Salió desesperado en busca de Gloria y se dio cuenta que no era sábado.Sábado de Gloria
Salió desesperado en busca de Gloria y se dio cuenta que no era sábado.
Salió desesperado en busca de Gloria y se dio cuenta que no era sábado.
Mi hermana soñó que era un pájaro. Un día se fue. Nunca mas volvimos a verla, ni de tarde cuando mirábamos el cielo.
Para las horas así, digamos jodidillas, no malas del todo pero pasando un poco de regulares, pues tenía eso, un botecito de cristal con su tapón de corcho, y con una cuerda lo colgaba del techo y luego le daba caña con un palo, no muy fuerte, para no romper el vidrio, pero sí lo suficiente como para que las moscas dentro del bote se chocaran violentamente unas con otras y zumbaran como diciendo: ¡hostias, otra vez!
Luego las moscas, con los ojos pegados al cristal, lo veían derrotado en un sofá, sudando, mientras ellas apuraban los últimos vaivenes pendulares, ya más relajadas, antes de contar las bajas.
Ismael Godínez, lúcido aún, nota cómo su cuerpo se mece como un pelele colgado del techo de la habitación, y se arrepiente de haber cedido a aquel estúpido arrebato. Sus manos actúan de forma autónoma intentado detener la terrible opresión de su cuello, mientras sus pulmones luchan por tragar un poco más de aire. De pronto un pequeño halo de luz se cuela bajo la puerta. Ismael sabe que puede llegar su salvación, pero no se atreve a moverse: ello aceleraría más su estrangulamiento. Para llamar la atención, lanza unos gemidos sofocados. Al otro lado de la puerta sus padres escuchan en silencio, felices de saber que Ismael, por fin, ha traído a casa una amiguita.
David Roas
Justo en el instante en que él se estaba afeitando, ella se duchaba.
Mujer tejiendo junto a la ventana. Inesperadamente, entra en la habitación un NIÑO, sosteniendo algo en el hueco de la mano.
NIÑO.- Madre, mira qué te traigo.
MADRE.- ¿Qué me traes?
NIÑO.- Una luz.
MADRE.-¿Dónde estaba?
NIÑO.- En la charca, debajo de la luna.
MADRE.- ¿Te vio alguien cómo la cogías?
NIÑO.- No, nadie.
MADRE.- Anda, préndemela pues en el pelo.
Pausa. El NIÑO se alza sobre la punta de los pies y prende la luz en el cabello de la MADRE. Por un instante, la MADRE deja de tejer y sonríe.
Me gustaría enamorarme, en una pasión correspondida hasta la locura, de dos hermanas mellizas: comer, bailar, bañarnos y hacer el amor, separándolas y creyendo estar siempre con la otra.
Yo grité. Tú torturabas. Él reía. Nosotros moriremos. Vosotros envejeceréis. Ellos olvidarán.
¡Huyamos, los cazadores de letras est´n aqu´!
«Sabemos su secreto. Si no mata a Rubén Ramos lo haremos público». Eso era todo lo que ponía la nota. Ser el hombre mas poderoso del país conlleva que de vez en cuando te lleguen anónimos como este. Por más que pienso no se me ocurre quién ha podido escribir esta nota. Ni siquiera conozco a ese tal Rubén. ¿Que interés tienen en su muerte? Yo por si acaso lo he mandado arrestar y fusilar. No tenía elección, imaginen el escándalo si mi secreto se hiciera público. Por otra parte tampoco sé muy bien a que secreto se refieren.
Ginés Cutillas