Cuando llueve ceniza, papá se comporta de un modo extraño. Sonríe como los bobos y se sobresalta por nada. Sale a la terraza, comprueba si ha parado. A menudo recoge un pellizquito de polvo gris, lo olisquea entre los dedos, inspirando profundamente, y lo esconde en el bolsillo del chaquetón.
A mamá, en cambio, le encanta la lluvia de pétalos. Cuando era pequeño cualquier ocasión era buena para cubrir las aceras. Si tenía un nuevo amigo, si me comía toda la fruta, nos asomábamos juntos por mi ventana y dejábamos caer aquella tormenta suave de colores. Ahora sólo baja los sábados de mayo a llorar a las novias desde el primer banco del parque. “Te llueven los ojos” le digo, y ella sonríe un poco.
Algo tendrá la lluvia. Mi favorita es la que moja, la lluvia de invierno que barre las calles, la que azota, la que me limpia la cara mientras miro hacia arriba con la boca abierta, la que revive las flores, la que consigue apagar esos fuegos que enciende papá.
Autor: carlos
1.403 – Locura Familiar
Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto. Parece fortuito pero sabemos que después se pasará un buen rato cantando. Seguimos a lo nuestro. Papá pega una nueva pieza en su maqueta absurda. Cándida enjuaga cansancio y platos en el fregadero. Mi hermana perfecciona su maledicencia con la vecina. Yo escribo. De pronto se deja oír un trino largo, un gorjeo maravilloso, quiebros imposibles, floreos, cascabeles, y, como todas las mañanas, vemos salir a mamá volando por la ventana. Volverá al atardecer para dormir en el perchero del dormitorio. Yo quería internarla pero papá fue categórico.
—¿Acaso no quieres ser tú poeta? Déjala a ella que sea pájaro.
Mar Horno García
Relatos en cadena. Cadena SER. Ganador del mes. Noviembre de 2012
1.402 – Balones fuera
No, claro que no queremos que siga triste hijo; pero esa no es la solución. A ti no te gustaría que otro niño se adueñara del tuyo, ¿verdad?, pues venga, ponte el abrigo y la bufanda y llévatelo al parque, al banco donde lo encontraste. Al abuelo, ahora que se ha muerto la abuela, le hace falta saber que no está solo, que le queremos, no que le traigas otros abuelos para que se divierta.
Paloma Hidalgo Díez
http://unlibroesunjardndebolsillo.blogspot.com.es/
1.401 – Recuerdos de juventud
Con esa exactitud tan característica de la ciencia, así amanecía en mi pueblo. El sol dibujaba una circunferencia perfecta de tonalidades púrpuras. Hasta que, un lunes, el cielo clareó de un color inédito, un verde esmeralda que pronto fue jade. Después un melón gigante emergió detrás del horizonte. Desde la plaza observábamos las bandadas de pájaros picotear el nuevo astro rey. Luego llegó la oscuridad. Había cierta preocupación pero al día siguiente el alba despuntó de color salmón –coral, decían los más atrevidos-. Los vecinos hacían apuestas. Entonces apareció la zanahoria tiñéndolo todo de naranja. Recuerdo ese día porque, con tanto alboroto, llegamos tarde a la escuela.
Xavier Blanco
http://xavierblanco.blogspot.com.es/
1.400 – Fumata blanca
Solamente quedan dos supervivientes en el oratorio. Ahora, sobre una pasarela colgante, deben enfrentarse en un duelo final. Varios metros más abajo una enorme balsa de aceite hirviendo espera al perdedor. Tras injuriarse en latín, el entrechocar de sus báculos retumba en las concavidades de la bóveda, dando inicio a una coreografía de casullas y estolas que prosigue toda la tarde. Ésta termina cuando, por voluntad divina, la mitra de uno de los contendientes, previamente acomodada a conciencia, se escurre de su cabeza desestabilizándole. Su oponente aprovecha y con un golpe certero le precipita al vacío. De entre los alaridos provocados por el ardor que desfigura su piel, surge una humareda lechosa de olor nauseabundo que asciende hasta la chimenea. Fuera una multitud aplaude.
Juan Naranjo
http://acusmartvald.blogspot.com.es/2011/05/pasen-y-vean-juan-naranjo.html
1.399 – Jean-Louis… ¿Cifec?
El asesinato de Jean-Louis Cifec seguía siendo un gran enigma sin resolver. Un caso insólito, con un sinfín de interrogantes y dudas. La principal: ¿Quién lo mató? Pues no existía uno, ni dos, sino cientos de autores confesos; cada uno con su propia versión, su arma homicida, su modus operandi. No obstante, el cuerpo seguía sin aparecer y, tras un plazo prudencial, el juez archivó el caso. Pero para un detective como yo éste podría suponer, al fin, la gloria. Así que me afané en hallar el cadáver, esclarecer el crimen y señalar al verdadero culpable. Huelga decir que me equivoqué. Pues no sólo encontré a uno, a dos, sino a cientos de Jean-Louis Cifec´s. Todos ocultos en distintos lugares de la ciudad. El último ayer, en mi nevera.
Agustín Martínez Valderrama
http://acusmartvald.blogspot.com.es/
1.398 – El plan
Teníamos un buen plan. La pecera en el suelo incitaría a nuestro gato a tratar de capturar los dos peces de colores que trajeron los Reyes. Se volcaría: papá siempre corriendo, su pie sobre el agua y un precioso mortal, gritos y esas cosas. Tendría que romperse las piernas, o por lo menos una, ya acordamos que un brazo no iba a valer para nada. Con la pierna rota ya no podría marcharse, mamá le haría compota de manzana y se darían besos, seguro.
Estuvimos sentados junto a la pecera durante horas, estudiando el ángulo, frenando al gato. Con el tiempo mamá tiró los cadáveres de los peces por el retrete, llenó la bola con piedrecitas y al final la subió al desván. Mi hermano y yo todavía miramos hacia la puerta muchas, muchas veces.
Rocío Romero
http://rromeropeinado.blogspot.com.es/2012/10/el-plan.html
1.397 – Crímenes ejemplares
1.396 – Instrucciones para llorar
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

