1.307 – Llegó…

 Llegó un momento en que hubo que decidir cuál de los dos moriría para alimentar al otro. Ella se ofreció, y él aceptó. Ella le pidió un beso, y él cerró los ojos. Sin inmutarse, ella le clavó un puñal, maravillándose, mientras lo comía, de su inmensa estupidez.

Espido Freire
Cuentos malvados. Ed . Páginas de espuma, 2010

1.293 – Aviso

 Me voy a fumar todo el tabaco que encuentre en el estanco. Me beberé toda la ginebra que me escondan.
Insomnes serán todos mis sueños. No volveré a probar bocado alguno.
Me alejaré del agua, del mar y de tus versos. Luego, si me queda tiempo, me olvidaré de ti.

Alejandra Díaz-Ortiz
Pizca de Sal.Trama Editorial 2012

1.272 – La civilización del consumo

 A veces, al fin de la temporada, cuando los turistas se iban de Calella, se escuchaban aullidos desde el monte. Eran los clamores de los perros atados a los árboles.
Los turistas usaban a los perros, para alivio de la soledad, mientras duraban las vacaciones; y después, a la hora de partir, los ataban monte adentro, para que no los siguieran.

Eduardo Galeano
El libro de los abrazos. Siglo XXI -1989

1.258 – Un milagro

 Le habían asegurado que la Sagrada Imagen retornaría el movimiento al brazo paralizado y la señora tenía mucha fe. ¡Lo que consigue la fe! La señora entró temblando en la misteriosa cueva y fue tan intensa su emoción que enmudeció para siempre. Del brazo no curó porque era incurable.

Llorenç Villalonga

1.244 – La brevedad

 Con frecuencia escucho elogiar la brevedad y, provisionalmente, yo mismo me siento feliz cuando oigo repetir que lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Sin embargo, en la sátira 1, I, Horacio se pregunta, o hace como que le pregunta a Mecenas, por qué nadie está contento con su condición, y el mercader envidia al soldado y el soldado al mercader. Recuerdan, ¿verdad?
Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos, largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto.
A ese punto que en este instante me ha sido impuesto por algo más fuerte que yo, que respeto y que odio.

Augusto Monterroso