Longevidad

raul brascaNo son las parcas quienes cortan el hilo ni es la enfermedad ni la bala lo que mata. Morimos cuando, por puro azar, cumplimos el acto preciso que nos marcó la vida al nacer: derramamos tres lágrimas de nuestro ojo izquierdo mientras del derecho brotan cinco, todo en exactamente cuarenta segundos; o tomamos con el peine justo cien cabellos; o vemos brillar la hoja de acero dos segundos antes de que se hunda en nuestra carne. Pocos son los signados con posibilidades muy remotas. Matusalén murió después de parpadear ocho veces en perfecta sincronía con tres de sus nietos.

Raúl Brasca

La actriz

Guillermo Bustamante ZamudioCaperucita estaba aburrida: cada vez que un lector toma el libro y lee, termina primero baboseada y después tragada por el lobo, saliendo finalmente a través de una chapucera autopsia de cazador. Para acabar con este ciclo infernal, convenció a una amiguita de hacer sus veces y presentarse en la escena de marras con la canastilla munida de manjares. La abuela estaba muy viejita y no notaría la diferencia; le prometió cierto favor como recompensa, una vez la sencilla misión fuese cumplida.
Quiso verificar personalmente el desarrollo de los acontecimientos. En su momento, oyó los infantiles gritos que en el libreto marcaban, primero, la infructuosa negativa de la niña a dejarse comer por el lobo y, luego, su disposición en bocados convenientes a las costumbres de mesa de estos carnívoros.
Sólo entonces, contenta, Caperucita cogió su propio rumbo, con la deriva que suele caracterizar a un actor desempleado.
Guillermo Bustamante Zamudio

Campo minado

campo minadoCiertamente había un letrero: «Campo minado”, pero igual hubiera podido decir: «Se vende lote” o «Cultivo de tomates”. Total, sólo el alcalde y el cura saben leer en el pueblo; los demás adivinan por obvias, la tienda, la iglesia, la prendería, la inspección de policía…
Que es todo lo que necesitan conocer. O necesitaban… porque después de lo ocurrido saben que los caminos transitables tienen ahora un dueño intransigente y explosivo.

Jorge Julio Echeverry