«Seré breve», dijo el homenajeado, levantándose de la mesa. Algunos bisbiseos trataron de acallar a los comensales, que ajenos a lo que sucedía charlaban animadamente. El homenajeado, en pie, esperó pacientemente. Las charlas continuaban. Molesto y cariacontecido se volvió a sentar y continuó comiendo su postre. Casi nadie se apercibió del hecho.