Le ocurrió el hecho un día, al anochecer, de regreso a casa, tras haber cumplido su jornada laboral. Se había olvidado las llaves al salir de casa por la mañana y tocó el timbre. Al cabo de un rato abrió su mujer la puerta. «¿Qué desea usted?». Pensó que estaba de broma. Pero firme en la puerta, no le dejaba entrar. La pregunta volvió a formularla varias veces. Todo resultó inútil. La puerta se cerró con estruendo y rapidez. Rogó, suplicó, chilló, protestó, gritó… Los vecinos se asomaron para ver lo que ocurría en la escalera. Fue entonces, al ver sus rostros desconocidos, cuando se percató de que se había equivocado de portal… Y, por supuesto, de mujer.
Categoría: General
1.611 – Genética
-¡Mami, Mami!- chilla Rebeca, ojos grandes, media sonrisa, un colmillo atrapando la punta de la lengua como para morderse la celebración, la mano cerradita sobre el lápiz que baja en picada rumbo a la hoja en blanco.
– ¿Qué, mi amor?- dice la madre desde el baño, con un ojo en su libro y otro en el drenaje del secarropas.
– ¡Se me escribió un cuento!
Edgardo Ariel Epherra
1.610 – Lapso
1.609 – Sensatez
Dispuesto a inculcar un poco de sensatez en los reclutas, el nuevo comandante en jefe ordenó que, en lugar de romper filas, se limitaran a deshacerlas.
Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2013/02/algo-para-picar.html
1.608 – España
1.607 – Tras morir…
Tras morir, nota atónito el suicida cómo un tipo lo saca a la luz y le corta el cordón umbilical. Frustrado, rompe a llorar.
Maria Jesus Lavado Jimenez
http://madseasonenserie.blogspot.com.es/2012/05/i-concurso-microrretales.html
1.606 – Principios de siglo
El abuelo siempre hablaba de aquellos años, donde el futuro era color de rata, decía. Me contaba que por entonces los jóvenes tenían que emigrar para asegurarse un futuro, y que lo de estudiar era sólo casi para señoritos. Que los ricos eran muy ricos y que muchos de los que no lo eran, vivían de beneficencia; o de la caridad de los primeros, a los que les encantaba jactarse de ello. Que los que trabajaban no podían permitirse lujos, pero eran muy afortunados por tener con qué mantener a su familia, y a alguna más. Que continuamente la vida se encarecía al tiempo que los salarios menguaban. Que uno pagaba hasta para ir al médico. Que lo de tener casa propia era un sueño, al alcance de pocos, que podía acabar en pesadilla para muchos. Que los políticos hacían como que hacían para cambiar las cosas, para así no tener que hacer nada por cambiarlas. Que las leyes casi siempre beneficiaban al poder, no a los justos.
Mi abuelo hablaba con indignación de aquella época plagada de injusticias que le tocó vivir, en la que el pueblo apenas tenía derechos, mientras el rey apuntaba para otro lado. Cierto es que a lo mejor chocheaba un poco, pero quizá era verdad que a principios del siglo veintiuno las cosas eran así.
Miguel Ángel Flores
1.605 – Sicario
Te acercas a cara descubierta porque ya no hay nada que esconder. Sin mediar palabra sacas la pistola y me apuntas al pecho, con un gesto así como muy peliculero. Yo me arrodillo, te suplico, lloro, tiemblo, aun sabiendo que no cambiarás de opinión. Cumples órdenes. Como último recurso te ofrezco dinero, drogas, mujeres, y tú sonríes mientras una a una vas negando todas mis ofertas con la cabeza. Sin más, vacías el cargador en mi cuerpo. A quemarropa. Un asesinato rápido, sin improvisaciones. ¿Lo has entendido? ¿Sí? Perfecto. Pues coge el dinero y la pistola de ahí encima y cuando quieras empezamos.
Víctor Lorenzo Cinca
http://revistamicrorrelatos.blogspot.com.es/2013/06/sicario.html
1.604 – Motivos suficientes
Cualquier hombre en el lugar de Ulises también hubiera preferido las sirenas. Eran perfectas para las orgías que festejaban en los barcos, y un ingrediente exquisito para la paella.
Martín Gardella
http://www.livingsintiempo.blogspot.com.es/2012/06/motivos-suficientes.html
1.603 – Instrucciones para escribir una carta
Conocer a una mujer una tarde, en una terraza del centro de su ciudad. Convidarla a un café y entablar con ella una conversación ligera, pero no superficial. Apreciar la calidez y el silencio, su rutina de sonrisas, titubeos. Imaginar vivamente su aliento en el nuestro y la caricia dorada del sol en su pelo castaño, en la ventana, al caer la tarde.
Amarla después, echarla de menos. Aguardar a que pasen catorce días exactos.
Entonces ya está usted listo para escribir una carta.

