Mis amigos me dicen que soy muy agresivo, pero me lo dicen a gritos.
Categoría: General
2.117 – Peligrosa senectud
Los viejos son muy peligrosos. Hace diez años se hundió el sistema financiero, y dejaron de cobrar sus pensiones y fueron expulsados de los asilos donde vivían, así que formaron bandas que desvalijan a los jóvenes y les agreden sin piedad con sus bastones. Cada vez hay más ancianos que asaltan tiendas o bancos, sabiendo que, con la edad que tienen, poca cárcel verán. Si ves en la calle viejecitos de apariencia apacible, formando un corro como si hablaran de sus cosas, no se te ocurra acercarte: cambia de acera y corre, pues eso sí, la mayoría de ellos cojea.
Jordi Cebrián
www.cienpalabras.com
2.114 – Niebla
Alrededor de Lorena había niebla, a lo mejor por eso resultaba tan sencillo perderse junto a ella. Una niebla azul, que le seguía adonde iba, y provocaba a su alrededor tropezones y accidentes, atropellos mortales, insospechados despistes.
Desde muy pequeña el aire se condensaba sin remedio en torno a ella. Sobre su cuna se formaba una ligera neblina que impedía a sus padres verla con claridad. Por ese motivo, las visitas nunca acertaron a decir si se parecía más a él o a ella.
Alrededor de Lorena había niebla como alrededor de otras mujeres hay viento, brisa o lluvia. Sólo a la carrera, bajo un paraguas, se puede llegar hasta ellas.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
2.113 – Lecciones en vídeo
Cuando la niña de siete años llegó a casa, a sus padres no les hizo mucha gracia lo que contó. A partir del próximo lunes, la profesora había anunciado que les mostraría un vídeo con unas lecciones prácticas sobre la vida sexual de los animales y de los seres humanos. El padre, particularmente, no tenía ningún inconveniente en lo de los bichos, pero que su hija pudiera ver a una pareja «en acción», le asustaba. La madre, más práctica, se puso en contacto rápidamente por teléfono con otras madres en idéntica situación. Todas estaban preocupadas, molestas y susceptibles. Decidieron reunirse en casa de una de ellas el sábado por la tarde, y de dicha reunión salió nombrada una comisión de cinco madres, que se personaron en el colegio el lunes a primera hora. La Dirección, muy comprensiva con el asunto expuesto por la comisión, accedió a la petición. Antes de exhibir las cintas pedagógicas en clase, podrían contemplarlas y sopesarlas los padres de los alumnos. La noticia corrió como un reguero de pólvora por la ciudad, casi siempre tranquila. El martes por la noche, el salón de actos estaba totalmente abarrotado de padres de familia. Se apagaron las luces y tras una previa presentación de la profesora -que en opinión muy particular de algunos padres era una mujer atractiva y sensual- comenzó el visionado de las tres primeras lecciones. Al llegar a un primer descanso, todos los asistentes estaban conformes con la teoría expuesta. En la segunda parte se visionaron otros tres capítulos, dedicados a los seres humanos, a la procreación, al coito, a las diversas posturas, etcétera. Resulta ahora muy difícil narrar lo que ocurrió entre los asistentes. Habría que remitirse a los comentarios posteriores en cada uno de los hogares, o lo que es peor: a los hechos que se sucedieron y repitieron en más de una casa. Algunos matrimonios, presos de gran excitación en la sala y aprovechando la oscuridad, cometieron actos irresponsables y ofensivos para quienes se sentaban a su lado. Hubo parejas que se besaron con fruición, con pasión, recordando tiempos pasados, de novios. Y en las alcobas, algunas «imágenes» fueron testigos de unos actos que jamás los implicados hubieran soñado con poner en práctica días antes… Las lecciones, de todos modos, fueron prohibidas.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
2.112 – Flechazo
2.111 – Virgen generala
2.110 – El abuelo
Está en la sala familiar. Permanece inmóvil, incluso luego de oscurecer. No responde a los que le hablan, ni siquiera a sus más íntimos amigos. Con el transcurso de los días descubrimos que ya no se alimenta. Sabemos que aún respira, pero ya hemos desistido de buscarle conversación. Su mutismo es irreversible.
Finalmente alguien lo coloca en una maceta y allí lo dejamos.
Procuramos regarlo dos o tres veces por semana.
Alejandro Bentivoglio
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009
2.109 – Vidas cruzadas
Tener una hermana gemela no es algo que se escoja -tiempo al tiempo- pero, y eso puedo asegurarlo hoy con una certeza absoluta, es algo que no se elegiría aunque así pudiera hacerse. Me dirán que dependerá del caso, que habrá gustos para todo, que a cada cual le va según su experiencia. Pues no: puedo asegurarles con una convicción incuestionable que, en el fondo del fondo, a nadie le gusta verse repetido y ya desde su nacimiento conocer una de las verdades más aplastantes con las que, tarde o temprano, todos debemos enfrentarnos: no somos únicos.
Tenemos que conformarnos, no obstante, con la suerte que nos toca. De un modo u otro, mi hermana gemela y yo hemos ido cumpliendo años en armonía, si bien es cierto que, en más de una ocasión, al mirarme en el espejo he pensado que yo no era yo, sino ella y, por el contrario, al mirarla a ella he llegado a pensar que se trataba de mí. Sé que a mi hermana le ha sucedido otro tanto. Ni siquiera nuestros padres han podido distinguirnos. Es difícil entender semejante confusión si no se ha sufrido nada similar, pues parece sencillo detectar los límites de la propia persona.
Sea como fuere, hasta ahora siempre habíamos estado de acuerdo sobre el momento y las características de nuestros pactos. Por ejemplo, habíamos coincidido en el deseo de intercambiamos el marido durante una semana. O el trabajo. Nunca había habido problemas después con la devolución de nuestras vidas o, por decirlo de otro modo, siempre había estado claro a quién correspondía cada marido, cada trabajo, cada casa o cada problema. Hasta ahora, insisto. Porque el asunto del embarazo ha trastornado las facultades mentales de mi querida hermanita que, estando embarazada yo, insiste en mantener la loca idea de que este embarazo es en realidad suyo, aunque no sea a ella a quien se le note. Dice que el hijo que yo llevo dentro le pertenece, que yo no soy más que el receptáculo en donde el bebé está creciendo y que, una vez salga al mundo deberé entregárselo a sus verdaderos padres, es decir a ella y a su marido. Y como siempre ha sido más hábil que yo con el lenguaje, ha convencido de semejante despropósito no solo a nuestros esposos y padres sino, lo que es peor y más grave aún, al ginecólogo y al mundo entero, que ha comentado su caso en la prensa y, aunque parezca mentira, se ha puesto de su parte. ¿O de la mía?
TITULAR: «Una japonesa da a luz al hijo de su hermana».
Flavia Company
Trastornos literarios,La vida en prosa .Textos de ficción basados en un titular publicado en la prensa escrita. Ed. Páginas de espuma. 2011
2.108 – La guerra ideal
Las figuras del ajedrez, en perfecta ordenación, son ejércitos dispuestos a matarse por defender a su rey. Cuánto más me gustan amontonadas en la caja, las fichas mezcladas, ya sean blancas o negras, al margen del rango y sexo, tumbadas unas sobre otras, en una hermosa orgía bicolor. Ojalá así fueran las guerras de verdad: una reina bajo un peón, el rey besando al alfil, dos torres de la mano sin que nadie las mire mal, y un final en tablas, sin vencedores ni vencidos.
Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2014/09/la-guerra-ideal.html
2.107 – El carpintero
José aceptó el anuncio del ángel sobre el embarazo de su mujer, María, con tranquilidad y sin demasiadas averiguaciones. No prestó mucha atención al asunto, pues estaba preocupado por las condiciones de una madera, desconocida para él, de que había oído hablar. Al parecer ese material procedía de Oriente: tendría que esperar el paso de una caravana para obtener algunos tablones. Con ellos elaboraría muebles para sus amos romanos, los únicos que pagaban un buen precio por su trabajo. La cuestión del Mesías le interesaba también, pero menos. Después de todo, un buen carpintero no tenía por qué meterse en política.

