2.829 – El regreso del héroe

alba_omil2  Retornó a su Ítaca con el vigor intacto (ni viejo, ni cansado; sólo envejecido, provisionalmente, por la Diosa) y su rotoso zurrón cargado de prodigios.
Semiadormecido por el vino, los tendió en la galería de la choza mientras el porquero atendía su piara. Entrecerró los ojos para revivirlos mejor, y pudo ver cómo relucían bajo el último sol de la tarde.
Pronto tendría lugar el encuentro. ¿Cómo sería ahora ella? ¿Cómo aparecería, ahora, él a los ojos de ella?
Lo fascinaban lo desconocido, el misterio, la conquista.
Bajo el brillo de las hogueras entre el hedor de la muerte y los aromas azufrados de los sacrificios, se irguió la reina, deslumbrante y desmesurada por la gracia de Palas.
Latió fuerte el corazón del astuto guerrero, más de ansiedad que de temor.
Ella no reparó en el desconocido.
Más tarde, la vieja nodriza, al lavarle los pies, reconoció la antigua herida.
Esa noche, en el inviolado lecho de olivo, marfil y oro, un hombre y una mujer, en los umbrales de la vejez, repetían antiguos rituales, sin la magia de la novedad, del misterio, de la conquista.

Alba Omil
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

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