadano no ha acusado de brujería a la mujer ante el Tribunal que habrá de torturarla porque creyera que negociaba carnalmente con Belcebú la ruina de su familia, ni porque la haya visto danzar hasta el amanecer en torno al Macho Cabrío, o amasar ungüentos con belladona y hojas de álamo y grasa de niño, o beber la leche de los jarros que reposan en los alféizares de las ventanas, ni siquiera para vengarse y que sus bienes sean confiscados, sino porque cuando los inquisidores busquen en su cuerpo la señal del Diablo (una heridita impía, un pliegue satánico, una pequeña pero obscena mancha, un lunar sacrílego) él podrá al fin contemplar desnuda a su vecina.

Ángel Olgoso

La máquina de languidecer. Páginas de espuma.2009

1.673 – Confusión

jj millas2  Antes de que hubiera terminado de desenvolver el regalo de cumpleaños, sonó dentro del paquete un timbre: era un móvil. Lo cogí y oí que mi mujer me felicitaba con una carcajada desde el teléfono del dormitorio. Esa noche, ella quiso que habláramos de la vida: los años que llevábamos juntos y todo eso.
Pero se empeñó en que lo hiciéramos por teléfono, de manera que se marchó al dormitorio y me llamó desde allí al cuarto de estar, donde permanecía yo con el trasto colocado en la cintura. Cuando acabamos la conversación, fui al dormitorio y la vi sentada en la cama, pensativa. Me dijo que acababa de hablar con su marido por teléfono y que estaba dudando si volver con él. Lo nuestro le producía culpa. Yo soy su único marido, así que interpreté aquello como una provocación sexual e hicimos el amor con la desesperación de dos adúlteros.
Al día siguiente, estaba en la oficina, tomándome el bocadillo de media mañana, cuando sonó el móvil. Era ella, claro. Dijo que prefería confesarme que tenía un amante. Yo le seguí la corriente porque me pareció que aquel juego nos venía bien a los dos, de manera que le contesté que no se preocupara: habíamos resuelto otras crisis y resolveríamos ésta también. Por la noche volvimos a hablar por teléfono, como el día anterior, y me contó que dentro de un rato iba a encontrarse con su amante. Aquello me excitó mucho, así que colgué en seguida, fui al dormitorio e hicimos el amor hasta el amanecer.
Toda la semana fue igual. El sábado, por fin, cuando nos encontramos en el dormitorio después de la conversación telefónica habitual, me dijo que me quería pero que tenía que dejarme porque su marido la necesitaba más que yo. Dicho esto, cogió la puerta, se fue y desde entonces el móvil no ha vuelto a sonar.
Estoy confundido.

Juan José Millás

1.672 – Seguro de vida

alonso ibarrola El agente de seguros llamó a la puerta y con su insistencia y verborrea consiguió entrar y sentarse en el sofá del salón-comedor, junto al cabeza de familia. Éste, al principio escéptico y esquivo, se fue mostrando al rato, interesado en el asunto. El agente trataba de convencerle para que suscribiera una póliza «seguro de vida». Insistió mucho en el futuro de su mujer e hijos y en los peligros que ofrece la vida moderna -accidentes de coche, de avión, el cáncer, los infartos de miocardio, los ladrillos que caen de los tejados…- y tanto reforzó estos argumentos, describiendo un panorama tan negro para la presunta viuda y los presuntos huérfanos que, el hombre, en un momento determinado, prorrumpió en sollozos incontenibles. Alarmada, acudió su mujer a consolarle, al mismo tiempo que enojada gritaba al agente de seguros: «¿Qué le ha dicho usted a mi marido?». El agente, cabizbajo, se fue pronunciando confusas palabras…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.671 – El (Des)Encuentro

rosa martinez La sombra del ciprés se refleja en las nubes y tus pasos se van borrando del sendero perseguidos por un viento que inhala el polvo del camino. Te desabracé y la sonrisa se desdibujó en mi cara, mientras cierro los ojos para ver como te alejas sin dejar de mirarme…

Rosa Martínez

http://vanalaire.blogspot.com.es/search?q=La+sombra+del+cipr%C3%A9s
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