1.668 – Cacería

victor lorenzo cinca32 Subes un poco la persiana y la luz que entra por las rendijas va moteando la desnudez de tu piel. A los pies de la cama te transformas en guepardo. Oteas la llanura, paciente y tranquila, en busca de un ejemplar joven y vulnerable, y descubres junto a la almohada el ovillo de mi cuerpo. No hay escapatoria. De nada va a servir correr en esta sábana tan extensa. Relampagueas hasta mi cuello y me abates de un mordisco. Puedo ver esas lágrimas de tizne que se deslizan desde tu ojos. Hay quien dice que son para protegerte del sol, aunque yo creo que solo son ruinas de tu maquillaje. Arrastras mi cuerpo hasta un rincón de la cama para evitar que los carroñeros te arrebaten la presa. Resuellas, muerdes, succionas, arrancas, gimes. Aprietas, asfixias, despedazas, tragas. Terminado el festín huyes en busca de un lugar sombrío. La digestión será lenta y pesada. Para ambos.

Victor Lorenzo Cinca

http://www.realidadesparalelos.blogspot.com.es/2013/08/caceria.html

1.661 – Hábitat

angel olgoso 2 A las doce y veinte de un sábado soleado de octubre,contra un rincón de la cocina de su vivienda en un pueblecito cercano a la industriosa capital de la provincia, el hombre golpea a la mujer que castigará al hijo que dará una patada al perro que morderá al gato que perseguirá al ratón que abatirá a la cucaracha que atrapará al gusano que devorará al hombre.

Ángel Olgoso

La máquina de languidecer. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.647 – Imponderables

 PedroHerrero Nadie, en la escalera de vecinos de la calle Bermúdez 36, sabe que el inquilino del sobreático vive con una muñeca hinchable. Pero desde que la recibió en un paquete postal certificado, corre el rumor de que tiene una amiguita en casa. Lo aseguran quienes oyen voces inequívocas de pasión descontrolada a horas intempestivas, a pesar de que no hay constancia de que la joven en cuestión entre o salga del inmueble. Al inquilino del sobreático no le importan los rumores y cuando acude a las reuniones de la escalera corta en seco la lógica curiosidad de sus vecinos, que con mayor o menor discreción intentan husmear en su vida privada.
Todo controlado, pues, dentro de la relativa capacidad humana para vivir a salvo de imponderables. Porque el incendio reciente que ha sufrido el edificio, y que ha supuesto el desalojo temporal de todos los vecinos, está complicando un poco las cosas. Ante la policía, el inquilino del sobreático ha debido inventarse, primero una identidad, y luego un abandono que justifique la no comparecencia de su presunta pareja. Y los rumores de aquellos que se quedaron con ganas de conocerla apuntan ahora a la ausente como causante del desastre.
Todo descontrolado, pues, y amenazando la discreta resistencia humana para no venirse abajo por culpa de los imponderables.
Pero con un poco de paciencia las aguas volverán lentamente a su cauce. Cuando el solitario inquilino reciba la nueva muñeca que acaba de encargar, tendrá más cuidado de no exteriorizar alegremente sus emociones. Y por la orden de búsqueda y captura contra su antigua acompañante, decretada por la policía, no parece que valga la pena preocuparse demasiado.

Pedro Herrero

Texto incluído en la antología «Historias de portería» de «La Esfera Cultural».
http://www.humormio.blogspot.com.es/2012/10/imponderables.html

1.640 – Metátesis

Juan Ramón Torregrosa Primero echó en falta una blusa beige, luego unas braguitas color rosa. Juraría que las había lavado y tendido. Otro día fue la falda azul que tanto odiaba, pero que tenía que ponerse por obligación en el trabajo. En su lugar se encontró unos pantalones vaqueros que no eran suyos, pero sí de su talla. Se los probó. Le sentaban bien. En la siguiente colada aparecieron unos calzoncillos, una camiseta interior de tirantes y un jersey. Ahora lo que le faltaba era el sujetador y unas medias. Vivía sola y apenas se relacionaba con los vecinos. Hasta que un día, justo al ir a introducir la llave en la cerradura del portal, creyó ver entrando en el ascensor a alguien que vestía una blusa beige y una falda azul. Era ella, su mismo corte de pelo, su estatura, su andar desgarbado.
Instintivamente, giró la cabeza para contemplarse en el espejo de la entrada. Un muchacho vestido con unos vaqueros ajados y un jersey de cuello alto, entre sorprendido y cómplice, le miraba desde lo hondo del espejo con sus mismos ojos.

Juan Ramón Torregrosa

http://nalocos.blogspot.com.es/2013/07/juan-ramon-torregrosa.html

1.633 – El pantano

 alonso-Ibarrola32  No había otra elección. El pueblo quedaría próximamente sumergido por las aguas del nuevo pantano y tenían que irse… Les habían construido otro pueblo nuevo a veinte kilómetros de distancia. Un anciano del lugar se mostró disconforme y reacio. No atendió a razones y ni corto ni perezoso se subió con provisiones a la torre del campanario. Moriría ahogado. El alguacil por poco murió descalabrado cuando intentó subir para detenerlo. Pensaron que lo mejor sería dejarlo. Al verse solo bajaría por propia iniciativa. No bajó. Y quienes volvieron a por él arrostraron grandes peligros, pues arrojaba grandes pedruscos sobre sus cabezas. Le dejaron por imposible… No se hizo el pantano por falta de presupuesto y cambio de planes. Volvieron todos sus habitantes de nuevo con sus enseres y bártulos a ocupar sus viviendas al cabo de tres meses de ausencia. Encontraron el cadáver del anciano en un pozo. Calcularon que llevaba dos meses allí abajo. Todo hacía suponer que quiso beber agua y se cayó al intentar llenar el cubo. Quien más, quien menos, pensó que había muerto como quería.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.619 – Cita a ciegas

Pedro Herrero_110921 La dama llegó a la cita antes de lo previsto. Se la veía inquieta, ausente, asustadiza. Pero allí estaba al fin, haciendo realidad un sueño tan audaz como disparatado. El caballero la abordó de inmediato con voz temblorosa, pero sacando fuerzas de los contactos previos por teléfono, cuando ambos intentaban sintonizar sus pretensiones y especulaban con el aspecto que tendría cada cual. Hubo un instante de tensa vacilación por parte de ella, un intento comprensible de volverse atrás y echarlo todo a rodar. Pero la voz de él, cada vez más sereno y confiado, logró tejer una nube llena de fantasía, que aprestó el deseo y las ganas de dejarse llevar a cualquier parte. Y los dos salieron a la calle y pararon un taxi.
Al cabo de media hora, la otra mujer, la que de verdad había quedado con aquel hombre, hizo su aparición en el lugar acordado.

Pedro Herrero

http://www.humormio.blogspot.com.es/2013/04/cita-ciegas.html

1.612 – Regreso al hogar

alonso-Ibarrola2 Le ocurrió el hecho un día, al anochecer, de regreso a casa, tras haber cumplido su jornada laboral. Se había olvidado las llaves al salir de casa por la mañana y tocó el timbre. Al cabo de un rato abrió su mujer la puerta. «¿Qué desea usted?». Pensó que estaba de broma. Pero firme en la puerta, no le dejaba entrar. La pregunta volvió a formularla varias veces. Todo resultó inútil. La puerta se cerró con estruendo y rapidez. Rogó, suplicó, chilló, protestó, gritó… Los vecinos se asomaron para ver lo que ocurría en la escalera. Fue entonces, al ver sus rostros desconocidos, cuando se percató de que se había equivocado de portal… Y, por supuesto, de mujer.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.605 – Sicario

victor lorenzo cinca Te acercas a cara descubierta porque ya no hay nada que esconder. Sin mediar palabra sacas la pistola y me apuntas al pecho, con un gesto así como muy peliculero. Yo me arrodillo, te suplico, lloro, tiemblo, aun sabiendo que no cambiarás de opinión. Cumples órdenes. Como último recurso te ofrezco dinero, drogas, mujeres, y tú sonríes mientras una a una vas negando todas mis ofertas con la cabeza. Sin más, vacías el cargador en mi cuerpo. A quemarropa. Un asesinato rápido, sin improvisaciones. ¿Lo has entendido? ¿Sí? Perfecto. Pues coge el dinero y la pistola de ahí encima y cuando quieras empezamos.

Víctor Lorenzo Cinca

http://revistamicrorrelatos.blogspot.com.es/2013/06/sicario.html