El Diablo es rojo.

Eduardo GaleanoMelilla, verano de 1936: estalla el golpe de estado contra la república española.
El trasfondo ideológico será explicado, tiempo después, por el ministro de Información, Gabriel Arias Salgado:
-El Diablo vive en un pozo de petróleo, en Bakú, y desde allí da instrucciones a los comunistas.
El incienso contra el azufre, el Bien contra el Mal, los cruzados de la Cristiandad contra los nietos de Caín. Hay que acabar con los rojos, antes de que los rojos acaben con España: los presos se dan la gran vida, los maestros desalojan a los curas de las escuelas, las mujeres votan como si fueran varones, el divorcio profana el sagrado matrimonio, la reforma agraria amenaza el señorío de la Iglesia sobre las tierras…
El golpe nace matando, y desde el principio es muy expresivo.
Generalísimo Francisco Franco:
-Salvaré a España del marxismo al precio que sea.
-¿Y si eso significa fusilar a media España?
-Cueste lo que cueste.
General José Millán-Astray:
-¡Viva la muerte!
General Emilio Mola:
-Cualquiera que sea, abierta o secretamente, defensor del Frente Popular, debe ser fusilado.
General Gonzalo Queipo de Llano:
-¡Id preparando sepulturas!
Guerra Civil es el nombre del baño de sangre que el golpe de estado desata. El lenguaje pone, así, el signo de la igualdad entre la democracia que se defiende y el cuartelazo que la ataca, entre los milicianos y los militares, entre el gobierno elegido por el voto popular y el caudillo elegido por la gracia de Dios.
Eduardo Galeano

Rosario

eduardo galeano1Villarejo de Salvanés, verano de 1936: Rosario Sánchez Mora marcha al frente.
Ella está en clase de Corte y Confección cuando unos milicianos vienen a buscar voluntarias. Arroja al suelo las costurerías y de un salto trepa al camión, con sus diecisiete años recién cumplidos, su falda de volados recién estrenada y un mosquetón de siete kilos que carga, como un bebé, entre los brazos.
En el frente, se hace dinamitera. Y en alguna batalla, cuando enciende la mecha de una bomba casera, un envase de leche condensada relleno de clavos, la bomba estalla antes de ser arrojada. Ella pierde la mano pero no la vida, gracias a que un compañero le ata un torniquete con las cintas de sus alpargatas.
Después, Rosario quiere seguir en las trincheras, pero no la dejan. Las milicias republicanas necesitan convertirse en ejército, y en el ejército las mujeres no tienen lugar. Tras mucho discutir consigue que al menos la dejen repartir cartas, con grado de sargenta, en las trincheras.
Al fin de la guerra, sus vecinos del pueblo le hacen el favor de denunciarla a las autoridades, que la condenan a muerte. Antes de cada amanecer, espera el fusilamiento. Pasa el tiempo.
No la fusilan.
Años después, cuando sale de la cárcel, vende cigarrillos de contrabando en Madrid, en los alrededores de la diosa Cibeles.
Eduardo Galeano

Guernica

eduardo galeano32París, primavera de 1937: Pablo Picasso despierta y lee. Lee el diario mientras desayuna, en su taller. El café se le enfría en la taza.
La aviación alemana ha arrasado la ciudad de Guernica. Durante tres horas, los aviones nazis han perseguido y ametrallado al gentío que huía de la ciudad en llamas.
El general Franco asegura que Guernica ha sido incendiada por dinamiteros asturianos y pirómanos vascos enrolados en las filas comunistas.
Dos años después, en Madrid, Wolfram von Richthofen, comandante de las tropas alemanas en España, acompaña a Franco en el palco de la victoria: matando españoles, Hitler ha ensayado su próxima guerra mundial.
Muchos años después, en Nueva York, Colin Powell pronuncia un discurso, en las Naciones Unidas, anunciando la inminente aniquilación de Irak.
Mientras él habla, el fondo de la sala no se ve, Guernica no se ve. La reproducción del cuadro de Picasso, que decora la pared, ha sido completamente cubierta por un enorme paño azul.
Las autoridades de las Naciones Unidas han decidido que ése no es el acompañamiento más adecuado para la proclamación de una nueva carnicería.

Eduardo Galeano

Padre nuestro que estás en el cielo

Jose Leandro UrbinaMientras el sargento interrogaba a su madre y su hermana, el capitán se llevó al niño, de una mano, a la otra pieza…
– ¿Dónde está tu padre? – preguntó
– Está en el cielo – susurró él.
– ¿Cómo? ¿Ha muerto? – preguntó asombrado el capitán.
– No – dijo el niño -. Todas las noches baja del cielo a comer con nosotros. El capitán alzó la vista y descubrió la puertecilla que daba al entretecho.
José Leandro Urbina

A ti.

NIT_0687bnspiro_redimensionarEnvuelto en la locura, no distingo si soy feliz por tenerte a mi alcance, o por comprobar que este amor duele más que unos ojos que no miran de frente, más que unos puños apretados hasta enterrarme las uñas, más que morder mis labios hasta comerlos. Ritual de sangre que celebro, porque de no hacerlo, tu ojos mirarían el amor de mis ojos, tendría mis manos libres para abrazarte, mi boca limpia para besar tu boca, y… siendo así… ¿Dónde quedaría el dolor que me hace escribir?.

César David García Espriella

Revelación

raul brascaSe detuvo abruptamente en mis ojos y no pude negárselos. Resbaló por mi cara mientras yo tragaba saliva y la nuez de Adán subía y bajaba despacio, recorrió mis labios, bajó rozándome tibiamente el cuello. El rubor ya había delatado mi derrota cuando me envolvió apreciativamente. Entonces aflojó la tensión, se volvió casual, y se apartó de mí con displicencia para enfocar de nuevo a su locuaz interlocutor que permanecía ajeno a todo. Fue una breve mirada, apenas unos segundos en los que conocí la pasión y perdí la inocencia.

Raúl Brasca

Inicio

Luisa-ValenzuelaEn el silencio absoluto tronó la voz estremecedora: ¡Hágase la luz!
Las partículas de oscuridad, flotando en el infinito espacio, percibieron una vibración y se miraron entre sí, azoradas. Aún no existía la palabra luz, ni la palabra hágase, ni siquiera el concepto palabra. Y la noche perduró inconmovida.
¡HÁGASE LA LUZ! volvió a ordenar la voz, ya más perentoria.
Sin resultado alguno.
Entonces, en la opacidad reinante, Aquél de las palabras recién estrenadas hubo de concentrar su esencia hasta producir algo como un protuberante punto condensado que al ser oprimido hizo clic. Y cundió la claridad como un destello. Y se pudo oír la queja de ese Alguien:
-¡Ufa! ¡Tengo que hacerlo todo Yo!

Luisa Valenzuela

Ascenso

Juancito romagnoliPor las mañanas, al levantarse, se siente un desecho humano. Se sabe impotente, desvalido, está deprimido y no encuentra fuerzas. Apenas junta algo de coraje, se dirige al baño y se higieniza. Su aspecto es ahora algo más decoroso, pero sabe que no engaña a nadie. Sin embargo, siente que comienza a remontarse a sí mismo no bien se pone y abrocha la camisa. Con el pantalón gana en hombría, con los gemelos en los puños obtiene ese aire ejecutivo, y el broche de oro, aquel detalle que lo iguala con un héroe mitológico, es el pulcro nudo de la corbata. Una última mirada frente al espejo, y un guiño. Cuando sale, luciendo el virtuoso traje, ya ha recuperado la dignidad que le es propia.
Juan Romagnoli