Ella tuvo que besar a muchos príncipes hasta que encontró a su sapo azul.
Etiqueta: Sábado
2.153 – El dinosaurio educado
2.146 – El crimen perfecto
2.139 – Inspirado…
2.132 – Nunca…
2.125 – Pinocho
Hoy no va al instituto, le molesta la anilla en la nariz. Sentado en el parque, mientras espera la llegada del Gato y de la Zorra para pillar algo que le lleve al País de los Bobalicones, oye a una anciana de cabellera azul murmurar que los chicos de hoy son todos unos burros y nunca llegarán a ser personas.
No quiere pensar en Geppeto, al que una empresa de tiburones se traga de sol a sol. Aún no es capaz de cruzar el mar de rabia o el mar de sueños para rescatarle.
Isabel Cienfuegos
http://nalocos.blogspot.com.es/2013/03/isabel-cienfuegos.html
2.122 – Reencarnación del sábado noche
La fiesta era tan loca, el ponche suministrado tan sublime y efectivo, que llegada cierta hora, nadie consiguió recordar si era ángel o demonio. No hubo forma de distinguir entre querubines ataviados con cuernos de plástico y rabos de fieltro, y súcubos envueltos en lino blanco con encantadoras alas de vulgar algodón. El caso es que, al ritmo de una desquiciante música ultramoderna, una legión de criaturas sobrenaturales danzó poseída la última canción del baile de máscaras, celebrado en algún punto intermedio entre el cielo y el infierno. Después de la monumental juerga, tras abundantes plegarias diabólicas y no pocas cópulas celestiales, todos partieron, ebrios e indecisos, sin tener muy claro a qué bando pertenecían ni hacia dónde dirigir sus pasos. No obstante, de una forma u otra casi todos encontraron un cálido vientre materno donde alojarse y nacer al día siguiente, sin saber muy bien quiénes eran, con una horrible resaca, pero con el propósito firme de empezar de cero.
Jes Lavado
http://estanochetecuento.com/reencarnacion-del-sabado-noche/
2.118 – Mis amigos…
2.111 – Virgen generala
2.104 – Presumida
No parece el entorno ideal para una sirena, pero a ella se la ve contenta; tirada en la alfombra con esa postura de horizonte parece pensar en las maravillas que le corresponden por su naturaleza, mientras intenta destacar entre el gentío inanimado para que la niña la prefiera a ella, aun a riesgo de que por preferir entienda arrancarle su colita de plástico escamado.





