A este mismo propósito un judío muy rico se convirtió en Roma, y a pocos días de cristiano le sucedió una grande desgracia en la hacienda. Consolábale su padre espiritual con decirle que con tales trabajos prueba Dios a sus mayores amigos. Respondió:
—Padre, no me espanto de que tenga Dios con sus amigos este trato; lo que me asombra es cómo en tan pocos días ha estrechado conmigo la amistad, tratándome como si nos hubiéramos conocido de muchos años atrás.