1.972 – Alivio

alonso ibarrola  Los domingos es el día de visitas más concurrido en las residencias de ancianos. Acuden familiares y amigos con rostros compungidos. Cuentan a los internados sus tristezas, sus desgracias, sus problemas… Qué enorme alivio experimentan éstos cuando se van.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.970 – El niño grande

montana campon  La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha. Su madre solo le deja salir las tardes de tormenta, cuando el riachuelo espontáneo que se forma en la calle le permite flotar sus barquitos de papel. -¡Mirad! –increpa a la cuadrilla que regresa del trabajo-. Hoy sí que va deprisa el mío, os voy a ganar… ¡Os voy a ganar! Lo que él no comprende es que aquéllos, sus amigos de siempre, hace más de treinta años que ya no juegan a los barcos.

Montaña Campón Pérez
Cadena SER – Relatos en cadena – Ganador 21/06/2012
http://www.escueladeescritores.com/relatos-en-cadena-2012
http://entretiensld.blogspot.com.es/2013/08/montana-campon-espagne.html

1.969 – Por unos dólares más

juan-armando-epple  Cervantes cuenta que el viejo hidalgo era asistido por «un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera». Marco Denevi reparó en que este personaje nunca más se menciona en la novela. Algún lector del siglo XIX sugirió que el hidalgo había sorprendido al mozo con la sobrina y lo expulsó de la casa. Pero la explicación verdadera ya la conocía Cide Hamete, quien decidió eliminarlo del libro por una razón valedera: don Alonso Quijano le había ofrecido al mozo el puesto de escudero, pero este rechazó la oferta porque no incluía paga extra. El mozo perdió una oportunidad de ser conocido por los siglos venideros porque no sabía que la fama puede atraer dinero a veces, pero no a la inversa.

Juan Armando Epple
Los microrrelatos de La nave de los locos. Ed. Cuadernos del vigía. 2010

1.968 – El ardor de las palabras

javier Ximens  Después de unos años creando el poema destinado a declarar su amor a la joven viuda —ahora ya madura—, por fin lo tenía acabado, quedándole tan solo decidir si en el verso mil seiscientos treinta era mejor poner una u otra palabra, cuestión esta a la que se consagraba durante las tres últimas semanas.
Se sentía muy gozoso de haber hallado las locuciones precisas para sus cabellos sedosos, las cejas escarzanas, la recoleta mirada, el fulgor de su sonrisa, la constelación de lunares del cuello, su exuberante castidad, los gestos de gala y así hasta las uñas de los pies: de nácar irisado. Dudó mucho con los pechos, pero se dijo que debía ser decidido y los adjetivó como melíferos. Sin embargo, estaba dubitativo hasta la extenuación para escoger la palabra adecuada al sentir de su propio corazón.
Una mañana que paseaba por el parque reflexionando sobre las pasiones que se abrirían o cerrarían por la decisión, le avisaron de que su casa estaba ardiendo. Al llegar a la devastada vivienda y ver los manuscritos calcinados, continuó preguntándose —ahora ya sin sentido alguno— si era más preciso decir que había sido el fuego o la llama.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2012/11/el-ardor-de-las-palabras.html

1.967 – Reinserción

Pedro Herrero_110921  El hijo del lechero ha entrado en la farmacia. A la chica del mostrador le ha costado reconocerlo porque, aunque su cara es famosa en todo el barrio, hace tiempo que no le echaba la vista encima. Lo encuentra cambiado, desprovisto de aquella actitud beligerante con la que intimidaba a propios y extraños. Los pequeños surcos que agrietan sus sienes delatan que ha debido pasarlo mal en la cárcel. Ahora es otra persona, capaz incluso de inspirar confianza. Pero cuando deja oír su voz para pedir una caja de Tranxilium-Forte, la chica del mostrador nota el mismo estremecimiento que antaño la hacía sentir vulnerable, a expensas de lo que el destino le tuviera reservado. A más de un vecino ha oído comentar que el joven se ha reformado, que ha aprendido a respetar las normas elementales de convivencia. Ya no hay motivo para pensar que esconde oscuras intenciones; por más que ella se demora en atenderle, en comentar con detalle la posología recomendada para aquel medicamento, en preguntar -con una sonrisa en los labios- si necesita algo más… Todo es inútil: el hijo del lechero se guarda las cápsulas en el bolsillo, da el importe exacto y se despide deseando que pase un buen día.

Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2014/05/reinsercion.html

1.966 – El amante de las sombras

rafael perez estr22 Aprovechó su amor y la entrega para, hábilmente, apoderarse de su sombra. Con besos y caricias, con historias fantásticas en las que las islas serían testigos de su vida en común, fue despegando la sombra de su cuerpo; y ella -absorta y seducida- no notaba nada. Sólo cuando el amante huyó con la sombra, los gritos se mezclaron con las lágrimas.

Rafael Pérez Estrada

Los Amores Prohibidos, 1995

Para lectores con buena memoria: Este cuento fue publicado en esta página, con el número 1.601 el 28 de julio de 2013. Ese día, por error publiqué dos cuentos con la misma  fecha y el mismo número. Queda así equilibrado ‘Un cuento al día’.

1.964 – Temores

_JU17161  Hay un lugar en el mar, donde se cruzan los meridianos, en el que el demonio se bañó un día. Allí se hunden los barcos sin remedio.
Dicen que se puede caminar por la superficie del agua sobre los restos de sus naufragios. Han formado una isla, que adornan las banderas de mil barcos quebrados.
Temen los marineros rozar ese lugar con su quilla un día. Lo señaliza la muerte, pero miente a menudo.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

1.963 – Carencia: f. Falta o privación de algo

ivan teruel02  Un edificio a medio construir, un puzle inacabado, la manga vacía de la gabardina de un manco, el torso de Belvedere. Ese extraño embelesamiento. O aquella necesidad de buscar siempre alguien inseparable: en el colegio, en el instituto, en la universidad. Y después Valeria y la manera desesperada de entrar en ella. Apenas un sucedáneo. La condición de hijo único, pensabas. Pero un día, inesperadamente, aparece la foto de colores desvaídos, con el año de tu nacimiento en el reverso. La foto de tres, tal vez tomada por tu padre. La foto en que tu madre, con una expresión que no le recuerdas, posa, feliz, con dos bebés en el regazo. Dos bebés iguales, exactamente iguales.

Iván Teruel

Un jurado formado por las escritoras Ana María Shua y Gemma Pellicer, y por el profesor y crítico literario Enrique Turpin ha decidido otorgarle el premio anual que concede la Microbiblioteca de Barberà del Vallès (Barcelona) a Iván Teruel.