Las cárceles mas baratas del mundo

eduardo galeano34Franco firmaba las sentencias de muerte, cada mañana, mientras desayunaba.
Los que no fueron fusilados, fueron encerrados. Los fusilados cavaban sus propias fosas y los presos construían sus propias cárceles.
Costo de mano de obra, no hubo. Los presos republicanos, que alzaron la célebre prisión de Carabanchel, en Madrid, y muchas más por toda España, trabajaban, nunca menos de doce horas al día, a cambio de un puñado de monedas, casi todas invisibles. Además, recibían otras retribuciones: la satisfacción de contribuir a su propia regeneración política y la reducción de la pena de vivir, porque la tuberculosis se los llevaba más temprano.
Durante años y años, miles y miles de delincuentes, culpables de oponer resistencia al golpe militar, no sólo construyeron cárceles. Fueron también obligados a reconstruir pueblos derruidos y a hacer embalses, canales de riego, puertos, aeropuertos, estadios, parques, puentes, carreteras; y tendieron nuevas vías de tren y dejaron los pulmones en las minas de carbón, mercurio, amianto y estaño.
Y empujados a bayonetazos erigieron el monumental Valle de los Caídos, en homenaje a sus verdugos.
Eduardo Galeano

Última voluntad

eduardo galeano35La Coruña, verano de 1936: Bebel García muere fusilado.
Bebel es zurdo para jugar y para pensar.
En el estadio, se pone la camiseta del Depor. A la salida del estadio, se pone la camiseta de la Juventud Socialista.
Once días después del cuartelazo de Franco, cuando acaba de cumplir veintidós años, enfrenta el pelotón de fusilamiento:
-Un momento -manda.
Y los soldados, gallegos como él, futboleros como él, obedecen.
Entonces Bebel se desabrocha la bragueta, lentamente, botón tras botón, y de cara al pelotón echa una larga meada. Después, se abrocha la bragueta:
-Ahora sí.
Eduardo Galeano

Matilde

eduardo galeano2Cárcel de Palma de Mallorca, otoño de 1942: la oveja descarriada.
Está todo listo. En formación militar, las presas aguardan. Llegan el obispo y el gobernador civil. Hoy Matilde Landa, roja y jefa de rojos, atea convicta y confesa, será convertida a la fe católica y recibirá el santo sacramento del bautismo. La arrepentida se incorporará al rebaño del Señor y Satanás perderá a una de las suyas.
Se hace tarde.
Matilde no aparece.
Está en la azotea, nadie la ve.
Desde allá arriba se arroja.
El cuerpo estalla, como una bomba, contra el patio de la prisión. Nadie se mueve.
Se cumple la ceremonia prevista.
El obispo hace la señal de la Cruz, lee una página de los evangelios, exhorta a Matilde a renunciar al Mal, recita el Credo y toca su frente con agua consagrada.

Eduardo Galeano

El Diablo es rojo.

Eduardo GaleanoMelilla, verano de 1936: estalla el golpe de estado contra la república española.
El trasfondo ideológico será explicado, tiempo después, por el ministro de Información, Gabriel Arias Salgado:
-El Diablo vive en un pozo de petróleo, en Bakú, y desde allí da instrucciones a los comunistas.
El incienso contra el azufre, el Bien contra el Mal, los cruzados de la Cristiandad contra los nietos de Caín. Hay que acabar con los rojos, antes de que los rojos acaben con España: los presos se dan la gran vida, los maestros desalojan a los curas de las escuelas, las mujeres votan como si fueran varones, el divorcio profana el sagrado matrimonio, la reforma agraria amenaza el señorío de la Iglesia sobre las tierras…
El golpe nace matando, y desde el principio es muy expresivo.
Generalísimo Francisco Franco:
-Salvaré a España del marxismo al precio que sea.
-¿Y si eso significa fusilar a media España?
-Cueste lo que cueste.
General José Millán-Astray:
-¡Viva la muerte!
General Emilio Mola:
-Cualquiera que sea, abierta o secretamente, defensor del Frente Popular, debe ser fusilado.
General Gonzalo Queipo de Llano:
-¡Id preparando sepulturas!
Guerra Civil es el nombre del baño de sangre que el golpe de estado desata. El lenguaje pone, así, el signo de la igualdad entre la democracia que se defiende y el cuartelazo que la ataca, entre los milicianos y los militares, entre el gobierno elegido por el voto popular y el caudillo elegido por la gracia de Dios.
Eduardo Galeano

Rosario

eduardo galeano1Villarejo de Salvanés, verano de 1936: Rosario Sánchez Mora marcha al frente.
Ella está en clase de Corte y Confección cuando unos milicianos vienen a buscar voluntarias. Arroja al suelo las costurerías y de un salto trepa al camión, con sus diecisiete años recién cumplidos, su falda de volados recién estrenada y un mosquetón de siete kilos que carga, como un bebé, entre los brazos.
En el frente, se hace dinamitera. Y en alguna batalla, cuando enciende la mecha de una bomba casera, un envase de leche condensada relleno de clavos, la bomba estalla antes de ser arrojada. Ella pierde la mano pero no la vida, gracias a que un compañero le ata un torniquete con las cintas de sus alpargatas.
Después, Rosario quiere seguir en las trincheras, pero no la dejan. Las milicias republicanas necesitan convertirse en ejército, y en el ejército las mujeres no tienen lugar. Tras mucho discutir consigue que al menos la dejen repartir cartas, con grado de sargenta, en las trincheras.
Al fin de la guerra, sus vecinos del pueblo le hacen el favor de denunciarla a las autoridades, que la condenan a muerte. Antes de cada amanecer, espera el fusilamiento. Pasa el tiempo.
No la fusilan.
Años después, cuando sale de la cárcel, vende cigarrillos de contrabando en Madrid, en los alrededores de la diosa Cibeles.
Eduardo Galeano

Guernica

eduardo galeano32París, primavera de 1937: Pablo Picasso despierta y lee. Lee el diario mientras desayuna, en su taller. El café se le enfría en la taza.
La aviación alemana ha arrasado la ciudad de Guernica. Durante tres horas, los aviones nazis han perseguido y ametrallado al gentío que huía de la ciudad en llamas.
El general Franco asegura que Guernica ha sido incendiada por dinamiteros asturianos y pirómanos vascos enrolados en las filas comunistas.
Dos años después, en Madrid, Wolfram von Richthofen, comandante de las tropas alemanas en España, acompaña a Franco en el palco de la victoria: matando españoles, Hitler ha ensayado su próxima guerra mundial.
Muchos años después, en Nueva York, Colin Powell pronuncia un discurso, en las Naciones Unidas, anunciando la inminente aniquilación de Irak.
Mientras él habla, el fondo de la sala no se ve, Guernica no se ve. La reproducción del cuadro de Picasso, que decora la pared, ha sido completamente cubierta por un enorme paño azul.
Las autoridades de las Naciones Unidas han decidido que ése no es el acompañamiento más adecuado para la proclamación de una nueva carnicería.

Eduardo Galeano

Padre nuestro que estás en el cielo

Jose Leandro UrbinaMientras el sargento interrogaba a su madre y su hermana, el capitán se llevó al niño, de una mano, a la otra pieza…
– ¿Dónde está tu padre? – preguntó
– Está en el cielo – susurró él.
– ¿Cómo? ¿Ha muerto? – preguntó asombrado el capitán.
– No – dijo el niño -. Todas las noches baja del cielo a comer con nosotros. El capitán alzó la vista y descubrió la puertecilla que daba al entretecho.
José Leandro Urbina

A ti.

NIT_0687bnspiro_redimensionarEnvuelto en la locura, no distingo si soy feliz por tenerte a mi alcance, o por comprobar que este amor duele más que unos ojos que no miran de frente, más que unos puños apretados hasta enterrarme las uñas, más que morder mis labios hasta comerlos. Ritual de sangre que celebro, porque de no hacerlo, tu ojos mirarían el amor de mis ojos, tendría mis manos libres para abrazarte, mi boca limpia para besar tu boca, y… siendo así… ¿Dónde quedaría el dolor que me hace escribir?.

César David García Espriella