1.289 – Houdini el escapista

 Fue ilusionista, atleta, contorsionista y cerrajero. Se hizo llamar Houdini, creó el número del escapismo y fue el mejor escapista de todos los tiempos. En pueblos y ciudades promocionaba su acto desafiando al jefe de policía o de la prisión local a mantenerlo encerrado. Escapó de cuerdas, cadenas, camisas de fuerza, todo tipo de esposas, barriles, cajas, baúles, bidones, bolsas, sacos, ataúdes, jaulas y habitaciones cerradas. Y sin embargo, yo conseguí atraparlo aquí, para siempre, para ustedes.

Ana María Shua
Fenomenos de Circo. Páginas de espuma 2011

1.288 – Cacería

 Permanece estirado, boca arriba, sobre la estrecha cama de madera. Con los ojos apenas entreabiertos busca en las extrañas líneas del techo el comienzo de un camino que lo aleje de su perseguidor. Durante noches enteras ha soportado el acoso, atravesando praderas de hierbas venenosas, vadeando ríos de vidrio molido, cruzando puentes frágiles como galletas. Cuando el perseguidor está a punto de alcanzarlo, cuando lo siente tan cerca que su aliento le quema la nuca, se revuelca en la cama como un gallo que recibe un espuelazo en pleno corazón. Entonces el perseguidor se detiene y descansa recostado a un árbol, aguarda con paciencia que la víctima cierre los ojos para reanudar la cacería.

Ednodio Quintero
Por favor sea breve. Ed. Páginas de espuma, 2001

1.287 – Yo, mutilado capilar

 Los peluqueros me humillan cobrándome la mitad. Hace unos veinte años, el espejo delató los primeros claros bajo la melena encubridora. Hoy me provoca estremecimientos de horror el luminoso reflejo de mi calva en vidrieras y ventanas y ventanillas.
Cada pelo que pierdo, cada uno de los últimos cabellos, es un compañero que cae, y que antes de caer ha tenido nombre, o por lo menos número.
Me consuelo recordando la frase de un amigo piadoso:
-Si el pelo fuera importante, estaría dentro de la cabeza, y no afuera.
También me consuelo comprobando que en todos estos años se me ha caído mucho pelo pero ninguna idea, lo que es una alegría si se compara con tanto arrepentido que anda por ahí.

Eduardo Galeano
El libro de los abrazos. Siglo XXI -1989

1.282 – Leones y domador

 Un grupo de leones se ha puesto de acuerdo en comprar un domador, pero tienen poco dinero. Todo lo que consiguen es un anciano desdentado (aunque con su dentadura postiza) que fuera domador de potros en su juventud. Se llama Francisco Nicomedes Rojas y es de Sunchales. Los leones rugen como si fueran feroces, el viejo hace restallar el látigo, hay que admitir que se lo ve adecuadamente frágil y aun así el público se fastidia. Les iría mejor con una jovencita rubia, de aspecto tímido, pero son demasiado caras, están ahorrando.

Ana María Shua
Fenomenos de Circo. Páginas de espuma 2011

1.273 – Los siete pecados evitables

 Hugo saludó al insomnio en plena madrugada. Palpó el cuerpo que dormía a su lado.
Los recuerdos mitigaron el silencio. En la penumbra de la habitación apenas alcanzó a distinguir los últimos años de su vida.
Echó de menos la lujuria de los primeros días con Lola. La gula con la que saciaban sus cuerpos. Por aquel entonces, ella era la mujer de otro. Tras las despedidas, al caer la noche, él enfermaba de ira al quedarse solo. La envidia no le dejaba dormir al imaginar «al otro» durmiendo al lado del cuerpo de su pasión.
La avaricia le cegó la razón. Una de esas tardes de amor clandestino, invadido de soberbia, se la jugó: « O te quedas conmigo o no vuelvas». Ella se quedó.
Hugo cerró los ojos. Le gustaría entender por qué, desde entonces, la pereza también se quedó a vivir con ellos.

Alejandra Díaz-Ortiz
Pizca de Sal.Trama Editorial 2012

1.270 – La II Guerra Mundial pudo haberse evitado

  Si el crítico vienés Jakob Neumann, que presidía el jurado, hubiera dado su voto de calidad a cierto óleo firmado por un tal Adolf Hitler en la Bienal de Bellas Artes de 1912, acaso el joven aspirante a pintor no hubiese dejado su profesión por la política. Inútil reprochar nada a Neumann; sobre todo cuando el propio Adolf Hitler ordenó su fusilamiento a las pocas horas de aquella entrada apoteósica en la Austria del Anschulss. Lo que nunca supo el dictador fue que la decisión de Neumann nació de un escogido lote de vinos que había recibido de un importante bodeguero vienés, cuyo hijo, con veleidades pictóricas, obtuvo aquel premio. Obvio es decir que tal ignorancia salvó la vida del bodeguero, no la de su hijo.

Juan Pedro Aparicio
http://nalocos.blogspot.com.es/2012/08/juan-pedro-aparicio.html