Yo llevaba muerto muchos años, pero sentía curiosidad por saber si la mujer con quien había compartido mi vida seguía viva y qué tal le iban las cosas. Me dijeron que esa curiosidad no tenía sentido, que nada lo tenía después de haber muerto. Pero yo sólo quería saber si ella se encontraba bien. Ellos insistieron en que era inútil insistir, que si ella vivía no podríamos entrar en contacto y que si había muerto tampoco. Me repitieron que todo había acabado y que nada podían hacer al respecto. Sin embargo, la ansiedad por recibir noticias de mi amada iba en aumento de manera imparable y no pensaba renunciar a mi propósito. Al final tuvieron que admitir que tal vez yo no había muerto del todo. Supongo que el sobresalto fue tan violento que acabé por despertarme.
Mi mujer dormía plácidamente a mi lado, en la oscuridad, con el pelo revuelto y la sábana cubriéndole apenas la cintura. La abracé con insistencia hasta que ella despertó y le hice el amor como si acabáramos de conocernos. Luego le confesé que había tenido una horrible pesadilla, en la que la echaba mucho de menos. Por su parte, ella también había soñado algo muy extraño, según me dijo. Alguien, al parecer muy obstinado, la perseguía sin descanso para saber cómo vivía y todo lo demás. Cuando le pregunté quién era esa persona me dijo -entre bostezos- que no lo recordaba, pero que cuando yo la desperté estaba a punto de lograr que la dejara en paz.
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2.336 – El miedo…
2.335 – Le escuchaba…
2.334 – La rana fantasma
La rana fantasma puede croar a cualquier hora del día, pero suele hacerlo sobre todo en la noche. Su canto, aunque carece de realidad, no se diferencia del que emite una rana común, y hasta llega a confundirse con él. Pero no sólo eso: la rana fantasma jamás canta sola y prefiere, más bien, hacerlo acompañada de un grupo de ranas reales. Así que en una noche cerrada y en mitad del campo resulta imposible distinguirla; afirmar lo contrario constituiría una completa falsedad. Por esta razón, el miedo que este fantasma llega a producir posee tal exclusividad, que nadie puede aseverar que lo haya experimentado de verdad. Y, sin embargo, ¿quién podría asegurar que la rana fantasma no existe?
Jaime Alberto Vélez G.
http://e-kuoreo.blogspot.com.es/2011/09/31-jaime-alberto-velez.html
2.333 – Muerto de enmedio
Si hubo un primer hombre y, presumiblemente, también habrá un último, creo que la gran pregunta sobre la historia de la humanidad es la siguiente: ¿Habrá un hombre de enmedio, ése que sería tan venerado por las estadísticas porque el número de muertos antes de él será exactamente el mismo que el número de muertos después de él? ¿0 bien, el número de hombres que pasarán por la tierra será par y no habrá muerto de enmedio?
Lo mismo para las mujeres, lo mismo para los niños y las niñas, lo mismo para los rubios, etcétera.
Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. libros – 2008
2.332 – El cielo está alquilado
¡Tan tan!
-¿Quién es?
-Un alma caritativa.
-¿Deseaba pasar?
Sí. Vengo de la Tierra.
-Lo siento… pero el cielo está alquilado.
-¿Cómo me dice usted eso? ¿A mí, que tengo privilegio de reservación? He dado mi cuota correspondiente cada día que pasaba. ¡Hasta tengo intereses acumulados! Debe haber un error. ¡Revise! ¡revise! Lo suplico. Además, tengo derecho a explicaciones.
Silencio.
-¿Cómo dijo llamarse?
-(Con furia) ¡Eso qué importa! ¡Soy un alma caritativa!
-Realmente vienen pocas. Pero su nombre no aparece.
-(Irónico) ¡Si debería estar en letras de oro!
-El oro aquí no cuenta. Para escribir usamos las plumas viejas que se les caen a los ángeles y las untamos con tinta roja, indeleble e inagotable…
supongo que conoce la historia. –
-Sí la conozco. ¿Pero qué pasa que no abre?
-Ya se lo dijimos… el cielo está alquilado. Hay tanta demanda que apenas para nosotros queda un rinconcito. Tenemos muchos compromisos. Le quedan dos opciones: hacer una espera en el purgatorio o regresar a la Tierra. Nosotros siempre cumpliremos su solicitud de reserva.
-¡Pero si la Tierra es un infierno!
-Cierto. ¡Y aquí, por el momento, los del infierno no tienen entrada!
Octavio Robleto
Cuentos de verdad y de mentira. Ed. Nueva nicaragua – 1986
2.331 – El muerto
El hombre había caído atravesado a las vías del «metro» y muerto en el acto, porque un convoy, segundos después, pasó sobre su cuerpo y lo destrozó, ante el horror de los pasajeros que permanecían en el andén. El cuerpo sin vida fue cubierto con una manta, en espera de los trámites oportunos. Se reanudó la circulación y los convoyes pasaban por encima del cadáver. Era domingo y había escasa concurrencia. Tardaba en llegar el juez, o quizá no le dieron el aviso. El hecho es que todos se fueron olvidando del incidente. Luego, el paso veloz de los vagones terminó por desplazar al cadáver o lo que quedaba de él. Un convoy se llevó una pierna, otro un brazo… Al cabo de unos días no quedaba ni la manta, roída por enormes ratas cuando la circulación se interrumpía por la noche.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
2.330 – A Circe
¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.


